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TESTIMONIO Y REFLEXIÓN
Mi experiencia en el ITEPAL
 
Lunes 19 de Noviembre de 2012
Blanca Deyanira Díaz Acevedo, misionera laica asociada al Instituto de Misioneros de Guadalupe, mexicana, actualmente de misiones en Guatemala, comparte su experiencia en el ITEPAL

Quisiera compartir, qué ha significado para mí, estar cursando el diplomado en Misionología en el ITEPAL (Instituto Teológico Pastoral para América Latina).

Me siento muy contenta, bendecida y amada por nuestro Señor, que camina conmigo, que me atiende y responde en el momento oportuno, que me da este regalo de continuar con mi formación humana y espiritual.

Me fascina, en verdad me fascina, el ambiente; en primer lugar todos son muy amables y amigables, nos tratan como si fuéramos los últimos tesoros misioneros sobre la tierra ja,ja, Es en sí, reconocer y valorar la obra de Dios en cada vocación sacerdotal, religiosa o laical.

En el salón de clases los escritorios están colocados en forma circular, no hay cabeza, el centro es Cristo, el Cristo vivo que cada uno de nosotros lleva, el moderador o coordinador (el profesor) es únicamente eso, el moderador expone y se suscita el dialogo, esto es lo que más me "encanta" cada uno va haciendo sus aportes, expone su pensamiento, su visión e inquietudes, abiertamente; existe un clima de mucho respeto para escuchar y ser escuchado, ya que cada vivencia misionera es la marca del paso de un “Jesús Resucitado” que va construyendo las historia de salvación en un proceso personal y de su pueblo.

En el curso hay una diversidad de culturas y vocaciones: hay sacerdotes y hermanos religiosos con una experiencia de misión ad gentes, hay sacerdotes diocesanos y religiosas.

 “Si yo no sé de dónde vengo, no sé quién soy, por lo tanto no se hacia donde voy” (este siempre ha sido mi sentido y razón, para conocer y buscar).

En estos días hemos estudiado la Historia de la Misión en la Iglesia: la historia es maestra “es falta de fe negar las limitaciones que vamos encontrando en la tarea de la evangelización entre las luces y sombras de los cuales estamos conformados. El buen cristiano, el buen evangelizador, analiza sin prejuicio las actividades criticables y busca la manera de volverlas irrepetibles.

El verdadero cristiano ama siempre a su Iglesia y trabaja continuamente para hacer cada vez más visible el amor de Jesucristo derramado en Ella.

Por lo tanto, surge una nueva manera de hacer la misión, según las nuevas circunstancias históricas. La Iglesia es desafiada  por una manera nueva de vivir, nuevas mentalidades y diversas realidades que nos exigen nuevos caminos de evangelización; pero lo más importante, es transparentar ese cristo resucitado que cada uno de nosotros hemos conocido y experimentado en nuestras vidas.

Se hace teología en cada una de las vivencias diarias de nuestras vidas, de las comunidades donde nos desenvolvemos; se hace teología también en los salones de clases, porque es necesario y vital detenernos para seguir renovándonos en nuestro Espíritu Misionero.

Esta nuestra bellísima América Latina tiene mucho que dar y enseñar, tiene muchos signos de vida. El CELAM es signo de participación y comunión, para ayudar a la formación humana y cristiana.

Porque los que lo hemos visto y oído, no nos podemos quedar callados, por eso, “vengan y lo verán”

 

Con amor misionero

Bl@nk@ Dí@z

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