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TESTIMONIO Y REFLEXIÓN
Cuando Uno se Abre a lo Nuevo, eso se Llama Fe
 
Viernes 14 de Junio de 2013
La Hermana Graciela Castillo, Religiosa de la Congregación “Hijas de María Auxiliadora” – Perú. Licenciada en Ciencias Religiosas y Educación Inicial. nos comparte su artículo.
Sor Graciela Castillo Flores, fma[1]

INTRODUCCIÓN

La vida crece desde el pasado y está empastada de novedad, de retos y de oportunidades inéditas. Conectados a experiencias presentes es necesario estar abiertos a la novedad y al aprendizaje, porque todo ello enriquece nuestro crecimiento espiritual.
En este breve artículo se desarrollan algunas reflexiones para estar abiertos a lo nuevo, para encontrar en Él aquello que nos lleva a vivir una fe profunda, perfilada desde el profeta Isaías: “…Yo estoy por hacer algo nuevo…” (Is. 43, 19).
 
VIVIR LA FE
La fe es un acto personal, es la respuesta libre del hombre a la iniciativa de Dios que se revela (cf. CC 166), es un acto con el cual me entrego libremente a Dios que es Padre y me ama, es adhesión a un Tú que me da esperanza y confianza. La fe es garantía de lo que se espera, la prueba de lo que no se ve (cf. Heb. 11,1); la fe es creer en este amor de Dios que nunca falla, a pesar de la maldad de los hombres y de los signos de muerte, Él es capaz de transformar todas las formas de esclavitud y de brinda la posibilidad de la salvación.
Es nuestra tarea redescubrir la fe para ser testigos, porque la fe es una puerta que Dios abre para introducirnos en su vida íntima a través de la Iglesia (cf. Carta Apostólica Porta Fidei n.1). El secreto está en permanecer firmes en el camino de la fe, así Dios nos dará el valor para caminar permanentemente, a veces incluso a contra corriente.
 
ABRIRSE A LO NUEVO
 
“…Yo estoy por hacer algo nuevo: ya está germinando, ¿no se dan cuenta? Sí, pondré un camino en el desierto y ríos en la estepa…” (Is. 49, 19).
Dios se ha manifestado siempre fiel, fiel a sus promesas y fiel a los dones que nos da en abundancia. A veces el hombre quiere “algo” más y no se percata de que la novedad que Dios ofrece a nuestras vidas es definitiva, y esto no sólo para cuando estemos con Él en la eternidad, sino desde ahora, porque Él está haciendo todo nuevo (Cf. Homilía del Papa Francisco, 28/04/2013). Este obrar algo nuevo significa que podemos acogernos al misterio salvador de Cristo. Cristo es el que viene a hacer lo nuevo en el ser humano, tanto en cada persona como en sus estructuras y en la sociedad que conforma. Por ello es necesario que cada uno comience este camino de fe a partir del encuentro con el Señor. Este itinerario no siempre es fácil, ya que nuestra vida se llena de muchos pensamientos, cosas, sueños e intereses que nos ayudan a sobrevivir pero no a vivir.
Quien sigue a Jesús “ya no necesita” a Jesús, porque Jesús está en Él; si entramos dentro de nosotros mismos encontraremos lo maravilloso que hay en lo profundo de nuestro interior. Nuestra tarea es seguir a Jesús saboreando su presencia, cultivando una intimidad con Él por la lectura y la meditación de la Palabra y, en general, por la oración. Abrirse a lo nuevo es también cargar la cruz de Jesús, con la renuncia de sí mismo y con el empeño de vivir en fraternidad, dando a Dios el primer puesto en nuestra vida. Existencialmente hablando, es aprender de Jesús cada día. Si a medida que envejecemos vemos que nuestra vida no es como la de Él, entonces hemos pasado el tiempo en vano. ¿Cuánto amor a Dios hay en nosotros?
 
VIVIR EN ORACIÓN
Jesús tiene 30 años de intimidad con el Padre, pasa noches orando; su vida, articulada con la del Padre, desde la vida pública está kenotizada, está hecha humana. La vida pública de Jesús está marcada por Dios, el proyecto de vida de Jesús es que Dios Padre reine; Jesús es consciente de lo que dice y de lo que hace, vive convencido del amor del Padre, muere confiando en su Padre, esto es dejar la Dios actuar en el interior de la persona para que se realice el hombre nuevo. Jesús nos enseña la relación de amor con Dios, nos enseña a ser hijos amados del Padre pues vive con la certeza que el Padre lo ama y que ha vivido en dependencia absoluta de su Padre (cf. Pbro. Álvaro Cadavid Duque 2013).
En el silencio se revitaliza la vida de la Gracia en nuestro corazón, necesitamos el silencio para hacer oración y habitar en el interior de la Palabra. La oración es un don que pide, sin embargo, ser acogido; es obra de Dios, pero exige compromiso y continuidad de nuestra parte. Si sabemos guardar espacio en lo tanto que nos ocupa -como el internet, los estudios, el trabajo, el apostolado, etc.-para estar con Dios en el silencio, entonces podremos encontrarnos con Él y saborear el ser amados, porque Él es amor (cf. 1Jn. 4, 8).
A través de la oración Jesús vive en profundidad su filiación y su experiencia de la paternidad de Dios (cf. Lc 3, 22b). En la amistad profunda con Jesús y viviendo en Él y con Él la relación filial con el Padre, a través de nuestra oración fiel y constante, podemos abrir ventanas hacia el cielo de Dios (cf. Benedicto XVI Audiencia General 30 de noviembre de 2011).
 
CONLUSIÓN
Dios hace nuevas todas las cosas… y cuando uno se abre a lo nuevo, eso es fe. Dios
ha querido hacer todas las cosas nuevas en Cristo y es por su amor y por su medio que se renueva nuestro amor a Dios.
Encontrarnos con Dios cercano que nos da nueva esperanza y dejarnos penetrar por Él es lo máximo que podemos experimentar en nuestras vidas. Sólo a partir de esta experiencia podremos ejercitarnos en el cotidiano dialogar, escuchar, proyectar y narrar, sólo a partir de esta vivencia podremos apasionarnos como verbos que, con humildad y audacia, queremos conjugar en el hoy histórico que se nos da para vivir. Abramos la puerta a Dios, dejemos que Él nos guíe y que su acción continua nos haga hombres y mujeres nuevos, animados por su amor.
 
REFERENCIAS
Álvaro Cadavid Duque, Pbro. Cristología, 27 al 31 de Mayo 2013.
Benedicto XVI, Audiencia General, Sala Pablo VI, 30 de noviembre de 2011
Benedicto XVI, Carta Apostólica en Forma de Motu Proprio “Porta Fidei”.
Pbro. Dr. Carlos Silva, Palabras desde el desierto, Montevideo 2011, Pp. 65 – 70.
Francisco, Homilía V Domingo de Pascua, Plaza de san Pedro, 28 de abril, 2013

[1]
Religiosa de la Congregación “Hijas de María Auxiliadora” – Perú. Licenciada en Ciencias Religiosas y Educación Inicial. Computación e informática. Directora Académica Colegio María Auxiliadora de Huancayo – Perú.


 




 
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