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LOS DIRECTIVOS DICEN:
El presbítero entre los 6 y los 20 años de ministerio. Oportunidades y desafíos
 
Martes 13 de Agosto de 2013
En muchas diócesis, cuando se habla de formación permanente de los presbíteros, se piensa inmediatamente en los primeros cinco años; en algunos lugares...

...esta etapa del clero joven se suele extender, llegando en ocasiones a incluir hasta los diez primeros años. Sin embargo, si tomamos en serio que la persona vive en permanente proceso de desarrollo, resulta obvio que la formación permanente no se agota en esta primera etapa, tiene que procurarse también en las siguientes etapas de la vida y ministerio de los presbíteros.

Es de esperarse que entre los seis y los veinte años de ministerio el presbítero alcance a identificarse plena y serenamente con su vocación y misión, y que con mayor facilidad logre poner sus carismas al servicio de los demás; sin embargo, puesto que ya ha logrado un conocimiento suficiente de las luces y sombras de su presbiterio y de la acción pastoral de su diócesis, no faltan los casos en los que se refleja una tendencia a instalarse, a aburguesarse y a buscar privilegios; no es extraño encontrar en esta etapa a quienes se dejan llevar por complejos de superioridad y un afán desmedido por los bienes materiales.

En esta etapa es posible que el presbítero logre una mayor estabilidad emocional, una más desarrollada capacidad de comprender a los demás y de manejar adecuadamente las crisis personales; no obstante, no faltan los casos en los que al no resolver las crisis se da la búsqueda de compensaciones y en algunos casos se pueden reconocer adicciones y desviaciones afectivas y sexuales.

Durante estos años se esperaría un amor más realista a la Iglesia, aceptando serenamente las limitaciones humanas, pero manteniendo la ilusión; sin embargo, no es extraño reconocer un estancamiento intelectual y pastoral; no es raro encontrarse con presbíteros de esta etapa que han caído en la rutina, el conformismo y la mediocridad.

En esta etapa se posibilita la integración progresiva en el colegio de los presbíteros, el presbítero de esta etapa tiene más oportunidades para ser promotor de la comunión presbiteral; no obstante, es frecuente que se acentúe el individualismo y el aislamiento, que se desarrolle una poco sana competitividad y rivalidad y que sea más explícito el resentimiento y la lejanía de los “superiores”.

Aquí sólo se señalan, a grandes líneas, las oportunidades y los desafíos propios de esta etapa. El acompañamiento personal, grupal e institucional de los presbíteros podrá servirse de estos elementos, pero deberá asumir el desafío del misterio de cada persona, de la dinámica de cada grupo y del contexto de cada presbiterio. No hay que perder de vista que no son pocas las experiencias de acompañamiento que se han desarrollado en favor de los presbíteros jóvenes, pero son menos las propuestas para acompañar a los presbíteros en las siguientes etapas de su ministerio.

Será de gran importancia favorecer espacios para que los presbíteros de esta etapa compartan sus experiencias en el presbiterio y asuman liderazgos para impulsar al presbiterio hacia una proyección pastoral más comprometida; es un momento muy oportuno para que se sientan desafiados a superar una pastoral de mantenimiento, para lo cual será pertinente favorecer momentos serios de evaluación que les permitan sentirse desafiados a crecer.

En esta etapa conviene favorecer la consolidación de la amistad entre presbíteros e impulsar el acompañamiento espiritual personal. No sólo por razones del quehacer pastoral, sino sobre todo para consolidarse en su ser, conviene que en los procesos de acompañamiento presbiteral de esta etapa no se descuiden los momentos de encuentro con el presbiterio y que se favorezcan espacios para que los presbíteros de esta etapa asuman tareas en favor de la comunión presbiteral. Será de gran importancia que, particularmente con los presbíteros de esta etapa, las relaciones con los “superiores” esté fincada en el diálogo entre adultos para tratar desde ahí las diferencias, las iniciativas y, sobre todo, las dificultades.

P. Andrés Torres Ramírez

Rector ITEPAL

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