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SILENCIO Y PALABRA

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No hay nada más humano y cordial que la comunicación franca y sincera: “en el silencio escuchamos y nos conocemos mejor a nosotros mismos, nace y se profundiza el pensamiento.

La crónica menor

SILENCIO Y PALABRA

Mons. Baltazar Enrique Porras Cardozo

El mensaje de Benedicto XVI para la Jornada Mundial de las Comunicaciones sociales de 2012, lleva el sugestivo lema que titula esta crónica. Desde la realidad venezolana evoca y sirve de marco para preguntarnos por el sentido de la comunicación, sea interpersonal, comunitaria o interinstitucional. Vivimos en la incertidumbre y la incredulidad, en la sospecha de que hay muchas informaciones sesgadas y en el atropello permanente de una publicidad que nos vende un país paradisíaco que contrasta con la vida cotidiana de inseguridad y escaseces. Ante ello, hay poco espacio para pensar y meditar, Para dialogar y compartir, a lo que se une el miedo de opinar y disentir.

“Aprender a comunicar quiere decir aprender a escuchar, a contemplar, además de hablar; silencio y palabra son elementos esenciales e integrantes de la acción comunicativa de la Iglesia, para un renovado anuncio de Cristo en el mundo contemporáneo”, dice el mensaje, convirtiéndose así en un acicate para el ciudadano y el creyente.

No es un ingenuo deseo sino una necesidad imperiosa abrir espacios para el diálogo. Necesitamos entendernos, compartir, ceder, respetar y caminar juntos. Silencio y palabra son “dos momentos de la comunicación que deben equilibrarse, alternarse e integrarse para obtener un auténtico diálogo y una profunda cercanía entre las personas. Cuando palabra y silencio se excluyen mutuamente, la comunicación se deteriora, ya sea porque provoca un cierto aturdimiento o porque, por el contrario, crea un clima de frialdad; sin embargo, cuando se integran recíprocamente, la comunicación adquiere valor y significado”.

No hay nada más humano y cordial que la comunicación franca y sincera: “en el silencio escuchamos y nos conocemos mejor a nosotros mismos; nace y se profundiza el pensamiento, comprendemos con mayor claridad lo que queremos decir o lo que esperamos del otro; elegimos cómo expresarnos. Callando se permite hablar a la persona que tenemos delante, expresarse a sí misma; y a nosotros no permanecer aferrados sólo a nuestras palabras o ideas, sin una oportuna ponderación. Se abre así un espacio de escucha recíproca y se hace posible una relación humana más plena”.

Silencio y palabra, comunicación y diálogo, respeto y aceptación del otro, son tareas sin las cuales desaparece la paz y la armonía.22/ 8-5-12 (2382)











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