Documento Conclusivo


03 de Mayo, 2011
Ofrecemos a nuestros lectores el Documento Conclusivo del Seminario "rol del laico en los procesos de participación ciudadana y democracia en América Latina y El Caribe"

 HACIA EL COMPROMISO DE LOS FIELES LAICOS EN LOS PROCESOS DE PARTICIPACIÓN CIUDADANA Y DEMOCRACIA EN AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE


Los participantes del Seminario “Rol del Laico en los procesos de participación ciudadana y democracia en América Latina y El Caribe”, obispos, laicos, sacerdotes y religiosas, convocados por el Departamento Justicia y Solidaridad del CELAM, en su Sección “Laicos Constructores de la Sociedad”, en alianza con la Fundación Konrad Adenauer, reunidos en Tuparenda, Paraguay, los días 27 y 28 de abril de 2011, nos dirigimos a los fieles Laicos y a todo el pueblo en este continente con el fruto de nuestras reflexiones que se expresan en este Mensaje.
 
La vocación específica de los fieles laicos en el mundo les impulsa a desempeñar un rol protagónico en los procesos de participación ciudadana, en el fortalecimiento de la democracia, el respeto y la defensa de los derechos humanos en América Latina y El Caribe,  a partir de una lectura creyente de los signos de los tiempos, y promoviendo la construcción de una nueva sociedad participativa,  justa, solidaria y pacífica.

Aspectos que nos alegran y animan:

1. Vemos con alegría y esperanza una mayor participación de jóvenes en el fortalecimiento de la democracia desde la perspectiva de los derechos humanos.

2. Hay una creciente participación de mujeres y jóvenes impulsando la economía popular, las pymes, en el sector privado. Asimismo, existen experiencias de economía social y solidaria en la perspectiva de forjar un desarrollo inclusivo que a lo largo del tiempo se van abriendo paso y van logrando reconocimiento

3. Es alentador ver que en algunos países se haya logrado estabilizar los indicadores macroeconómicos, además que se vienen dando casos de manejo responsable de las finanzas con adecuada supervisión de entes reguladores.

4. Asistimos también a la emergencia de la sociedad civil y los movimientos sociales que avanzan en la dinámica de inclusión social, proyectándose en defensa del bien común, logrando establecer, en muchos casos en interacciones con los partidos políticos y los gobiernos, mecanismos para la concertación y para el control social de las políticas públicas. La articulación de los movimientos sociales con organismos de la Iglesia Católica en el trabajo por el cambio de estructuras a favor de la justicia, desde sus propias prácticas comunitarias, muchas de ellas ancestrales.

5. El reconocimiento de los pueblos originarios como actor político y social, unido al anhelo de que los procesos de globalización y desarrollo económico respeten a las personas, comunidades, culturas y ecosistemas, significan un cambio de paradigma en la forma de concebir el desarrollo de los países.

6. El uso de Internet y las nuevas tecnologías que permiten el acceso a la información, comunicación y oportunidades para impulsar procesos de auténtico desarrollo. Asimismo, el surgimiento de medios de comunicación independientes y comunitarios son una luz de esperanza frente a la concentración creciente de los medios de comunicación tradicionales. Se ha ido sembrado el derecho a la comunicación y se reconoce el servicio de la Iglesia a través de sus propios medios.

7. Destacamos experiencias relevantes de la participación del pueblo en la política, la economía y la cultura, en espacios municipales, regionales y nacionales. Un reto que se presenta por delante es cómo conjugar libertad y justicia en la perspectiva del desarrollo humano integral y solidario.

Situaciones que nos interpelan y desafían:

8. El uso de la política como instrumento de dominio y de poder desde visiones e intereses particulares; la corrupción y desconfianza en la institucionalidad democrática; una marcada polarización política y sistemas excluyentes de participación; el desconocimiento de los derechos humanos por parte de sectores importantes de la ciudadanía y autoridades; la impunidad  y utilización de la ley para negar lo legítimo y ocultar la justicia; los mesianismos políticos que acentúan el centralismo y el asistencialismo, empleando la descalificación y exclusión del pensamiento diferente para imponerse.

9. Así mismo, los movimientos sociales se enfrentan a serios riesgos como el desconocimiento de su capacidad política y la de su instrumentalización. El control de los Medios de Comunicación por grupos de poder y por gobiernos autoritarios para canalizar  intereses y “moldear” la opinión pública; estos son entre otros, problemas en el panorama político en América Latina y El Caribe, que van en detrimento de la democracia y la participación ciudadana, que impiden el desarrollo de una cultura democrática propia e incluyente y desafían a la Iglesia Católica en su misión de formar el pensamiento desde los valores y criterios  que inspiran  el compromiso político de los cristianos.

10. Crece en un amplio sector de la población la indiferencia política, la desesperanza  y la apatía; se genera una ruptura del tejido social, relaciones de violencia, individualismo y división y se profundiza el empobrecimiento, marginación y consecuente precariedad en los estilos de vida.

11. La debilidad institucional de nuestras democracias y el desprestigio de los Partidos Políticos impiden la internalización y la valoración de los principios democráticos en grandes masas de nuestra población. Especialmente los marginados, a quienes no llegan los beneficios de un sistema que cumple formalmente las reglas democráticas, pero que no asegura el goce efectivo de los derechos humanos.

12. Es preocupante la falta de correspondencia entre los avances formales de la democracia y la participación hacia el ejercicio pleno de los deberes y derechos y la implementación de políticas públicas para superar la pobreza, la desigualdad y el desempleo.

La Palabra de Dios y la Doctrina Social de la Iglesia iluminan nuestro camino

13. Se hace necesario e indispensable humanizar la política y devolverle su sentido original, su causa y finalidad es la primacía de la dignidad humana y el bien común (Cfr. Mater et Magistra 20)

14. Los laicos de América Latina y el Caribe, en medio de esta situación, deben convertirse en levadura y fuego que transforma e ilumina el mundo. Juan Pablo II, en la Encíclica Christifideles Laici sobre los fieles laicos (Cfr Ch L No, 3 y 42) nos señala: “Nuevas situaciones, tanto eclesiales como sociales, económicas, políticas y culturales, reclaman hoy, con fuerza muy particular, la acción de los fieles laicos (…) si el no comprometerse ha sido siempre algo inaceptable, el tiempo presente lo hace aún más culpable (…) todos y cada uno tienen el derecho y el deber de participar en la política(…)” (DA 505)

15. Una verdadera democracia requiere de decisiones moralmente correctas y para ello es tan necesaria la integridad moral de los políticos”  (Cfr DA 213 ).

16. Es necesario ser un buen discípulo de Cristo para transformar las realidades temporales (Cfr. DA 99,f) conjugando el ser y el crecer; todo ello tiene una dimensión política desde una  visión cristocéntrica, una mirada hacia el Reino de Dios, y hacia la participación de la  Eucaristía como fuente de vida. Grandes desafíos surgen para los fieles laicos y personas de buena voluntad en el mundo del arte, de la academia, de la acción comunitaria y de la economía.

17. ”Son los laicos, como discípulos misioneros de Jesucristo, conscientes de su llamado a la santidad en virtud de su vocación bautismal, quienes deben actuar, como fermento en la masa, para construir una ciudad temporal que esté de acuerdo con el proyecto de Dios” (Cfr DA 505)

18. La Iglesia en América Latina y el Caribe, en estado de misión permanente, busca llegar a todos los ámbitos de la sociedad con el anuncio de la Buena Noticia. Ello implica una atención y formación sólida de los laicos constructores de sociedad, “si muchas de las estructuras actuales generan pobreza, en parte se ha debido a la falta de fidelidad a sus compromisos evangélicos de muchos cristianos con especiales responsabilidades políticas, económicas y culturales” (DA 213).

Nuestro compromiso e invitación

19. El complejo mundo de la política desafía a las comunidades cristianas, especialmente a los fieles laicos, a generar espacios y escenarios posibles de discernimiento evangélico de los signos de los tiempos, a fin de promover el desarrollo de una autentica cultura democrática y la participación con conciencia, actitud profética, sentido ético y abierta a la pluralidad, que haga posible el vínculo y proyección social de todas las personas como sujetos creadores de un nuevo orden social. Requiere contribuir a la vida cultural, económica, política y social de la comunidad civil a la que pertenece (Cfr. Compendio de Doctrina Social de la Iglesia 189)

20. Recuperar y generar espacios adecuados que permitan una amplia y equitativa participación ciudadana en el diseño e implementación de políticas públicas que contribuyan al desarrollo del bien común en condiciones dignas, sustentables y éticamente aceptables.

21. Participar en “el mundo vasto y complejo de la política, de la realidad social y de la economía, como también el de la cultura, de las ciencias y de las artes, de la vida internacional, de los “mass media”, y otras realidades abiertas a la evangelización, como son el amor, la familia, la educación de los niños y adolescentes, el trabajo profesional y el sufrimiento.” (DA 210).  

22. Diseñar creativamente espacios y métodos de formación integral de los Laicos Constructores de la Sociedad favorables al desarrollo de su misión en el mundo como discípulos de Jesucristo, en la perspectiva del diálogo y de la transformación de la sociedad (Cfr. DA 283). Trabajar en la formación para la acción, sin descuidar las dimensiones espiritual, académica, humana y doctrinal con carácter interdisciplinar que tenga en cuenta las herramientas de la política, tales como liderazgo, conducción, organización, planeamiento y la comunicación.

23. Promover el diálogo fecundo en un mundo intercultural y secular con apertura a la búsqueda de consensos en fidelidad al Evangelio. Se hace necesaria la búsqueda de acuerdos sociales que promuevan el bien común, el desarrollo de la democracia y el respeto de los derechos humanos, ello exige estar insertos en las comunidades y dialogar con ellas. Promover experiencias de vida, especialmente en los jóvenes, que promuevan el reconocimiento y respecto de los valores humanos y cristianos que permitan el desarrollo integral de los pueblos. Trabajar en la participación comunitaria y por una cultura democrática.

24. Actuar en los nuevos espacios (areópagos), incluso en medios totalmente públicos no confesionales, encarnando la Palabra de Dios y la Doctrina Social de la Iglesia como voces proféticas de anuncio, denuncia y propuesta de nuevos estilos de vida acordes con el proyecto del Reino de Dios.

25. Cultivar una sana espiritualidad de compromiso responsable en un mundo plural, asumiendo a la Iglesia como casa y escuela de comunión-misión, de donde brota el testimonio de vida que da legitimidad y favorece el acompañamiento.

26. Promover la participación de los laicos en asociaciones civiles y democráticas, así como en espacios de diálogo y concertación, invitando a los políticos que tienen roles en los poderes públicos para favorecer una democracia honesta y veraz, participativa y representativa que se oriente al bien común, la garantía de los derechos humanos y el desarrollo humano integral y solidario.

Somos testigos de Jesucristo Resucitado, vencedor del pecado y de la muerte, que Él vaya delante de nosotros abriéndonos los caminos de compromiso que asumimos, como discípulos suyos en el mundo. Que el Espíritu de Dios que ha sido derramado en nuestros corazones ilumine nuestras mentes e inspire nuestras acciones que nos lleven a difundir su Reino de Vida. Nos acogemos a la maternal protección de la Virgen María, madre del amor y Señora de la esperanza, invocada con fe y devoción en nuestros pueblos latinoamericanos.

Tuparendá, Paraguay, abril de 2011


 

 


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