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LOS DIRECTIVOS DICEN:
Algunas Reflexiones con Ocasión de los Cincuenta Años del Concilio Vaticano II. La figura del Beato Juan XXIII.
 
Jueves 05 de Septiembre de 2013
Seguimos reflexionando sobre las implicaciones de lo que fue la realización del Concilio Vaticano II, a propósito de los cincuenta años del inicio del mismo.

En la pasada ocasión nos fijábamos en los antecedentes, esta vez quiero presentar la figura del Beato Juan XXIII, quien fue el que lo convocó, y cuya actuación dio cauce a la realización de este enorme acontecimiento eclesial.

Juan XXIII, Angelo Giuseppe Roncalli (1881-1963) nació en un pequeño pueblo de la zona norte de Bergamo, Italia, llamado Soto-il-Monte, en el seno de una devota familia campesina. Fue ordenado sacerdote a los 23 años y luego realizó estudios de especialización en Roma. Posteriormente fue secretario de su obispo, monseñor Radini- Tedeschi. Durante la Primera Guerra Mundial sirvió como enfermero. Más adelante es nombrado responsable de la Propaganda Fidei en Italia, lo que lo sensibiliza al tema de las misiones.

Años más tarde desempeñó el cargo de visitador apostólico en Bulgaria y luego como delegado apostólico en la misma Bulgaria desde 1931. Fue designado delegado apostólico en Turquía y Grecia desde 1935, cargo que desempeñó durante la mayor parte de la Segunda Guerra Mundial. La experiencia de vivir en países en los que el catolicismo es minoritario  y el descubrimiento de la multiplicidad de ritos católicos enriquece su personalidad y le aporta una amplia visión del mundo y de la Iglesia.

A fines de 1944 el papa Pío XII lo designa nuncio apostólico en Francia, donde permaneció hasta 1953. Durante este tiempo tiene que solucionar asuntos delicados, entre ellos puede mencionarse la normalización eclesiástica en Francia, desestabilizada por los años de la guerra. Sus enormes dotes de cortesía, sencillez, amabilidad y buen humor,  le ayudaron a resolver los problemas y conquistar el corazón de los franceses y de todo el Cuerpo Diplomático.

En enero de 1953 fue nombrado cardenal y patriarca de Venecia. En esta misión pastoral se notan rápidamente dos rasgos de su personalidad: una gran sencillez de vida y su obediencia a las directivas pontificias.

Para sorpresa de muchos fue elegido Papa con casi 77 años el 28 de octubre de 1958. Luego del largo pontificado de su predecesor, parecía que los cardenales habían optado por un “papa de transición”.

Ni los cardenales ni el resto de la Iglesia esperaban que el temperamento alegre, la calidez y la generosidad del papa Juan XXIII cautivaran los afectos del mundo. Al igual que Pío XI pensaba que el diálogo era la mejor forma para dar solución a un conflicto.

Enseguida empezó una nueva forma de ejercer el papado. Fue el primero desde 1870 que ejerció su ministerio de obispo de Roma visitando personalmente las parroquias de su diócesis. Al cabo de dos meses de haber sido elegido, dio ejemplo de obras de misericordia: por Navidad visitó los niños enfermos de los hospitales Espíritu Santo y Niño Jesús; al día siguiente fue a visitar los prisioneros de la cárcel Regina Coeli.

El 25 de enero de 1959 anunció su proyecto de convocar a un concilio. De esta manera, brindó a la Iglesia una oportunidad maravillosa para replantear la manera de situarse frente al mundo, y nos metió en la hermosa aventura de renovar el seguimiento de Jesús como Iglesia, en la búsqueda de una manera de anunciar el evangelio de manera más cercana a todos.

El 23 de mayo de 1963 se anunció públicamente la enfermedad del papa: cáncer de estómago que, según su secretario Loris F. Capovilla, le fue diagnosticado en septiembre de 1962. El papa no quiso someterse a una cirugía temiendo que el rumbo del Concilio se desviara de lo estipulado. Así, el mismo papa estaba firmando su sentencia de muerte. Al fin, después de sufrir esa grave enfermedad, el papa Juan XXIII murió en Roma el 3 de junio de 1963, hacia las dos y cincuenta. Finalizó sus días sin ver concluida su obra mayor, a la que él mismo consideró "la puesta al día de la Iglesia".

Juan XXIII fue beatificado por el también beato, Juan Pablo II el 3 de septiembre de 2000, junto con el papa Pío IX. Su fiesta litúrgica quedó fijada el 11 de octubre, día de la apertura del Concilio Vaticano II.

Su legado y el recuerdo de su personalidad perduran hasta el día de hoy.

 

P. Moisés Pérez

Vice-Rector ITEPAL

 





 

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