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TESTIMONIO Y REFLEXIÓN
EL ACOMPAÑAMIENTO ESPIRITUAL EN LA PASTORAL JUVENIL
 
Miércoles 22 de Febrero de 2017
La Hermana Mayla Ibarra Pérez, Dominica de la Inmaculada Concepción de Ecuador nos comparte a continuación su artículo sobre Acompañamiento Espiritual en la Pastoral Juvenil.

“ …Sácate las sandalias porque vas a pisar terreno sagrado…”

Ex 3, 3-5     

 

El acompañamiento es un ministerio,  se debe tener presente, que acompañar es un arte y una técnica, es escuchar y caminar juntos, sin lesionar el ritmo de los pasos que el o la joven va marcando, respetar la libertad, las ideas y los sentimientos, orientar hacia el encuentro consigo mismo y con el  Dios de Jesucristo que lo llevará a crecer en la vida espiritual. Es decir, parecernos a Jesús en su sentir, pensar y actuar.

En el acompañamiento es importante, que el o la joven que desea ser acompañado/a solicite, busque o llame. Este aspecto es vital para que el resultado sea el indicado. Por tanto, antes de iniciar el proceso del acompañamiento se debe establecer un “contrato” o una alianza entre acompañante y acompañado (horario, lugar, confidencialidad de las dos partes…). Recibir al o la joven en un ambiente educativo. Considerar que el acompañamiento es para la persona que se siente llamado a ser acompañante y esté debidamente preparado, debe contar con un equipo de apoyo para remitir al especialista si algún caso lo requiera.

Las actitudes que debe tener el o la acompañante.

  • Presencia, acompañar, compartir y estar.
  • Escucha atenta con todos los sentidos, dejar que el o la joven se exprese, sin interrumpirlo en demasía, sin presionarlo ni apurarlo. Lo que requiere que la o el acompañante  tenga buena disponibilidad de tiempo.
  • Aceptación, el o la  acompañante debe tener una posición abierta y de interés respecto al mundo vital del o la joven. 
  • Respeto por encima de todo, el o la acompañante debe inspirar confianza y respeto en todos los sentidos, tomándose muy en serio su labor de ayuda.
  • Empatía, profundo sentimiento de comprensión y solidaridad del o la acompañante hacia la persona acompañada.
  • Autenticidad, el o la acompañante debe mostrarse a sí mismo tal cual es, con sus luces y sus sombras, con sus cualidades y sus defectos, con sus seguridades y sus dudas.
  • Coherencia, el o la  acompañante debe lograr adecuación y congruencia entre lo que piensa, lo que siente, lo que dice, lo que hace, llevando ello incluso al comportamiento no verbal, y creando así armonía y compatibilidad entre sus emociones, sus pensamientos, sus opiniones, y sus acciones.
  • No juzgamiento, el o la acompañante en lo personal no debe juzgar a la persona acompañada.

En el proceso del acompañamiento es importante que se realice una evaluación, esto es, estar atentos/as a las luces y sombras que se ha encontrado. Poner atención en el proceso, si se está dejando que Dios y la persona actúen; observar siempre el comportamiento del o la joven con el fin de percibir si está avanzando en el proceso de crecimiento de su vida espiritual. Es estar atentos en los buenos frutos y en las resistencias que se van generando durante el proceso de acompañamiento.

El o la acompañante durante y después del proceso de acompañamiento está obligado a mantener un alto nivel de confidencialidad de todo lo que ha escuchado, solo podrá informar si el acompañado/a lo permite. El acompañamiento es un Don de Dios.

Mayla Ibarra Pérez.

Dominica de la Inmaculada  Concepción - Ecuador

 

 

 

 

 

 


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