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Comunión para la solidaridad, una pastoral alimentada y generadora de esperanza
La realidad que se nos presenta está llena de luces y sombras y puede mirarse desde sus signos de desesperanza o puede contemplarse como el escenario donde se perciben nuevos rostros de Dios que interpela a los discípulos de Jesús y los convoca a buscar respuestas creativas y congruentes con las nuevas situaciones.
Quien cree en la Alianza se sabe llamado y enviado; quien vive la convicción de que el Espíritu del Señor va desplegando su fuerza y su sabiduría en la comunidad que discierne y se compromete, se alimenta de una firme esperanza y es capaz de generar esperanza.
En el actual contexto de la globalización, la Iglesia juega un papel relevante, pues, no obstante sus numerosos fallos, aún conserva una credibilidad que la hace digna de confianza. Por ello, en los inicios del nuevo milenio, queremos proclamar las palabras de Jesús: “no tengan miedo”. Queremos proponer a América Latina y El Caribe como un proyecto que se construye sobre la complementariedad y la colaboración; es una propuesta que tiene sus raíces más profundas en el Evangelio, que brota del encuentro con la persona de Jesucristo y que se traduce, mediante la experiencia de la conversión, en una vida de comunión para la solidaridad.
Confiando en la presencia del Señor resucitado diseñamos programas y proyectos con sus propios objetivos. Ojalá podamos desatar procesos pastorales que generen esperanza, de tal manera que como comunidad creyente seamos la casa y escuela de comunión para colaborar en la respuesta al desafío de humanizar la globalización y globalizar la solidaridad.
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