El Cardenal Foley, llamado a la Casa del Padre


15 de Diciembre, 2011
Es muy difícil expresar en pocas líneas toda la riqueza personal y eclesial de un hombre como el Card. John Patrick Foley,fallecido a los 76 años la madrugada del 12 de diciembre .

Es muy difícil expresar en pocas líneas toda la riqueza personal y eclesial de un hombre como el Card. John Patrick Foley, fallecido a los 76 años la madrugada del 12 de diciembre en Filadelfia. Su trayectoria de comunicador empezó muy pronto en la vida, cuando siendo casi un niño leyó un pequeño libro que animaba a cambiar el mundo a través de la radio. Él decidió seguir ese consejo y muy pronto empezó a participar en la radio local.

John Patrick Foley había nacido en Darby (Pennsylvania) el 11 de noviembre de 1935, y fue ordenado sacerdote en 1962. En 1984 Juan Pablo II lo nombra Presidente del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales y de la Filmoteca Vaticana. Él contaba que había pasado de sacerdote a arzobispo y de su arquidiócesis al Vaticano en pocas semanas. Permaneció 23 años en ese Consejo, aplicando en él toda su experiencia de comunicador, ejercida en su ciudad. Como sacerdote había cubierto el Concilio Vaticano II para el The Catholic Standard and Times. Coordinó la prensa de habla inglesa durante la visita del Papa Juan Pablo II a Irlanda y Estados Unidos en 1979; y para el Sínodo Mundial de los Obispos realizado en el Vaticano in 1980.

Durante su Presidencia en el Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales, Mons. Enrique Planas y el entonces Obispo Darío Castrillón como Secretario del CELAM iniciaron en 1987 lo que llegaría a ser la Red Informática de la Iglesia en América Latina (RIIAL). Nuestra Señora de Guadalupe se lo llevó al Cielo en la madrugada de su Fiesta, quién sabe si como un gesto de amor y en premio por el cariño que él tuvo por los pueblos de América Latina. Acompañó también con gran humanidad y cercanía a las Asociaciones mundiales de comunicación (OCIC, Unda, UCIP) y en América Latina algunos momentos no fáciles, facilitando el diálogo entre ellas y algunos obispos.

Como buen americano, tenía una gran cercanía con el mundo del cine; impulsó el diálogo eclesial con los festivales de Cannes y Venecia, en colaboración con OCIC y con el Ente dello Spettacolo. Dio un decidido impulso a la Filmoteca Vaticana no sólo como archivo de conservación sino también como espacio de diálogo entre la Iglesia y los representantes de la cultura cinematográfica.

Su magnífica voz de locutor acompañó durante muchos años las ceremonias de Navidad y Pascua para los oyentes de Radio Vaticano y de las transmisiones en Mundovisión en lengua inglesa. Tras la muerte del Papa Juan Pablo II el Grande, el Papa Benedicto XVI lo creó Cardenal en el Consistorio del 24 de noviembre de 2007 y lo nombró Gran Maestre de la orden ecuestre del Santo Sepulcro de Jerusalén, servicio que ejerció con dedicación y fidelidad hasta que la enfermedad lo debilitara tanto que decidió volver a Filadelfia para poder recibir más fácilmente los muchos cuidados médicos necesarios.

Su calidad personal y su comprensión de reporteros, periodistas, publicistas y cineastas, facilitó el acercamiento de estos gremios a la Iglesia.

Cuando se despidió de sus antiguos colaboradores, poco antes de partir hacia Filadelfia para facilitar los tratamientos que habría de afrontar, tuvo la grandeza de facilitar con humor y simpatía unos momentos que podrían haber sido muy difíciles. Su natural abandono en manos de Dios quedó de manifiesto y dio a todos una sensación de paz que él mismo transmitió.

Gracias por todo, Eminencia. Lo encomendamos a la Virgen de Guadalupe.

Leticia Soberón 


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