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TESTIMONIO Y REFLEXIÓN
Una Experiencia de Misión, Iluminada desde una Experiencia en el ITEPAL
 
Jueves 11 de Agosto de 2011
Los alumnos del ITEPAL comparten su experiencia: hola, mi nombre es Alejandrina, soy Misionera laica asociada a Misioneros de Guadalupe.

Uno de los espacios que brinda la Iglesia en México, es a través de los Misioneros de Guadalupe. Ellos son una sociedad de vida apostólica clerical de derecho pontificio, cuya finalidad es la evangelización de los no cristianos, poniendo especial empeño en la promoción y formación de agentes de evangelización (cfr. Const. 3 y 4). Este Instituto, después de una atenta escucha a la voz del Espíritu, acepta como Misioneros Asociados, a laicos que deseen temporalmente ponerse al servicio de la misión ad gentes.

Previamente a ser asociados y enviados a Misión, se recibe una formación integral que abarca valores humanos, espirituales y doctrinales. En donde se integran las siguientes dimensiones: espiritual, académico-pastoral, humana comunitaria y Psico – afectiva.

En el año 2003, por gracia de Dios, fui enviada por parte de la Iglesia de México a la Misión de Guatemala, a la Parroquia de San Pedro Zacapa, Diócesis de Zacapa, Guatemala, C.A. Esta misión tiene la particularidad de que no hay sacerdotes Misioneros de Guadalupe trabajando en ella. Las Misioneras Laicas trabajan directamente con la Diócesis.

Mi experiencia de evangelización en estas bellas tierras ha sido enriquecedora, en mi crecimiento personal y sobre todo en la fe. Porque más que evangelizar he sido evangelizada; más que evangelizar ha sido un acompañamiento recíproco en el crecimiento de la fe; más que evangelizar he sido testigo de la presencia de Dios en el estar y compartir de esta gente bellísima, que ve y experimenta la presencia de Dios en toda su vida de alegrías, logros, pobreza, tristezas y enfermedades.

El párroco nos pidió a las Misioneras Laicas Asociadas a Misioneros de Guadalupe (en ese entonces éramos 3) seguir atendiendo un sector de la parroquia con algunas comunidades de extrema pobreza, además de otras actividades en la cabecera parroquial.

Acordamos dar continuidad al trabajo realizado por las misioneras anteriores a nosotras y además diseñamos un plan de actividades después de haber visto la realidad de las diferentes comunidades. Asumimos el plan parroquial por lo que implementamos lo correspondiente al mismo.

La actividad principal que realizábamos era el visiteo a todas las casas para saludar, convivir,  “estar” e invitar a las personas a las actividades de catequesis con adultos, con niños, y celebración de la Palabra. En ciertos momentos, ya establecidos por la catequesis parroquial, se proporcionaba la catequesis para primera comunión, confirmación y pláticas prebautismales.

La falta de participación y respuesta por parte de los adultos y por parte de ciertas personas su indiferencia (principalmente de los hombres), nos interpeló: ¿qué estaba pasando?, ¿qué nos faltaba por hacer?, ¿qué no estábamos haciendo bien? Ya eran 3 años de acompañamiento por parte de las misioneras anteriores a nosotras, y año y medio por parte nuestra. Caímos en la cuenta de que dábamos por hecho que las personas conocían a Jesucristo (cristianización) y la realidad era que no, los adultos en su mayoría sólo estaban bautizados y por consecuente no estaban realmente iniciados y lo mismo pasaba con los hijos. Para dar respuesta a esta situación, (en nuestra ignorancia) optamos por realizar un itinerario de la vida de Jesús. El cual iniciamos con la anunciación y el nacimiento de Jesús, tomado del  Evangelio de San Lucas, para después continuar con el ministerio de Jesús, siguiendo el evangelio de San Marcos hasta terminar con la resurrección. No recuerdo cuentas catequesis establecimos en total. Realizamos este itinerario al ir a las comunidades un vez por semana, visitábamos casa por casa, se daba una catequesis del itinerario, que consistía en Invitar a los miembros de la familia que encontrábamos en la casa, a que leyéramos el texto bíblico con respecto al tema del itinerario, lo meditábamos y lo compartíamos. Así nos fuimos de casa en casa hasta terminar y volver a empezar con la catequesis siguiente.

Yo no terminé la implementación del itinerario, ya que por fuerzas mayores tuve que regresar a México, por lo que no tuve la oportunidad de evaluar los resultados (si los hubo) del itinerario.

A partir de mi estudio y experiencia en el ITEPAL, soy más consciente de mi experiencia en la misión de Guatemala, más sacramentalizadora que evangelizadora, y de los problemas que hoy como Iglesia enfrentamos: un alto número de bautizados no convertidos, un mundo plural de ofertas religiosas y una identidad cristiana debilitada. Tengo más claridad de que Aparecida nos cuestiona sobre la manera como estamos educando en la fe, como alimentamos la vida y que nos pide: afrontar con decisión, con valentía y creatividad, ya que en muchas partes la iniciación cristiana ha sido pobre o fragmentada. (N° 288). Esta realidad exige un cambio de orientación, de comprensión y realización de la evangelización. Hoy día necesitamos cristianos con fe personalizada, personas que hayan hecho una personal opción de fe cristiana, y esto supone destacar la primera etapa del proceso evangelizador, la «primera evangelización», que en una situación de «cristiandad» parecía no tener vigencia alguna. (Emilio Alberich en “Misión Joven”).

Sí el Señor me permitiera nuevamente en este ambiente de misión, ir a servirle en una comunidad de características similares a la experiencia anterior descrita, aplicaría la experiencia que el Diplomado de Pastoral Catequética que el ITEPAL me ha ofrecido, del cual he adquirido una gran riqueza de conocimientos y experiencias por parte del personal académico y de mis compañeras y compañeros sacerdotes, religiosas y laicos, en donde todo ha sido iluminador, y a su vez cuestionador y desafiante.

 

Toda esta experiencia me ha abierto el amplio panorama de la Iglesia Latinoamericana, con sus luces y sus sombras, que me permite palpar y ser sensible de la urgencia de una nueva evangelización que tenga su punto de apoyo  en la Iniciación Cristiana con los siguientes pasos:

 

Primera Etapa: Primer Anuncio

Objetivo:

Anunciar, con la fuerza del Espíritu Santo, el amor eterno del Padre que se ha manifestado en Jesucristo, para despertar el inicio de un camino de conversión personal a la vida nueva del Evangelio en la comunidad parroquial.

Momentos:

1) Tiempo de convocación

2) Retiro kerygmático

3) Tiempo de asimilación

4) Preparación para la etapa de la re-iniciación cristiana de adultos

 

Segunda etapa: Re-iniciación cristiana

Objetivo:

Continuar y profundizar el camino de conversión mediante la catequesis progresiva y completa, los signos litúrgicos y la vida comunitaria para madurar en la fe, dar testimonio de Cristo y trabajar por el Reino de Dios.

 

Tercera etapa: Purificación e iluminación (Cuaresma)

Objetivo:

Preparar a los fieles iniciados para la celebración intensa de las fiestas pascuales mediante el recogimiento espiritual y la instrucción catequética.

Momentos:

1) Retiro cuaresmal

2) Preparación para los escrutinios. Escrutinios (domingos 3, 4 y 5)

3) Renovación del Bautismo en la Vigilia Pascual

 

Cuarta etapa: “Mistagogia” (Pascua)

Objetivo:

Profundizar en la comprensión y en la acogida del Misterio Pascual mediante la meditación del Evangelio, la participación en la Eucaristía y el ejercicio de la caridad.

La mistagogia es, en primer término, una etapa catequética y sacramental a la vez, delimitada por la octava pascual y que puede extenderse hasta Pentecostés. En ella los fieles iniciados, renovados en su espíritu, asimilan más profundamente los misterios de la fe y los sacramentos en los que se nutre la Iglesia. Es un tiempo propicio para ahondar en el Misterio Pascual mediante las celebraciones dominicales del tiempo de la Pascua.

Momentos:

1) Meditaciones pascuales según el leccionario de la Pascua

2) Convivencia pascual al término de la Pascua

3) Conclusión de la iniciación cristiana

Alejandrina López Lara.

22 de Julio de 2011. Bogotá D.C. Colombia.

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