El Papa Francisco alerta a consagrados sobre una tentación que “seca el corazón”


03 de Febrero, 2017

En la Basílica de San Pedro, donde se celebró la Misa con motivo de la Fiesta de la Presentación del Señor y de la Jornada Mundial de la Vida Consagrada, el Papa Francisco alertó contra la “tentación de la superviviencia” que “seca” y “esteriliza” el corazón.

En la homilía que pronunció, el Pontífice comentó las lecturas de la liturgia y recordó que “el encuentro de Dios con su pueblo despierta la alegría y renueva la esperanza” y habló de los ancianos, de quienes “hemos heredado este canto de esperanza”.

“Ellos nos han introducido en esta ‘dinámica’. En sus rostros, en sus vidas, en su entrega cotidiana y constante pudimos ver como esta alabanza se hizo carne. Somos herederos de los sueños de nuestros mayores, herederos de la esperanza que no desilusionó a nuestras madres y padres fundadores, a nuestros hermanos mayores".

"Somos herederos de nuestros ancianos que se animaron a soñar; y, al igual que ellos, hoy queremos nosotros también cantar: Dios no defrauda, la esperanza en él no desilusiona. Dios viene al encuentro de su Pueblo”.

Francisco aseguró que “nos hace bien recibir el sueño de nuestros mayores para poder profetizar hoy y volver a encontrarnos con lo que un día encendió nuestro corazón”.

“Sueño y profecía juntos. Memoria de cómo soñaron nuestros ancianos, nuestros padres y madres y coraje para llevar adelante, proféticamente, ese sueño”, añadió.

El Papa alertó a los religiosos de “una tentación que puede hacer estéril nuestra vida consagrada: la tentación de la superviviencia”.

A su juicio, es “un mal que puede instalarse poco a poco en nuestro interior, en el seno de nuestras comunidades”.

“La actitud de supervivencia nos vuelve reaccionarios, miedosos, nos va encerrando lenta y silenciosamente en nuestras casas y en nuestros esquemas. Nos proyecta hacia atrás, hacia las gestas gloriosas –pero pasadas– que, lejos de despertar la creatividad profética nacida de los sueños de nuestros fundadores, busca atajos para evadir los desafíos que hoy golpean nuestras puertas”.

Entre otras, “la tentación de supervivencia nos hace olvidar la gracia, nos convierte en profesionales de lo sagrado pero no padres, madres o hermanos de la esperanza que hemos sido llamados a profetizar".

"Ese ambiente de supervivencia seca el corazón de nuestros ancianos privándolos de la capacidad de soñar y, de esta manera, esteriliza la profecía que los más jóvenes están llamados a anunciar y realizar”.

Francisco resumió este peligro subrayando que esta tentación “transforma en peligro, en amenaza, en tragedia, lo que el Señor nos presenta como una oportunidad para la misión. Esta actitud no es exclusiva de la vida consagrada, pero de forma particular somos invitados a cuidar de no caer en ella”.

El Santo Padre señaló entonces que para hacer frente a esta situación hay que acoger a Jesús de tal forma que “la alegría y la esperanza” sean devueltas.

“Solo eso hará fecunda nuestra vida y mantendrá vivo nuestro corazón. Poniendo a Jesús en donde tiene que estar: en medio de su pueblo”.

En concreto, el Papa reconoció la “transformación multicultural por la que atravesamos”, y por ello resaltó la importancia de ser “levadura de esta masa concreta”.

“Es cierto, podrán existir ‘harinas’ mejores, pero el Señor nos invitó a leudar aquí y ahora, con los desafíos que se nos presentan. No desde la defensiva, no desde nuestros miedos sino con las manos en el arado ayudando a hacer crecer el trigo tantas veces sembrado en medio de la cizaña”.

“Poner a Jesús en medio de su pueblo –continuó– es tener un corazón contemplativo, capaz de discernir como Dios va caminando por las calles de nuestras ciudades, de nuestros pueblos, en nuestros barrios".

"Poner a Jesús en medio de su pueblo, es asumir y querer ayudar a cargar la cruz de nuestros hermanos. Es querer tocar las llagas de Jesús en las llagas del mundo, que está herido y anhela, y pide resucitar”.

El Papa también invitó a salir de uno mismo “para unirse a otros”, algo que solo será posible “si asumimos los sueños de nuestros ancianos y los transformamos en profecía”. 

 


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