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03 de Junio, 2011

Mensaje Final Segundo Congreso de Diaconado Permanente

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Ofrecemos a nuestros lectores el Mensaje Final del Segundo Congreso de Diaconado Permanete realizado en Iatici Brasil del 24 al 29 de mayo del 2011

CONGRESO LATINOAMERCANO Y DEL CARIBE
DE DIACONADO PERMANENTE

24-29 de mayo, Itaici, Indaiatuba, SP, Brasil

MENSAJE FINAL

Nosotros, participantes del II Congreso Latinoamericano y del Caribe de Diaconado Permanente, Obispos, Presbíteros, Diáconos Permanentes, esposas de diáconos y laicos invitados, saludamos a todos los hermanos de nuestras comunidades, y queremos entregarles nuestro mensaje.

El diaconado, Don regalado a la Iglesia desde sus inicios, conforta, a quienes lo reciben, con la gracia sacramental, y de ese modo sirven al pueblo de Dios en el ministerio de la liturgia, de la Palabra y de la caridad (Hc 6,3-6;1 Tim 3,8-13;Filp 1,1; L.G.29; DA 205).

El Diaconado estuvo presente en toda la tradición de la Iglesia antigua, hasta quedar sólo en su dimensión transitoria camino al sacerdocio. Felizmente, ha sido el Concilio Vaticano II el que lo ha restaurado como ministerio permanente.

Luego de casi 50 años del Concilio Vaticano II, y aún en los ecos de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe celebrada hace 4 años en Aparecida, nos hemos reunido bajo el lema, “Los diáconos, apóstoles para las nuevas fronteras” (DA 208).

Nos ha congregado el propósito de reflexionar sobre los nuevos desafíos que supone este ministerio, escuchando las indicaciones que el Espíritu Santo ha hecho en Aparecida, para fortalecer la vida y el apostolado de los diáconos en la misión.

Nuestra Iglesia en Latinoamérica y el Caribe, reafirma que el diaconado permanente, es un Don a la Iglesia cuya labor apostólica, ha ido ocupando un lugar preponderante en nuestra vida pastoral. Cada vez son más las diócesis que lo tienen incorporado y su número sigue creciendo. Asimismo se han mejorado los procesos, criterios de selección y formación, esto con el creciente establecimiento de Escuelas Diaconales especializadas.

Valoramos que la mayoría de los diáconos permanentes abrazan la doble sacramentalidad, incorporando así la dimensión familiar que es signo y testimonio de una Iglesia doméstica. En una época de crisis, de cambios significativos, de pérdida del sentido de la vida, de sub valoración de la familia, los diáconos permanentes de esta zona del mundo están llamados a ser signos de esperanza y gozo en una Iglesia familiar. La aceptación, apoyo y participación de sus esposas, hijos e hijas como colaboradores de su servicio en el desarrollo de su ministerio, es de suyo un testimonio evangelizador.

Percibimos en la persona de Cristo, en su dimensión de Servidor, un horizonte de crecimiento, identificación y proyección del ministerio diaconal. Es en el cenáculo de Jerusalén donde Jesús comparte la cena con sus discípulos, y antes de sentarse a la mesa, lava los pies a los suyos y los insta a hacerse servidores los unos a los otros (Jn 13,5.14). Este gesto es anticipo de su entrega total en la cruz. Aquí el diácono encuentra una fuente inagotable de espiritualidad que orienta su vocación y lo conduce en su misión en bien de la caridad.

El ejercicio de la caridad y de servicio inherentes al diaconado Permanente, los impulsa a “reconocer el don de la vitalidad de la Iglesia que peregrina en América Latina y el Caribe y su opción por los pobres…” (DA 128). Por ello desde el ministerio diaconal ellos quieren asumir las opciones de nuestra Iglesia en favor de los pobres, y marginados de nuestra sociedad. Ellos se comprometen en la realización de un proceso evangelizador, de comunión, de promoción humana y de auténtica liberación, que nos permita caminar hacia un orden social más justo. (Cfr.DA399).

Atentos al clamor de nuestras sociedades: de los pobres, olvidados, marginados, de la cultura y de un mundo cada vez más dinámico y globalizado, el diácono permanente está llamado a asumir el riesgo de ir hacia las nuevas fronteras de nuestro mundo e intentar responder a los desafíos que ellos imponen.

El anuncio de la Palabra viva y eficaz, sigue siendo una tarea fundamental, Palabra que es signo de esperanza, de vida nueva y de salvación. El Diácono, mediante la fe recibe la Palabra de Dios con la que abraza de corazón la Verdad que se nos ha revelado y se entrega totalmente a Cristo y a su predicación al Pueblo de Dios. (Cfr. Verbum Domine 78).

El servicio litúrgico a las comunidades cristianas, la sacramentalidad ejercida desde el ministerio, son un servicio que asumimos con gozo y responsabilidad, como signo y tarea de acompañar a nuestros hermanos.

Agradecemos a todos los obispos de Latinoamérica y el Caribe por la aceptación y el respaldo al diaconado permanente. Esperamos que este ministerio sea incorporado plenamente en todas las diócesis, acogiendo la voz del Espíritu Santo manifestada desde el Concilio Vaticano II a favor de este Don del Señor regalado a su Iglesia.

Celebramos la participación de todos quienes asistieron a este Congreso de diaconado permanente y a quienes oraron por su éxito. Confiamos que en los próximos encuentros podamos contar con la participación de todos los países de Latinoamérica y el Caribe.

“Conscientes que la Iglesia, Pueblo de Dios, espera de los diáconos un testimonio evangélico y un impulso misionero para que sean apóstoles en sus familias, trabajos, comunidades y en las nuevas fronteras de la misión” (DA 208), instamos a nuestras comunidades a la promoción de su vocación y ministerio en medio nuestro.

A los pies de la Santísima Virgen María en el Santuario de Nuestra Señora de Aparecida, lugar a donde hemos peregrinado, en el que millones de personas son movidos por la fe, y lugar de encuentro de los obispos del Continente, vertimos nuestras esperanzas y anhelos, y depositamos nuestra confianza en Dios nuestro Padre, para que guie los pasos de su Iglesia y en ella su ministerio diaconal.

Participantes
II Congreso Latinoamericano y del Caribe de Diaconado Permanente

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 











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