Inicio
Escuela Bíblica
Escuela Teológica
Escuela Social
TESTIMONIO Y REFLEXIÓN
Las Comunidades Juveniles en Misión: Análisis Catequético de una Experiencia Parroquial
 
Jueves 01 de Septiembre de 2011
El Padre Pablo Ardiles nos comparte: En el siguiente escrito presentaré una experiencia catequética, correspondiente a una parroquia de mi ciudad de origen (Córdoba, Argentina)

CJM: Comunidad Juvenil en Misión.

Una luz en el horizonte.

Contextualizaré el nacimiento de la experiencia.

Luego de un proceso de discernimiento comunitario, en la parroquia anteriormente señalada,  se promovió la creación de un espacio de contención y primer anuncio para niños en situación de riesgo. La mayoría de ellos provenientes de zonas urbano marginales de alta conflictividad social (con presencia de barras narcos y altos índices de violencia familiar).

  ¡Alentemos a los jóvenes a que con entusiasmo tomen la posta! - Fue la expresión unánime del consejo de pastoral. Un criterio a tener en cuenta con los futuros animadores: “No se puede dar lo que no se tiene”.

  Animado por el espíritu del acontecimiento eclesial de Aparecida, el párroco fiel al discernimiento realizado, se dispuso a convocar a un equipo de jóvenes para iniciar un proceso de reiniciación en la fe.

La consigna de convocatoria: “Te hemos elegido”.

Fue ciertamente significativo el impacto y la sorpresa de los jóvenes convocados: “¿Cómo puedo yo ser elegido?”. La respuesta del sacerdote apuntaba a ayudarles a descubrir que no habían sido convocados por sus dones personales sino porque ellos mismos eran un don para la comunidad. Había comenzado un camino discipular.

No se puede dar lo que no se tiene.

En la etapa fundante de la CJM se les propuso el que se conocieran, dialogaran y descubrieran entre ellos sus historias, sus valores. El desafío de esta primera parte: pasar de grupo a comunidad de fe, asentados sobre un proceso de encuentro humanizante.

 Fue entonces cuando se les ayudó para que pudieran descubrirse en la Palabra y desde la Palabra. Acompañados desde lo humano por el párroco, un seminarista y un equipo de laicos comenzó el camino.  

La experiencia base fue descubrir las miradas de Jesús en la Palabra.

Luego de ejercitarse en Lectio Divina comunitaria, hacían periódicamente “caminatas contemplativas” en donde se les pedía el mirar la realidad circundante a la manera de  Jesús. El resultado fue impactante: mirando a los demás aprendieron a mirarse a sí mismos con los ojos de Jesús.

 El compartir sencillo y fraterno los ayudó a descubrirse llamados, salvados y reunidos por Jesús. Nacía una comunidad cristiana.

Pronto surgió la necesidad de alimentarse, en sentido comunitario, de crecer, de formarse. La espiritualidad comunitaria, la Eucaristía como centro, comenzaba a configurarse en la CJM. Adoptaron códigos comunes, sentires comunes, miradas complementarias. También llegaron los conflictos, las tensiones, las búsquedas diferentes y algunas partidas. La crisis de realidad los ayudó a volver a los orígenes: el saberse elegidos, llamados. El mirar la realidad con los ojos de Jesús. Esta etapa marcó la bisagra del proceso: pasar del ser elegido al elegir ellos mismos el camino. 

Innatamente estaban confirmando su fe, se gestaba en su corazón joven los pilares de fuertes convicciones. Necesitaron celebrar, orar y compartir.

 ¡Se quieren!

 La mística de encuentro y alegría entre ellos suscitó la atención de no pocos jóvenes que se acercaban a preguntar: ¿Cómo puedo entrar? La consigna de admisión fue: tienes que hacer el camino que hizo la CJM. Les proponían ellos mismos, empezar por la experiencia fundante.

 Pronto surgió en ellos el deseo de compartir su experiencia de fe, su historia comunitaria, su pequeño Evangelio. Fue entonces que la CJM salió al encuentro de los niños en riesgo. La consigna: ustedes son los elegidos. La experiencia comenzaba de nuevo. El resultado fue el nacimiento de una nueva CJM. Luego de un año de fuerte apostolado, de paciencia y cariño, dado en nombre de Jesús, se produjo el primer fruto: uno de los niños con serios problemas de agresividad les expresó: “Sé que me aman”. El 1° anuncio se comenzaba a cristalizar en él. A un año del proceso el niño en cuestión ahora es animador de otros. Su convicción, compromiso y alegría apostólica ha sorprendido a no pocos.

Un análisis catequético de la experiencia.

 Dialogando con los muchachos que forman parte de la CJM ellos expresaron que el proceso vivido les ha cambiado la perspectiva de su estilo y manera de vivir su fe joven. El saberse elegidos, valorados y acompañados de cerca les ha significado a ellos un genuino 1° Anuncio. El contenido de éste se ha explicitado, más que en palabras, en actitudes y gestos concretos. El saberse parte de una comunidad, no como meros beneficiarios sino como protagonistas, ha significado para ellos algo decisivo junto con el respeto por sus tiempos procesos y opciones. “No nos han obligado, nos han acompañado en un camino” fue la expresión de uno de los integrantes.

 Pero sin lugar a dudas la piedra angular de la experiencia fue el saber que el centro de su camino es Jesús donde cotidianamente regresan para volver a empezar.

Aparecida, asumiendo la situación epocal de post-cristiandad y fiel al espíritu conciliar, propone la Iniciación Cristiana y el catecumenado como estilo de reiniciación en la vida de fe.

Son claves de éste proceso de “hacer resonar la Palabra y profundizar en la fe” la conciencia de las comunidades. No es posible un proceso catecumenal sin una comunidad con capacidad de acoger, acompañar y compartir caminos. Ese es una de los elementos claves que ha formado parte de la experiencia de las CJM: la presencia y cercanía concretas de la comunidad parroquial.

 Otro aspecto importante del estilo catecumenal es tener clara conciencia de la meta: personas maduras en la fe. Ello implica confiar y acompañar procesos de discernimiento personales y comunitarios, dar la posibilidad que el catecúmeno sea protagonista y no mero receptor de una propuesta. En definitiva se trata de renunciar a cualquier tipo de súper proteccionismo catequético que genere infantilismos. Ese ha sido otro aspecto decisivo del proceso de las CJM. Al menos ello deja traslucirse cuando los muchachos expresan aquello de que “No nos han obligado, nos han acompañado en un camino”.

Una espiritualidad de la propuesta y la respuesta.

Aparecida plantea como claves del proceso catecumenal (N°289) el saber que la pedagogía de Dios implicará siempre una propuesta del Señor que necesita de una respuesta del hombre.

El ser conscientes de ello implica conjurar algunos ídolos que no pocas veces se nos entretejen en nuestros estilos catequísticos: el ídolo simplista (que quiere con poco esfuerzo generar rápida “mano de obra pastoral”), el ídolo nostálgico (que hace todo tipo de esfuerzos para regresar a la cristiandad y pretender hacer vivir a los neo catecúmenos en esas claves) por sólo mencionar algunos.

Si no nos anima el buscar contribuir a la catequización del hombre de hoy, sino dejamos traslucir el deseo profundo de propiciar un encuentro compartido con “Jesús de Nazaret, Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad», que ha sufrido y ha muerto por nosotros y que ahora, resucitado, vive para siempre con nosotros. Ese (…) Jesús que es el Camino, la Verdad y la Vida”1, vanos serán nuestros esfuerzos y pobres nuestros caminos. 1  Catechesi Tradendae nº 5.

Creo que la clave de quienes iniciaron la experiencia de las CJM se centró en el saberse  catequistas protagonistas del espíritu suscitado por Aparecida capaces de asumir  el compromiso. Cristianos que desean ser parte de aquellos que afirman que “conocer a Jesús es el mejor regalo que puede recibir cualquier persona; haberlo encontrado nosotros es lo mejor que nos ha ocurrido en la vida, y darlo a conocer con nuestras palabras y obras es nuestro gozo”2 Doc. Aparecida Nº 29.

Bibliografía consultada:

MARTINEZ, H., Claves para la Gran Misión Continental impulsada por la V Conferencia del CELAM, Bs. As., Ed. Ágape, 2007.

FERNÁNDEZ, V. M., Aparecida, Guía para leer el Documento y crónica diaria, Bs. As., Ed. San Pablo, 2007.

 CELAM, Documento de Aparecida, 26 de julio de 2007 CEA.

 CONCILIO VATICANO II, Documentos completos, Bogotá, Ed. San Pablo, 92000. 

 CONGREGACIÓN PARA EL CLERO, Directorio Catequístico General, CEA, 62003.

 CEA, Navega mar adentro, CEA, 2003.

 JUAN PABLO II, Exhortación apostólica «Catechesi Tradendae», Paulinas, Bs. As., 1987.

 PABLO VI, Exhortación Apostólica «Evangelii Nuntiandi », Paulinas, Bs. As., 1987.

 GONZÁLEZ, M., “Tramas culturales y vida pastoral: la individuación (I)”, Vida Pastoral 245 (2004) 4-9.

 GONZÁLEZ, M., “Dinámicas creyentes y trasnformaciones culturales contemporáneas (I)”, Vida Pastoral 261 (2006) 4-10.

 LIBERTI, L. O., “Hoy las pantallas virtuales/digitales se adhieren a los sentidos como las lentes de contacto a los ojos”, Vida Pastoral 269 (2008) 12-17.

 LIBERTI, L. O., “¿Sería posible proclamar la Buena Nueva del reinado de Dios sin escuchar a las personas?, Vida Pastoral 270 (2008) 32-36.

 GINEL VUELVA SDB, A., Hacia un nuevo modelo de catequesis [en línea], http://www.isca.org.ar/nota.php [acceso 20 de diciembre, 2007].

 MARTÍNEZ, D., Opción por una catequesis iniciática [en línea],http://www.isca.org.ar/revista/catequetica-2007-11.doc  

 BENAVIDES, L. M., La transmisión de la fe en el tiempo actual [en línea],http://www.isca.org.ar/com036.htm [acceso 3 de enero, 2008].

 BENAVIDES, L. M., Hacia un nuevo paradigma de la iniciación cristiana hoy [en línea], http://www.isca.org.ar/com060.htm  [acceso 3 de febrero, 2008].

  

CEBITEPAL - Av. Boyacá No 169 D-75 Bogotá D.C. - Colombia
Teléfonos: (57-1) 5879 710 - (Ext. 302 - 303) Fax: (57-1) 5879 715
Email: cebitepalencontacto@celam.org