El martes 21 de agosto se celebrará el Día del Catequista, y para la ocasión, el presbítero José Luis Quijano, rector del Instituto Superior de Catequesis Argentino (ISCA) dio a conocer tres reflexiones para compartir o meditar durante esta celebración.
“Celebrar es, sobre todo, decir gracias. En el día del catequista demos gracias por ellos, por su identidad, por su vocación y su entrega silenciosa que construye el Reino de Jesús”, dijo.
El padre Quijano señaló que “el catequista está llamado a ser entrañablemente él mismo. En la verdad y en la hondura de su identidad resuena el llamado de Dios que lo convoca a ser eco de Cristo, para que muchos hombres y mujeres se encuentren con Él”.
“En el proceso educativo –aseguró- la catequesis ocupa un lugar propio e inconfundible. A ella le corresponde la educación de la fe. Y los catequistas, como hombres y mujeres de fe, necesitamos ser permanentemente educados en esa misma fe que profesamos”.
El rector del ISCA llamó a “hacernos destinatarios de la catequesis” y agregó que “el mundo hoy, como ayer y como siempre, tiene derecho al anuncio. No se lo puede privar de él. Y, si bien todos los bautizados hemos sido convocados a esa tarea, a los catequistas nos compete de modo especial”.
El presbítero manifestó que “muchas veces los catequistas somos pobres de recursos y de medios, pero por la gracia de Dios, representamos una fuerza de cambio extraordinaria. Donde está Jesús, ahí está su Reino, allí madura la esperanza, allí es posible tomar el amor que da vida.
“Si bien es cierto que la catequesis incluye tareas de instrucción, iniciación y educación, también es verdad que ella es un ministerio al servicio de la fe. Se trata, sobre todo, de favorecer que nuestros interlocutores vivan su propia experiencia de fe, siempre única, personal e intransferible”, resaltó y recordó que “tampoco se trata de improvisar o de dejarlos solos. Quizás va siendo hora, de desentrañar el significado y la hondura de una pedagogía que Jesús conocía muy bien: el acompañamiento. Ese caminar junto al que busca, permitiéndole que siga buscando. Ese caminar, al principio casi imperceptible y después tan encarnado en la vida del catequizando”.
Como conclusión, el presbítero José Luis Quijano afirmó que “como catequistas, podemos proponernos indagar por aquí algunas de las respuestas pendientes. Quizás así sea posible iniciarse o retornar a la fe, desechando antiguos mapas y aprendiendo a mirar la vida con ojos de creyentes”.