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LOS DIRECTIVOS DICEN:
P. Andrés Torres R.
El Escenario Religioso y los Nuevos Desafíos
 
Martes 31 de Julio de 2012
A las puertas de la realización del Sínodo de los Obispos sobre “La Nueva Evangelización para la Transmisión de la Fe”...

el escenario religioso y eclesial en América Latina es muy variado y complejo. A partir de los aportes de las Conferencias Episcopales de nuestro Continente se pueden reconocer los siguientes datos sobre el escenario religioso en general, sobre las transformaciones eclesiales en particular y sobre los nuevos desafíos que hemos de reconocer para llevar adelante la misión de la Iglesia.

 

1. El escenario religioso en general: entre luces y sombras

Si bien predomina un indiferentismo religioso, hay una emergencia significativa -aunque ambigua- de lo religioso, lo sacro, lo misterioso, lo divino. Se ha despertado un interés por conocer a Dios y por buscar respuestas a las preguntas fundamentales.

Se percibe una tendencia al individualismo religioso y al desarrollo de la emotividad para satisfacción personal, una vivencia intimista, así como también un relativismo religioso. Por la corriente de la new age, especialmente en las ciudades, se desarrolla una religiosidad de comercio de bienes en la lógica del consumo, una religión a la carta, light, intrascendente y laica que conduce a una atrofia espiritual y vacío de sentido; se percibe también un sincretismo religioso, espiritualista y con influencia de movimientos esotéricos.

Un porcentaje de la gente se acerca a la experiencia religiosa a través de las redes sociales y los medios de comunicación, una experiencia sin compromiso por los demás; por otro lado, se multiplican las sectas con una interpretación fundamentalista de la revelación y se extienden nuevos movimientos religiosos con prácticas como camino terapéutico.

 

2.  Las transformaciones eclesiales: experiencia cristiana, ámbitos, agentes y acción pastoral


a. Experiencia cristiana en general

Si bien la experiencia cristiana se da en una permanente tensión entre quienes procuran un mayor compromiso y entre quienes lo evitan, entre quienes buscan crear Iglesia y entre quienes la ignoran, se puede reconocer una búsqueda de nuevas formas de espiritualidad y un deseo de superar la brecha entre fe cristiana y prácticas sociales, pues no basta ser creyentes, es necesario ser creíbles. Se incrementan las experiencias que procuran el encuentro personal y comunitario con Jesucristo.


b. Diócesis, Parroquia y otras comunidades

Se reconocen esfuerzos para impulsar la acción pastoral de las diócesis, muchas veces a través de los planes pastorales, aunque en ocasiones no se concluyen y se reducen a eventos puntuales. En muchos casos se reconoce un gran esfuerzo para hacer operativa la comunión y la participación desde la parroquia con esfuerzos de sectorización; sin embargo, la estructura parroquial actual es superada por la realidad y muchas veces se desdibuja, no hemos sido capaces de proponer alternativas a la parroquia tradicional; por otro lado, aunque incipiente, es continuo el crecimiento de las pequeñas comunidades eclesiales y es cada vez más sentida la necesidad de aprovechar sus experiencias.

 c. Agentes de pastoral: laicos y presbíteros

Cada vez se toma más conciencia del papel activo de los laicos en la Iglesia y se abren más espacios para su participación, especialmente de la mujer. Por otro lado, si bien es sentido un ambiente de cansancio, frustración y apatía en muchos agentes de pastoral, en varios lugares se puede reconocer mayor compromiso y esfuerzo para dinamizar el espíritu misionero de la Iglesia; en esta línea se extienden y consolidan los equipos de pastoral.

 d. Acción pastoral

La mayoría de las iglesias están en el esfuerzo de incorporarse al proceso de la Misión Continental y hacia la misión permanente. La Iglesia tiene más conciencia de la necesidad de leer la realidad social y cultural -los nuevos escenarios- para percibir e interpretar los signos de los tiempos y detectar los nuevos desafíos. No son pocos los espacios donde se pueden reconocer serios esfuerzos por una pastoral orgánica y comprometida en el ámbito social; sin embargo, aumenta la conciencia de que se debe provocar un cambio en la manera de evangelizar, se percibe cada vez con mayor claridad la necesidad de pasar de una Iglesia tradicionalista a una Iglesia renovada, superar el estancamiento y la pastoral aislada.

Si bien en varios casos se percibe una mayor corresponsabilidad entre los agentes, se siente cada vez más la necesidad de su formación y de la renovación de su compromiso. Se pueden reconocer serios esfuerzos para llevar el Evangelio más allá de los templos, hacerlo cercano a los lugares comunes de la gente y llegar a los más alejados. Los medios de Comunicación y el desarrollo tecnológico son reconocidos en sus posibilidades pero aún poco aprovechados. Se reconocen serios esfuerzos por iluminar la religiosidad popular. Existe empeño por acompañar a los más humildes, pobres y alejados; es cada vez menor el compromiso por la formación cristiana de los hijos desde el hogar.

 
3.  Los nuevos desafíos: conocimientos, habilidades y actitudes


Es necesario repensar los métodos de evangelización y renovar la respuesta pastoral. Es indispensable lograr más profundidad en la experiencia de fe; desafía la elaboración de procesos de formación, hay necesidad de verdaderos y sólidos itinerarios de discipulado. Se siente la necesidad de un mayor conocimiento de la Biblia y de que ésta anime la pastoral.

Las grandes transformaciones exigen una actitud de apertura, asumir los nuevos escenarios, para aprender y elaborar respuestas. Se requiere una Iglesia más misionera, abierta al mundo, cercana y acogedora.

Es necesario hacer llegar la espiritualidad a la vida cotidiana, procurar una espiritualidad que impulse el compromiso social; es urgente recuperar la mística y la rica tradición cristiana y procurar una experiencia religiosa vivida en familia o en comunidad.

Urge continuar anunciando el valor y la dignidad humana a partir del Evangelio; se precisa un trabajo profético y formar en la conciencia crítica. En este sentido es necesario intensificar el diálogo con las entidades gubernamentales y políticas.

Es necesario relanzar el rol pastoral de obispos y presbíteros y procurar su presencia en medio de sus comunidades, a la vez que urge despertar el impulso misionero y facilitar el intercambio de talento humano entre las iglesias.

Hay necesidad de orientar las formas de religiosidad popular, lograr una liturgia más viva y participativa, un uso más eficaz de los medios de comunicación y de la tecnología y atender a los jóvenes, a los adolescentes y a la familia, a los migrantes y a los alejados.

 

A manera de conclusión


Desde la visión y misión de nuestro Instituto Teológico Pastoral para América Latina asumimos las luces y las sombras de estos escenarios religiosos y eclesiales y nos empeñamos en brindar nuestro aporte para iluminar la mente y el corazón de los agentes de pastoral con la Palabra del Señor y con la reflexión teológica pastoral de la Iglesia.

 

 



 



 

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