Epifanía del Señor


07 de Enero, 2011
En la solemnidad de la Epifanía del Señor, el Papa celebró la Santa Misa en la basílica vaticana y en su homilía recordó la importancia de la Palabra de Dios

En la homilía, el Santo Padre explicó que los Magos "eran probablemente sabios que escrutaban el cielo, pero no para tratar de "leer" en los astros el futuro; (...) eran más bien hombres "en busca" de algo más, en busca de la verdadera luz, capaz de indicar el camino que recorrer en la vida. Eran personas seguras de que en la creación existe lo que podemos definir como la "firma" de Dios, una firma que el hombre puede y debe intentar descubrir y descifrar". 
 
Refiriéndose al rey Herodes, el Papa subrayó que era "un hombre de poder", a quien "Dios le parece un rival, un rival especialmente peligroso, que querría privar a los hombres de su espacio vital, de su autonomía, de su poder. (...) Herodes es un personaje que no nos resulta simpático y que instintivamente juzgamos negativamente por su brutalidad. Pero debemos preguntarnos: ¿quizá hay algo de Herodes también en nosotros? ¿Quizá también nosotros, a veces, vemos a Dios como una especie de rival? ¿Quizá también nosotros somos ciegos ante sus signos, sordos a sus palabras, porque pensamos que pone límites a nuestra vida y no nos permite disponer de la existencia a nuestro gusto?".
 
"Cuando vemos a Dios así -continuó- acabamos por sentirnos insatisfechos y descontentos, porque no nos dejamos guiar por Aquel que es el fundamento de todas las cosas. (...) Debemos abrirnos a la certeza de que Dios es el amor omnipotente que no quita nada, no amenaza, sino que es el Único capaz de ofrecernos la posibilidad de vivir en plenitud, de experimentar la verdadera alegría". 
 
Benedicto XVI señaló que los Magos, "como hombres sabios, sabían sin embargo que no es con un telescopio cualquiera, sino con los ojos profundos de la razón en busca del sentido último de la realidad y con el deseo de Dios movido por la fe, como es posible encontrarlo. (...) El universo no es el resultado de la casualidad, como algunos quieren hacernos creer. Contemplándolo, estamos invitados a leer en él algo profundo: la sabiduría del Creador, la inagotable fantasía de Dios, su infinito amor por nosotros". 
 
"No debemos dejarnos limitar la mente por teorías que llegan siempre sólo hasta un cierto punto y que -si observamos bien- no están de hecho en contradicción con la fe, pero no logran explicar el sentido último de la realidad. En la belleza del mundo, en su misterio, en su grandeza y en su racionalidad no podemos sino leer la racionalidad eterna, y no podemos sino dejarnos guiar por ella hasta el único Dios, creador del cielo y de la tierra. Si observamos de este modo, veremos que Aquel que ha creado el mundo y Aquel que nació en una cueva en Belén y sigue habitando entre nosotros en la Eucaristía, son el mismo Dios vivo, que nos interpela, nos ama, quiere conducirnos a la vida eterna".
 
El Santo Padre afirmó que para los Magos "era lógico buscar al nuevo rey en el palacio real". Sin embargo, "la estrella les guió a Belén, una pequeña ciudad; les guió entre los pobres, entre los humildes, para encontrar al Rey del mundo. Los criterios de Dios son diferentes a los de los hombres; Dios no se manifiesta en el poder de este mundo, sino en la humildad de su amor, ese amor que pide a nuestra libertad ser acogido para transformarnos y capacitarnos para llegar a Aquel que es el Amor". 
 
Tras poner de relieve que para los Magos "fue indispensable escuchar la voz de las Sagradas Escrituras: sólo ellas podían indicarles el camino", el Papa subrayó que "la Palabra de Dios es la verdadera estrella, que, en la incertidumbre de los discursos humanos, nos ofrece el inmenso esplendor de la verdad divina". 
 
"Dejémonos guiar por la estrella, que es la Palabra de Dios, sigámosla en nuestra vida, caminando con la Iglesia, donde la Palabra ha plantado su tienda. Nuestro camino estará siempre iluminado por una luz que ningún otro signo puede darnos. Y también nosotros -concluyó- podremos convertirnos en estrellas para los demás, reflejo de esa luz que Cristo ha hecho resplandecer sobre nosotros".

Informe del Vatican Information Services

 

 


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