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Globalización y Fé.

Vivir con pasión el presente”

 

1.   Vivir con pasión el presente nos exige, como creyentes, escuchar los gemidos del Pueblo de Dios y de la humanidad, e interpretar el tiempo actual desde la Palabra de Dios, en particular, desde la Palabra Encarnada: Jesús, el Hijo de Dios vivo.

 

1.    La globalización y sus repercusiones

 

2.   América Latina y el Caribe es un Continente pluriétnico y multicultural inmerso en un mundo globalizado cuyas repercusiones se experimentan tanto en los ámbitos sociales como eclesiales.

 

1.1.   ¿Qué es la Globalización y cuáles son sus características?

 

3.  Cuando surge una nueva palabra y su uso se difunde rápidamente por el mundo en diferentes contextos, antes de que se defina con precisión su contenido, no es fácil recoger a posteriori una sola definición que valga para todas las acepciones. Tal es el caso del término "globalización" o "mundialización". Recojamos la descripción que hace de ella el Premio Nóbel de Economía del año 2001, Joseph E. Stiglitz. Escribe: "El fenómeno de la globalización es la integración más estrecha de los países y los pueblos del mundo, producida por la enorme reducción de los costos de transporte y comunicación, y el desmantelamiento de las barreras artificiales a los flujos de bienes, servicios, capitales, conocimientos y (en menor grado) personas a través de las fronteras". La globalización tiene su base en la intercomunicación inmediata, y superando las distancias geográficas acerca a las personas, a los pueblos, a las culturas y a los países. No se detiene en el orden del conocimiento y de la información. El puente de comunicación produce la interacción y el intercambio entre quienes se han integrado a esta red global de enlaces. Alienta el intercambio de bienes y de tecnología. El estudio de esta interacción mundial muestra la interrelación de los factores económicos con los sociales, los políticos, los demográficos, los tecnológicos, los culturales. Lo que le pasa a una región de la tierra, interesa a todos. Ya se trate de la irresponsabilidad ecológica, el armamento nuclear, las guerras civiles y el terrorismo, las migraciones, la producción de droga. Todo repercute en la globalidad; todo afecta a todos.

 

4.   Como tal, la globalización es un hecho. No es buena ni mala. Puede enriquecer a quienes reciben y procesan la información, se sirven de los bienes y los avances tecnológicos del intercambio, o son enriquecidos con avances jurídicos y culturales. En una palabra, puede aportar grandes beneficios y hacer un gran bien, pero desgraciadamente también puede ser la causa de grandes males. Todo depende de la orientación que se dé a la globalización; del uso que se haga de las oportunidades que brinda y de la finalidad que se asuma. Si no es equitativa, porque no se reconoce una igualdad fundamental entre los intercomunicados y no se les permite participar en las decisiones políticas, económicas, demográficas, éticas, etc. que los afectan, y uno o varios de ellos son mucho más fuerte que los otros, no se produce un intercambio en el cual todos saquen provecho. Peor aún, si quien es más fuerte tiene un afán hegemónico, busca sólo su propio bien y puede desinteresarse y avasallar a los demás, sin aparente perjuicio propio. Por eso se habla actualmente de una globalización asimétrica. Ésta tiende a acrecentar la desigualdad de oportunidades, la pobreza, la marginación, la corrupción, la nivelación cultural, la colonización económica y valórica. Por ello, también, no pocas veces surgen nuevas formas de colaboración internacional entre personas y comunidades ya sea como apoyos solidarios en proyectos, o como protestas y propuestas coordinadas ante situaciones de injusticia.

 

1.2.   Repercusiones de la Globalización en la sociedad

 

5.    La globalización, manifestación de un auténtico cambio de época, en los últimos veinte años ha trastocado la organización económica y el trabajo, el comercio y las finanzas internacionales, las relaciones sociales y los modelos de vida, los Estados y la política, las comunicaciones y las culturas del orbe. El nuevo contexto está lleno de factores positivos y negativos que podrán potenciar el desarrollo humano de nuestras comunidades y países o, por el contrario, ser factores de mayor exclusión y empobrecimiento.

 

1.2.1.   Globalización y economía

6. Las economías de los países prósperos se están integrando dentro de un sistema global que origina verdaderos bloques interdependientes de desarrollo. Los grandes consorcios transnacionales, principales agentes de este proceso, se sitúan allí donde obtienen más beneficios y donde son más bajos los salarios o los impuestos y, conforme avanza la globalización, se funden entre sí asumiendo más poder y dominio. De esta manera, las empresas multinacionales se convierten en verdaderos poderes financieros que entran en competitividad con las economías de las naciones, las debilitan, y destruyen los modos de sustento de las comunidades marginadas y rurales; así, a la vez que disminuye en muchos países la generación de riqueza por la competitividad internacional, la distribución del ingreso se torna cada vez más desigual en perjuicio de los más débiles.

 

7.  La globalización económica hace crecer la producción y la riqueza, y sin embargo, los desequilibrios económicos son muy grandes y la diferencia entre países ricos y pobres es mayor que antes. Mientras unos países crecen económicamente, otros están estancados y muchos más se encuentran en una gravísima situación de declive; el mercado laboral está devaluado y deprimido, restringido por las emigraciones controladas por los países prósperos y sujeto a toda clase de distorsiones de la oferta-demanda. Así, para poder competir se globaliza la miseria laboral, o se globaliza el desempleo; en ambos casos, se deprimen salarios y prestaciones, afectando el bienestar y el mercado interno local en favor de los grandes capitales.

 

8.  El comercio internacional ha permitido a algunos países crecer más rápidamente, y que otros lograran superar su aislamiento y exclusión; posibilitó que muchas personas de los países empobrecidos hayan mejorado su acceso al conocimiento y que no pocas pequeñas y medianas empresas hayan logrado introducir nuevas tecnologías, ingresar a nuevos mercados y crear nuevas industrias; y favoreció una mayor integración entre los países y pueblos del mundo. La misma globalización ha permitido una mayor interconexión entre los movimientos antiglobales o que proponen estrategias intermedias; y que la comunidad internacional haya logrado acuerdos internacionales, la creación de nuevas instituciones en el campo de la sociedad civil, y, en general, formas de gobernar la globalización para hacerla más humana y equitativa. A pesar de estos logros, las crecientes desigualdades amenazan la cohesión social, el equilibrio ecológico y la estabilidad política.

 

9.  Se suma a esto que la interdependencia económica hace que la crisis de un país afecte de inmediato la economía de otros y que los gobiernos de los países menos prósperos no tienen la capacidad para reaccionar frente a las exigencias de los organismos internacionales respecto a los ajustes económicos y a la deuda externa, situación que complica la toma de decisiones económicas con miras al futuro.

 

10.   Constatamos, al mismo tiempo, que en la distribución de los beneficios del desarrollo de la ciencia y de la tecnología no se han seguido criterios de equidad y justicia. Los megaconsorcios gastan más en investigación que lo que invierten muchas naciones en programas sociales; algunos países han pasado de ser sociedades industriales a sociedades informáticas, mientras otros reflejan un gran retraso en este campo que repercute en la economía; la robótica no ha significado mayor desempleo en los países prósperos -al reemplazar los puestos laborales automatizados con nuevos empleos en el diseño y construcción, programación y mantenimiento de los robots-, mientras que en otros países, estos avances representan una amenaza para el empleo.

 

11.  Con todo, la pobreza emerge con nuevas características, incluyendo su feminización. Es más pobre quien no está capacitado para manejar las nuevas tecnologías y no puede competir dentro del proceso de globalización; es pobre, también, no sólo quien no dispone de bienes económicos, sino quien se ve privado de la posibilidad de ejercer sus capacidades, sus funciones y sus libertades. No obstante esta situación, los pobres pueden aprovechar los nuevos medios para ser más industriosos a partir de la innovación y de la negociación sobre nichos de mercado que favorezcan los términos de intercambio, a través de la Economía Solidaria. Esta nueva forma de integración en América Latina tiene muchas posibilidades, ya que los nuevos pobres, uniendo conocimientos e ingenio, esfuerzos y escasos recursos, pueden emprender actividades productivas en forma independiente.

 

1.2.2.   Globalización y política

 

12.  La globalización ha estimulado, en buena medida, la expansión de la democracia y la promoción y defensa de los derechos humanos. En términos generales, los países de América Latina y el Caribe han avanzado en la construcción de una sociedad pluralista, en el respeto de los derechos civiles y políticos, en la elección, por vía democrática, de las autoridades en sus diversos niveles. Sin embargo, se constata un desencanto de la ciudadanía por la política, una corrupción galopante, una pérdida de liderazgo de los partidos políticos tradicionales y el surgimiento de nuevos partidos o grupos políticos, cívicos o sociales que no siempre han logrado el efecto aglutinante que esperaban.

 

13.  El advenimiento de las democracias requirió la división y control de poderes, sobreentendiéndose como poderes políticos y públicos; sin embargo, la globalización ha trastocado esta división y equilibrio a nivel mundial con nuevas categorías y prioridades. Hoy, entre los “poderes” reales están los medios de comunicación social, los consorcios transnacionales, los grandes organismos internacionales y los grupos de poder político. Así, desde estos nuevos “poderes” se están impulsando las preferencias electorales más por la imagen de los candidatos que por sus propuestas políticas y su moralidad.

 

14.   En la modalidad dominante del actual proceso de globalización se suele argumentar la necesidad de un orden mundial para justificar la imposición de políticas a los gobiernos cuyos costos humanos se presentan como necesarios, dando lugar a una instrumentalización de la persona: se suele escuchar que la educación de los hijos, la salud de los ancianos, y hasta la vida de la gente deben subordinarse a las exigencias de una política económica cuya violación, supuestamente, llevaría a daños humanos aún mayores; lo mismo se afirma sobre las decisiones que se toman para recortar derechos cívicos, políticos, laborales y sociales; los mismos argumentos se manejan para el desmantelamiento de las instituciones de protección social, de regulación de mercados, y del ejercicio del papel equilibrador del Estado; se aplica esta lógica para favorecer, finalmente, el pago de la deuda externa o el mayor gasto en armamentos.

 

15.   La imposición de esta política económica, aparentemente fuera de control de los gobernantes, es una de las causas del empobrecimiento y de la opresión de muchos millones de latinoamericanos, y también del creciente distanciamiento entre los políticos y la ciudadanía. El costo del ajuste económico, agravado por la corrupción y la impunidad, tiende a recaer de manera desmedida en nuestros países y, en especial, en sus sectores más empobrecidos.

 

16.   No obstante esta situación, en América Latina y el Caribe ha aumentado la conciencia de los ciudadanos con relación a su participación en la construcción de la sociedad desde la base social y hoy día se habla de la importancia del “empoderamiento” de los ciudadanos para su más adecuada y equitativa participación en la toma de decisiones que tienden al bien común.

 

1.2.3.   Globalización y ecología

 

17.  Las investigaciones científicas nos hablan de una progresiva y amenazante degradación ambiental; está cambiando el clima global, se está deteriorando la capa de ozono, se está atentando contra la biodiversidad; el afán del lucro no respeta el hábitat de las personas de hoy y del futuro, se olvida que la riqueza ambiental no debe tenerse como un exclusivo patrimonio nacional del cual se puede hacer uso arbitrariamente. Los países de América Latina y el Caribe han visto y ven destruir su mundo natural por la industria de los países ricos.

 

18.   La crisis ecológica ha hecho surgir la urgente necesidad moral de una nueva solidaridad y la defensa de lo ecológico va incluyéndose entre los intereses sociales que exigen una protección jurídica plena y que rebasa los límites del derecho de una nación determinada porque afecta a la comunidad internacional. Desafortunadamente, lo ecológico y lo social no son prioridad para la mayor parte de nuestros gobiernos; no obstante, la conciencia ecológica ha ido creciendo.

 

1.2.4.   Globalización y Movilidad humana

 

19.    La movilidad humana, en especial en América Latina y el Caribe, es creciente y de tal magnitud que debe ser considerada como un aspecto de la globalización, no obstante que las personas no logran desplazarse ni con la rapidez de los capitales, ni con la facilidad de los bienes, debido a la incoherencia de las políticas económicas que defienden la liberalización en los movimientos del capital pero no el movimiento de las fuerzas de trabajo.

 

20.   Prácticamente todos los países han tenido la experiencia del desplazamiento de los campesinos a las ciudades (migración interna), al punto que actualmente la mayor parte de la población vive en las ciudades y en las periferias suburbanas; en varios de nuestros países este fenómeno se acrecienta aún más por los desplazados a causa del terrorismo y del narcotráfico. Los recién arribados suelen carecer de vivienda digna, de servicios públicos, de educación, de seguridad social y pública, de transporte adecuado y de empleo permanente; por ende, muchos suelen nutrir el subempleo o caer en las redes de las ocupaciones ilegales (narcotráfico, crimen o prostitución).

 

21.   El segundo gran éxodo migratorio es provocado por la creciente pobreza de los países que, al no poder ofrecer un empleo -especialmente a las generaciones jóvenes-, prácticamente fuerza a no pocos de sus ciudadanos a que emprendan el viaje hacia los grandes centros económicos de Estados Unidos y Europa. Así, bajo el impulso decisivo del mercado, pero también de la violencia y de las guerras, muchísimas personas emigran a otros países, fenómeno al cual se añade la “fuga de cerebros”. En los países donde se asientan los migrantes se suelen generar conflictos raciales, religiosos y culturales, que hacen todavía más difícil su situación.

 

22.   No obstante la problemática descrita, es justo reconocer algunos elementos positivos: cada vez más, los migrantes asumen cargos de responsabilidad social y política cuando han logrado vincularse en la vida de los países receptores; las remesas que envían los migrantes permiten un mejor nivel de vida para sus familias y resultan un factor importante para el crecimiento económico de los países de origen; en el ámbito eclesial, el frescor de la fe y la riqueza de nuevas perspectivas culturales que aportan los inmigrantes a las iglesias que los acogen son signos de esperanza para ellas.

 

1.2.5.   Globalización y crimen

 

23.    Junto con el proceso de globalización del que se ha hablado hasta ahora, se ha ido creando lo que se ha llamado la “conexión perversa” o "globalización del crimen" que, utilizando los medios y recursos del proceso globalizador -los mercados de capital sin regulación, los adelantos de la tecnología de información y comunicaciones, y el abaratamiento de los gastos de transporte, entre otros-, tiene un impacto corruptor sobre las autoridades y la política, facilita el reciclaje de las utilidades de actividades ilícitas en el circuito financiero internacional y causa una severa distorsión en los comportamientos y en las valoraciones éticas individuales y sociales. Es este crimen organizado el que ha desarrollado una economía criminal global que sirve de soporte del terrorismo global y local, y nutre diversas guerrillas de América Latina.

 

24.    Sin embargo, frente a los impactos que el delito global está teniendo en la legitimidad de los gobiernos, en el ejercicio de las responsabilidades públicas, y en la tolerancia social con el delito, van surgiendo alternativas de vigilancia social; para transformar las diferentes maneras de vulnerabilidad de las comunidades, ciudadanos, y familias, frente al crimen, se crean nuevas alianzas entre naciones, organizaciones comunitarias, y entre diversos actores sociales; y para enfrentar la violencia y sus efectos, se fomentan diversas formas de educación y desarrollo de una conciencia solidaria.

 

1.2.6.   Globalización y cultura

 

25.     Durante toda la historia de la humanidad, los pueblos han tenido una identidad propia, caracterizada por su cultura, la cual ha implicado el reconocimiento de expresiones propias en su relación con Dios, con los semejantes, con la naturaleza y, en general, consigo mismos y con la vida. El intercambio globalizado que vivimos está transformando esta realidad; aunque se despierta la voluntad de no perder la propia identidad, la tendencia dominante busca una homologación de visiones y actitudes. A partir de este fenómeno consideramos las repercusiones de la globalización en cuatro ámbitos: el antropológico, el de los valores familiares, el de la educación y el de los medios de comunicación social.

 

a.      Ámbito Antropológico

 

26.   La historia humana es la historia de la adaptación a diferentes realidades climáticas, geográficas, personales, sociales, políticas y culturales; sin embargo, tal adaptación es paulatina y no instantánea, el ser humano es flexible pero requiere tiempo para adaptarse. En el caso de la globalización, los cambios tecnológicos –que ya por sí mismos, al permitirnos encontrarnos en tiempo real sin necesidad de desplazarnos, nos exigen una nueva percepción del tiempo y del espacio- se suceden a tal velocidad que el ser humano siempre está rezagado en su proceso de adaptación, lo cual le genera una angustia vital que causa toda clase de escapes, desde la alienación hasta la violencia, desde el frenesí suicida hasta las fármaco-dependencias.

 

27.   Por otro lado, si bien es cierto que vivimos un proceso de homologación de visiones y actitudes -que “ocurre” al darse un intercambio cultural y una asimilación de valores y comportamientos, y que es “impulsada” conscientemente al producirse una nivelación y alienación cultural que depende de los focos que son más potentes o eficaces al emitir signos de valor-, la mayor comunicación entre todos los lugares del planeta manifiesta la pluralidad de la experiencia humana. América Latina y El Caribe es un continente especialmente plural y una escuela de convivencia intercultural; la informática hace más visibles las diferencias y, a la vez, facilita la defensa cultural de muchas comunidades humanas que han sido maltratadas por siglos, aprovechando el aislamiento en el que se encontraban; en este sentido, la informática se convierte en un vehículo que enseña a respetar y a tolerar.

 

b.      Ámbito de los valores familiares

 

28.   El contexto de la globalización repercute de manera significativa en la vida humana, en la conducta sexual, en el rol de la mujer, y en el matrimonio y la familia en general.

 

La vida humana

 

29.    La evolución acelerada que han experimentado diversos campos de la ciencia y la tecnología ha tenido sus luces y sus sombras al aplicarse a diversos ámbitos de la vida humana. La nueva tecnología ha aumentado las expectativas de vida y el tratamiento de enfermedades antes incurables; por otro lado, se plantea el problema de la legitimidad o no de la experimentación en distintos ámbitos como la manipulación de genes humanos, la clonación y el cultivo de embriones con fines terapéuticos, áreas donde se corre el peligro -y en ocasiones ya se ha caído en él-, de utilizar como criterio de acción las posibilidades técnicas antes que la moralidad de tales prácticas.

 

30.   Las campañas para frenar la natalidad, bajo el pretexto de la sobrepoblación de la tierra y de la escasez de alimentos, conformaron el primer movimiento global que desencadenó la amenaza contra la vida humana, camino por el que fueron introducidos los anticonceptivos. Al mismo tiempo, globalmente se reemplazó el término “aborto” por el de “interrupción del embarazo” y, para permitir la manipulación genética, se desplazó, arbitrariamente, el inicio de la vida humana del momento de la concepción al de la anidación.

 

31.  El descenso de la natalidad en numerosos países, como efecto de la globalización de la anticoncepción y del aborto, ha tenido graves efectos como el desequilibrio generacional; la promoción de migraciones, por la oferta de empleos en los países desarrollados y envejecidos; y, un tercer efecto más interior y profundo, la afectación de la conciencia de millones de mujeres que han abortado y que sufren permanentemente por los remordimientos y la indignación. No obstante, se despierta la conciencia de muchos sectores de Iglesia, de la sociedad civil y de algunos políticos y profesionales que se empiezan a movilizar para contrarrestar estos ataques contra la dignidad de la vida humana.

 

La sexualidad

 

32.    En reacción a una cultura en la cual la sexualidad era un tema tabú y en la que se acentuaba su finalidad procreativa, se ha llegado a un concepto banal de sexualidad que promueve la autonomía del instinto y del placer sexual, disociándolo de la función procreativa, del amor, del matrimonio y de la fidelidad. En esta inercia, las “reformas educativas” promovidas en casi todos los países de América Latina y el Caribe han desarrollado una educación sexual con mucha información y poca formación. Asimismo, a través del concepto “políticas de género”, se ha difundido la aceptación social de la homosexualidad y el lesbianismo, de la bisexualidad y transexualidad, como si su situación fuera en todo equiparable a la heterosexualidad.

 

33.   Hay que reconocer, sin embargo, que en algunas sociedades la expansión del SIDA ha provocado una educación acerca del valor de la castidad, de la virginidad y de la fidelidad; y que la Iglesia ha sentido más urgente la necesidad de proclamar el valor de la sexualidad según el plan de Dios, y la toma de conciencia de una pastoral de orientación y acogida a los homosexuales.

 

La mujer

 

34.   La profesional o trabajadora, que sale del hogar por graves necesidades económicas o para realizarse personalmente en el mundo laboral, está generando una nueva imagen de mujer con nuevas condiciones sociales.

 

35.   El hecho de abrir el mundo del trabajo a la mujer, sin consideración de su misión como madre, limita a ésta en la entrega a sus hijos -a quienes debe atender según horarios preestablecidos- y al mismo tiempo la está conduciendo a su agotamiento, pues trata de cumplir como madre y al mismo tiempo intenta sobresalir en el trabajo; este agotamiento redunda en un daño irrecuperable para la mujer y para su familia. En este contexto, muchas organizaciones que trabajan en favor de la mujer tratan de silenciar o de infravalorar la misión de la maternidad, dando como consecuencia que muchas jóvenes, sobre todo universitarias, valoren sobremanera la realización profesional mientras eclipsan la opción de ser madres.

 

36.   No obstante, es conveniente señalar que se está viviendo un proceso positivo en la valoración de la dignidad y capacidad de la mujer gracias al cual se va logrando superar el espíritu machista que no valora el "genio femenino", que reduce a la mujer a los trabajos domésticos y que la excluye de la esfera pública y de funciones directrices de la sociedad. Así pues, se empieza a generar un nuevo modelo de relación entre los sexos: las mujeres son cada vez más conscientes de sus derechos y deberes, y afirman con mayor convicción su propia identidad; a su vez, los varones sienten que también deben redefinir su rol y su lugar en las relaciones humanas.

 

Matrimonio y familia

 

37.   El matrimonio, como compromiso para toda la vida, es cada vez menos asumido; el divorcio se ha introducido prácticamente en todo el mundo occidental, y en muchas otras culturas; y, más grave aún, se va abriendo campo a una cultura de parejas y de encuentros ocasionales con fin procreativo o sin él. La variación más importante se ha dado en la forma de desligar, en tiempo y en significado, el ejercicio de la sexualidad y el matrimonio: cada vez en mayor medida la actividad sexual precede al matrimonio; se pospone el matrimonio o se excluye, sin que por ello se excluya el ejercicio de la sexualidad. De esta manera la secuencia tradicional para formar familia se va alterando progresivamente.

 

38.   La tendencia indica que se camina a una sociedad sin familias estables. Las consecuencias psicológicas y sociales de este problema son enormes: ha crecido la tasa de suicidios entre personas que han sufrido el divorcio; los hijos de padres divorciados tienen una tasa de divorcio que es el doble de los hijos de padres que han sido fieles a su matrimonio; aumenta la drogadicción, el alcoholismo y la delincuencia de los hijos de tales hogares; aumenta el número de madrastras y padrastros, los cuales no siempre logran aceptar a los hijos que provienen de otro matrimonio, etc.

 

39.   La inclusión de las mujeres en el trabajo remunerado y el consiguiente aumento de sus ingresos económicos, les permite, a muchas de ellas, mantenerse por sí mismas y a sus hijos sin necesidad de marido. Pero, en la mayoría de los casos, los niveles de empobrecimiento de los hogares monoparentales, sostenidos por una mujer que está divorciada de su marido, son alarmantes y esta situación influye en la formación de los hijos.

 

c.      Ámbito de la educación

 

40.   Las nuevas tecnologías aplicadas a la educación tienen un enorme potencial pedagógico: permiten un aprendizaje dinámico y facilitan el rápido intercambio de información; estimulan a los alumnos a ser productores de conocimientos, a intercambiar experiencias y a difundir sus ideas; al eliminar las barreras espacio-temporales, se crean nuevas condiciones y entornos para el aprendizaje; la tecnología del espacio virtual compartido, puede estimular el aprendizaje cooperativo e interdisciplinario. Sin embargo, todas estas potencialidades se ven contrarrestadas por los aspectos económicos que dificultan el acceso a dicha tecnología.

 

41.   La consolidación de los procesos democráticos, lo mismo que los avances tecnológicos, la integración entre nuestros países y la globalización de la producción y el consumo, hacen de la educación, hoy más que nunca, un factor clave y decisivo para el desarrollo integral; sin embargo, la educación sigue siendo una de las variables de discriminación y exclusión. La falta de educación, tanto en lo que tiene que ver con cantidades y porcentajes (escolaridad y eficacia terminal) así como en lo que tiene que ver con calidad (valores y tecnologías-punta) es una de las cuatro causas de la pobreza extrema. América Latina está, por tanto, en un proceso de empobrecimiento creciente; la nueva forma de entender y aplicar la economía (economía del conocimiento aplicado) hace que los pobres estén cada vez más alejados de aquellas condiciones que podrían hacerles superar su situación de pobreza y ésta se agrava cada vez más.

 

42.    Muchas veces, en medios empresariales y políticos suele pedirse un fortalecimiento de la educación únicamente para hacer a nuestros jóvenes más competitivos, y al país más apto para insertarse en la economía internacional. Tal petición refleja una visión reductiva, ya que la educación no debe tener como objetivo solamente el hacer más competitivos a los ciudadanos, sino formarlos para que sean impulsadores de un desarrollo humano sostenible, lo cual exige educar en valores.

 

d.      Ámbito de los medios de comunicación social

 

43.   Hemos afirmado ya que el cambio de época que vivimos tiene como una de sus características la irrupción de las nuevas tecnologías; gracias a ellas se han reducido las distancias, se han acelerado los tiempos y se han originado nuevos lenguajes, estéticas y usos sociales. Por eso, cuando se habla de globalización no sólo debemos pensar en la económica, sino también en la globalización cultural favorecida por los medios de comunicación social.

 

44.   La tecnología aplicada a la información, la comunicación y el entretenimiento están creando una nueva cultura. El cine, la radio, la televisión y la red informática (internet), constituyen una de las influencias sociales más expansivas de la historia que repercute, para bien o para mal, en todas las áreas de la vida humana, tanto en los países prósperos, como en nuestros países latinoamericanos.

 

45.  Dependiendo de los intereses de sus propietarios, y de quienes los manejan, pueden ser vehículos de valores y desarrollo humano, o estar al servicio de ideologías deshumanizantes o simplemente al servicio del enriquecimiento personal. Entre estos medios, la radio y la televisión –incluidas las películas de entretenimiento- son los preferidos por el público masivo, generalmente menos habilitado para la lectura de los periódicos y otros medios impresos.

 

1.3.   Repercusiones de la globalización en la pastoral

 

46.   Nada de lo que es propio del ser humano le es ajeno a la Iglesia, las repercusiones de la globalización en la sociedad impactan también su vida y su misión. Sin embargo, hay que destacar que esta situación histórica ha agudizado tensiones que, aunque ya estaban presentes en la pastoral de la Iglesia, cobran hoy relevancia porque las nuevas circunstancias exigen clarificar y discernir caminos nuevos.

 

1.3.1.   Identidad cristiana y mercado religioso

 

47.   El fracaso de la cultura moderna en su pretensión de brindar sentido a la existencia humana y la dificultad pastoral para mantener la identidad cristiana de nuestros pueblos han dado lugar a la búsqueda creciente de alternativas religiosas y han favorecido la aparición de un auténtico supermercado religioso. La expresión religiosa, de no pocos, tiene características holísticas, eclécticas y seculares; ya no está ligada a lo institucional, a lo confesional, responde más bien a la inquietud del sentimiento religioso y poco a la búsqueda de Dios como persona.

 

48.   La exclusividad de que gozaba la Iglesia Católica en ciertos países y regiones comienza a diluirse y su voz pasa a ser una entre otras muchas. Esto ha provocado una tensión que lleva a algunos a tratar de recuperar el pasado, y a otros, a reformular el lenguaje de la fe desde un mundo multicultural y pluricéntrico.

 

 

1.3.2.   Religiosidad popular y evangelización

 

49.   No todas nuestras comunidades han sido suficientemente evangelizadas; el catolicismo real de muchas de ellas se expresa en lo que comúnmente es llamado religiosidad popular, cuya máxima expresión es la devoción a la Virgen María quien da identidad y sentido a los pueblos sojuzgados de América Latina.

 

50.   Ante los desajustes y desestabilización del nuevo contexto, las personas buscan responder a las preguntas vitales: ¿quién soy?, ¿por qué vivo así?, ¿qué me espera? En el proceso evangelizador el reto es valorar las tradiciones, los rituales, los símbolos y mitos de la religiosidad popular para purificarlos y asumirlos de modo que se logre presentar a Jesucristo como el verdadero sentido de la vida y que las expresiones religiosas sean manifestación de una auténtica inculturación del Evangelio.

 

1.3.3.   Particularidad y catolicidad

 

51.  Reconocer la fe de nuestras comunidades en el signo de unidad local, que es el Obispo propio, y en el Pastor Universal, que es el Obispo de Roma, es hacer justicia a este pueblo que ha mantenido su particularidad y su catolicidad, propiedades que se han de destacar ante el fenómeno de la globalización que pretende uniformarlo todo.

 

52.   Es necesario que se promueva en el seno de la Iglesia la mutua estima, respeto y concordia, reconociendo todas las legítimas diversidades. Que la tensión no inhiba nuestra diversidad y que ésta no obstaculice nuestra unidad

 

1.3.4.   Creatividad pastoral

 

53.    La comunidad cristiana no puede ser signo de esperanza en medio de un mundo globalizado si se siguen, por inercia, los mismos esquemas que, aunque loables, fueron vividos en otro contexto histórico; estos esquemas consuelan, pero no engendran cambio alguno. La Iglesia se encuentra ante una alternativa: o anunciar su Mensaje en las formas, esquemas y lenguajes tradicionales; o anunciar el mismo Mensaje en lenguajes nuevos y teniendo en cuenta la simbología de la generación actual. La creatividad es, en este momento, un imperativo impostergable para dar respuesta a las situaciones inéditas que está presentando el tiempo actual.

 

1.3.5.   Ministerialidad y servicios

 

54.   Si bien es cierto que en muchos ámbitos el contexto de globalización genera tensión y exclusión, en el ámbito del diálogo que la Iglesia establece con el mundo, sin negar tensiones que nunca faltan, el reto pastoral es abrir nuevas posibilidades y generar inquietudes de participación y de compromiso, especialmente desde la vocación y misión de los laicos, llamados a asumir su protagonismo en este momento de la historia.

 

55.    La Iglesia, misterio, comunión y misión, se manifiesta en toda su riqueza al asumir y hacer operativa la complementariedad entre los ministerios –sean los conferidos por el sacramento del orden, sean los conferidos de diversas formas a los laicos- y los servicios -sea en ámbitos de especial influencia en la sociedad o en lo ordinario de la vida cotidiana- pues unos y otros se orientan a la edificación permanente de la Iglesia y desde ésta a la construcción del Reino.

 

1.3.6.   Pastoral de masas y pastoral de pequeñas comunidades

 

56.   Secularmente han existido en la Iglesia la tensión entre la pastoral de masas y la pastoral de pequeñas comunidades. Una y otra han contribuido a la evangelización de nuestros pueblos. Si la primera ha permitido el crecimiento numérico de la Iglesia, ha dado carta de ciudadanía a expresiones de inculturación del Evangelio y ha fortalecido la conciencia de pertenencia a la Iglesia de los católicos menos practicantes, la segunda ha propiciado la conversión y la adhesión a Cristo, con la consecuente calidad en el compromiso apostólico.

 

57.   Sin embargo, lo corporativo de la globalización que está imponiendo un horizonte individualista -no personalizado, insensible a lo que acontece localmente, que prescribe lógicas mundialistas cuya dinámica hace creer al pueblo que no es posible el cambio-, lleva a descubrir la pastoral de pequeñas comunidades como una tarea indispensable para la personalización de la pastoral y para potenciar y dar fortaleza a la misma pastoral de multitudes.

 

1.3.7.   La familia nuclear y situaciones irregulares

 

58.   Los cambios recientes han ocasionado, gradualmente, una descomposición del modelo tradicional de familia nuclear que actualmente padece un proceso de desinstitucionalización e individualización, de forma que comportamientos antes considerados desviados han sido en buena medida desestigmatizados, creándose así un nuevo campo de tolerancia hacia las formas alternativas de “convivencia familiar”.

 

59.   En este momento histórico, la Iglesia se pregunta: ¿Qué puede hacer, como madre y maestra, frente a las numerosas familias que viven en situaciones difíciles e irregulares, a fin de que constituyan ámbitos de desarrollo humano y de formación en la fe?

 

2.      Una mirada de Fe: la comunión y la solidaridad

 

60.   La Iglesia tiene la ineludible tarea de mirar desde la fe el cambio de época que se está gestando para leer e interpretar este fenómeno como signo de los tiempos, redescubrir su misión evangelizadora y señalar los modos de realizarla.

 

61.    Nuestra mirada de fe se centra en la Persona de Jesucristo. No hay una fórmula mágica, nos ha recordado S. S. Juan Pablo II, para los grandes desafíos de nuestro tiempo; no es una fórmula la que nos salva, sino una Persona, Jesucristo, a quien hay que conocer, amar y seguir para vivir en Él la vida de comunión trinitaria y transformar con Él, y en comunión y solidaridad con nuestros hermanos, la historia presente hasta su perfección definitiva.

 

62.   Nuestra mirada nos da la ocasión de renovar nuestra confianza en la Alianza que el Señor quiso establecer con nosotros y entre nosotros por el amor, nos permite reconocernos Iglesia comunión, y nos abre al compromiso de ser, como Iglesia, la casa y la escuela de la comunión y de la solidaridad en fidelidad al designio de Dios y en respuesta a las profundas esperanzas del mundo.

 

63.   Desde la centralidad de Jesucristo y desde la comunión y solidaridad que Él quiso establecer por medio de su Iglesia, se ilumina el contexto de la globalización mundial a través de cuatro contenidos teológico-pastorales: la Nueva Alianza de Dios con el mundo a partir de la Encarnación del Verbo; la Iglesia, sacramento de Cristo para una cultura globalizada; una espiritualidad para tiempos de globalización y la mística evangélica que se requiere para la nueva evangelización.

 

2.1.   La Alianza, razón de nuestra Esperanza

 

64.   En medio de un contexto que hace morir tantas esperanzas sabemos que, en Cristo Jesús, la humanidad dio al Padre el sí incondicional e indisoluble a la Alianza; proclamamos que Dios es fiel y que su Alianza es indestructible; tenemos firme la confianza en la victoria de Jesucristo; y en María hallamos la señal más segura de esperanza.

 

2.1.1.   El mal ha sido vencido

 

65. El proyecto de Dios Creador se vio distorsionado por el pecado, pero quiso Él mismo, con su bondad y sabiduría infinitas, revelarse y manifestar el misterio de su voluntad por Cristo, la Palabra hecha carne, quien inauguró, en su propia carne, nuestra redención y santificación (Cfr. 1Cor 1,30); Él venció el mal; Él es el Salvador de todos los hombres y de todos los pueblos; Él ha establecido la nueva y definitiva Alianza.

 

66.    Heredera de una cercanía divina que se fue revelando en el Antiguo Testamento y que encontró su plenitud en la Encarnación del Verbo y su Misterio Pascual (cfr. Jn. 3,16; Fil, 2,6-11), la Iglesia desea que el mundo globalizado se convierta en la diversidad reconciliada donde brille la gloria del Redentor y se realice el Reino de Dios; este Reino que está ya en medio de nosotros “en misterio” y en crecimiento, como una semilla imperceptible, como la levadura en la masa, como el trigo amenazado entre la cizaña. Esta ambivalencia histórica no impedirá la victoria final del Reino (Cfr. I Cor 15,25-28).

 

2.1.2.   Dios es fiel a su alianza

 

67.   Creemos que, a través de la Pascua de su Hijo, Dios Padre nos ha reconciliado consigo y nos ha regalado una existencia redimida (2 Cor 5, 18-21); confesamos que el Espíritu de Dios Padre y del Señor Resucitado ha sido derramado sobre “toda carne” desde el día de Pentecostés (Hch 2, 17) y desde entonces llena la tierra y lleva a cabo la Alianza que abarca a todos los seres humanos y a todos los pueblos; nuestra fe nos lleva a confesar que Dios es fiel y que su Alianza se mantiene.

 

68.  En cada nueva época de su historia, el pueblo de Israel, a través de sus profetas y sabios, hizo una re-lectura de la Alianza, encontrando de esta manera el sentido de lo que vivía; Jesús también invitaba a sus discípulos a interpretar los signos de los tiempos en clave de Alianza. Por nuestra parte, proclamamos que Jesús quiso hacer de su comunidad de discípulos, por medio de su Espíritu, un “memorial permanente” de la Alianza, o sacramento de la Alianza de Dios con su pueblo, y que ella ha de ser también la clave de lectura de nuestro tiempo. Esta fe nos compromete en la globalización de la esperanza, pues creemos que no hay nada que se nos imponga como un destino fatal e ineludible y reconocemos que es nuestra misión luchar contra toda perversión de la Alianza y también aplaudir y bendecir todo lo que la anticipe.

 

2.1.3.   La esperanza no defrauda

 

69.  Los hechos que más nos impactan hoy no siempre manifiestan la salvación, ni la Alianza, ni el Reino de Dios que esperamos; la Alianza es combatida y denegada, allí donde se conculca la justicia, donde se niegan los derechos de Dios y del ser humano, donde se destruye nuestro hábitat, donde resurge la idolatría. No obstante, Jesús Resucitado pone en relación esta vida terrena con la eterna, da sentido a todas las realidades humanas, en especial a las más dolorosas y nos dice: “En el mundo encontrarán dificultades y tendrán que sufrir, pero tengan ánimo, yo he vencido al mundo” (Jn 16, 33).

 

70.   Jesús suscita en nosotros, por medio de su Espíritu, la esperanza que no defrauda, es decir, la confianza en que las dificultades, tantas veces percibidas como insuperables, serán vencidas (Cfr. Rom 8, 18-24). De ahí también la urgencia de ser testigos de la esperanza para nuestros hermanos, de dar razón de nuestra esperanza en medio de una generación que no sabe adónde va; de liberar en nosotros las energías de la esperanza, traduciéndolas en sueños proféticos, acciones transformadoras, e imaginación de la caridad.

 

2.1.4.   María, señal segura de esperanza

 

71.  Toda la vida de María es entrega y cooperación sin condiciones al Espíritu Santo. Su “fiat” permitió la Encarnación del Verbo, esperado por toda la humanidad; por su “fiat” coherente y perseverante María vivió silenciosamente en un pueblo de Palestina y fue probada por la pobreza, la persecución y el exilio; por su “fiat” acompañó a su Hijo Jesucristo en su camino de redención; todo ello la convierte en figura de la Iglesia peregrina en la fe. Nuestra Señora comprende el dolor de los hombres porque lo vivió intensamente y expresó su solicitud maternal, tanto en los problemas personales como sociales (Jn 2,3); ello explica que sea señal segura de esperanza y de consuelo, el punto de referencia que los pueblos de Latinoamérica han tenido para la esperanza y el sostén de sus vidas (Cfr. LG 68).

 

72.   Para demostrarnos su amor, María se ha manifestado mediante muchas y distintas advocaciones a lo largo del Continente, así ha congregado y acompañado a los pueblos latinoamericanos a través de la historia. En un mundo globalizado, la relación de María con el Espíritu adquiere especial relevancia: las diversas manifestaciones de María reflejan la inculturación concreta de los diversos rostros que asume la Iglesia en las culturas y pueblos; ella aglutina a los hombres en la oración y en la esperanza; ella abre a los pueblos el camino de la justicia, de la igualdad y de la responsabilidad; ella es la expresión más completa de nuestra dignidad y de nuestra vocación. De este modo, cuando los padres transmiten a sus hijos la devoción a María los aproximan a la vida del Espíritu, a la vida en la Nueva Alianza.

 

2.2.   La Iglesia, Sacramento de Cristo para una cultura globalizada

 

73.   Un aspecto fundamental de la Encarnación del Hijo de Dios –y, por tanto, de la Alianza- se expresa a través de la categoría de “intercambio”; la expresión “admirabile commercium” nos habla de la comunicación e intercambio entre lo divino y lo humano en la Persona divina de Jesús, de modo que lo humano es asumido por lo divino y lo divino es donado a lo humano. Esta categoría teológica es particularmente importante en nuestro tiempo para iluminar la realidad de nuestro mundo desde la Iglesia de Cristo, la cual promueve la comunión, prolonga el misterio de la Encarnación y lo actualiza por la solidaridad con la luz de su Doctrina Social.

 

2.2.1.   La Iglesia Comunión: catolicidad y localización

 

74.   La Iglesia, nacida de la Alianza nueva que Dios estableció por la Encarnación de su Hijo y su Misterio Pascual (Cfr. LG 9), “aparece como un pueblo reunido en virtud de la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” (LG 4). Ella ha de irradiar el misterio de comunión que brota de la Trinidad en sus diversos niveles: familia, comunidad local y comunidad internacional.

 

75.    Sacramento de unidad universal, la Iglesia se encarna en cada cultura y, desde todos sus niveles, ofrece el mensaje universal y transcultural del Evangelio y asume su tarea de ser casa y escuela de comunión para infundir un estilo “católico” de vivir y convivir. En cuanto comunión católica, la Iglesia tiene la misión de fomentar el intercambio en el nivel universal, promover el diálogo entre las culturas y la justicia entre los Estados, buscando la unidad internacional y la paz mundial.

 

76.   La catolicidad cualifica el intercambio de la Iglesia con el mundo en todos los niveles. El Pueblo de Dios tiene algo que aportar al mundo y algo que aprender de él. Esto exige descubrir el vínculo recíproco por el cual la mundialidad puede ayudar a realizar la catolicidad y ésta puede ayudar a que el mundo sea una “familia de pueblos”. El aporte “católico” puede servir al equilibrio entre la unidad universal y las diversidades particulares.

 

2.2.2.   La Iglesia: prolongación del misterio de la Encarnación

 

77.   La Encarnación del Hijo de Dios, con el admirable intercambio que implica, se prolonga en la historia por medio de la Iglesia, la cual, en su identidad y en su relación con el mundo, está constituida a imagen del Verbo encarnado (LG 8a) y guarda una doble analogía con ese intercambio: lo divino y lo humano se unen en su constitución interior (SC 2), lo eclesial y lo secular se intercomunican en su relación con el mundo (GS 44a).

 

78.  El misterio de la Encarnación actúa y se manifiesta globalmente en la Iglesia universal –“sacramento de la salvación y de la unidad del género humano”– y localmente en cada una de sus iglesias particulares: “Es especialmente en la realidad concreta de cada Iglesia donde el misterio del único Pueblo de Dios asume aquella especial configuración que lo hace adecuado a todos los contextos y culturas. Este encarnarse de la Iglesia en el tiempo y en el espacio refleja, en definitiva, el movimiento mismo de la Encarnación” (NMI 3).

 

2.2.3.   El misterio de la Encarnación se actualiza en la solidaridad

 

79.    En cierto modo, mediante la Encarnación, el Hijo de Dios se ha unido a todo hombre; por esta razón, la Iglesia no puede permanecer insensible a todo lo que sirve al verdadero bien del hombre, como tampoco puede permanecer indiferente a lo que lo amenaza; es así como la solidaridad hace actual el misterio de la Encarnación y adquiere una dimensión global. Sin embargo, Jesucristo se ha identificado especialmente con los más pobres y excluidos; de este modo, podemos afirmar que la opción por los pobres, la solidaridad con ellos, es una dimensión constitutiva de la fe en Jesucristo; “sobre esta página, la Iglesia comprueba su fidelidad como Esposa de Cristo, no menos que sobre el ámbito de la ortodoxia”.

 

80.   La dimensión global que hoy la Iglesia le asigna a la solidaridad también se fundamenta en el mandato misionero de Jesucristo de predicar a todas las gentes y hasta los confines del mundo, y en la conciencia que la Iglesia posee, respecto del alcance mundial que tienen actualmente algunos de los problemas más graves que padece la humanidad y respecto de la responsabilidad que el cristianismo tiene de contribuir con su aporte en la configuración de una cultura donde la dignidad de la persona se salvaguarde y se promueva. De esta manera, la globalización de la solidaridad, que la Iglesia ha de impulsar, colabora a realizar el proceso dinámico de la Encarnación, es decir, colabora a dilatar la presencia del Reino de Dios, ya desde ahora, promoviendo una cultura basada en la justicia, el amor y la paz.

 

2.2.4    Del encuentro con Jesucristo a la solidaridad con todos

 

81.    En Cristo, cada hombre reencuentra no sólo a la divinidad sino también el significado profundo de su propia humanidad; por eso, “el cometido fundamental de la Iglesia en todas las épocas, y particularmente en la nuestra, es dirigir la mirada del hombre, orientar la conciencia y la experiencia de toda la humanidad hacia el misterio de Cristo”; esto es, provocar el encuentro y la experiencia del discipulado para tomar conciencia del valor que posee la dignidad de cada ser humano y para vivir una conversión del corazón que se manifieste en la virtud de la solidaridad con todos los hombres como expresión operante de la caridad.

 

82.    La virtud humana de la solidaridad, al ser vivificada por la gracia y el don de la fe en Cristo, se convierte en fuente de amor fraterno, de perdón y reconciliación (Cfr. Mt 6, 9-15). Para el cristiano, la solidaridad es el ejercicio de la caridad que lo santifica, lo dignifica, y lo hace participar activamente en la construcción de la comunidad.

 

83.    Cuando la solidaridad se establece como un modo habitual de acción que dinamiza las relaciones sociales, podemos decir que la cultura de la solidaridad ha surgido. La solidaridad tiene que trascender las iniciativas meramente momentáneas para que funja realmente como sostén de la sociedad como sujeto; este es el camino para que una cultura y una civilización basadas en el amor sean posibles dentro de la historia; este es el camino para globalizar la solidaridad.

 

2.2.5.   Doctrina Social de la Iglesia y solidaridad

 

84.  Los principios esenciales de la Doctrina Social de la Iglesia deben ayudar a interpretar la realidad y a actuar con eficacia en la promoción de la comunión y la solidaridad para favorecer el proceso de humanización de la globalización.

 

85.    A la base de todo, debe afirmarse la primacía de la dignidad de la persona al interior de los procesos múltiples que constituyen el mundo globalizado. La interconexión entre los diversos principios de la Doctrina Social -solidaridad, subsidiaridad, autoridad, comunión y participación, primacía del trabajo sobre el capital, destino universal de los bienes, justicia social, bien común- posee como sustento las exigencias éticas fundamentales que se desprenden del valor de la persona.

 

86.    Dada la gran importancia del factor económico dentro del complejo fenómeno de la globalización, es necesario dejar claro que un modelo económico que atribuya un papel central y casi redentor a la dinámica del mercado, por encima de la persona, es del todo inadecuado. La Doctrina Social de la Iglesia no reprueba la economía de mercado, pero exige el respeto a la persona humana.

 

87.    Una economía de mercado que colabore en la promoción de la libertad, en el reconocimiento del destino universal de los bienes, en la vigencia del legítimo derecho a la propiedad, en la práctica de una sana competencia, en la solidaridad, y -de fondo- a que la persona crezca en su “ser” y no sólo en su “tener”, con toda seguridad contribuirá al bien que el pueblo requiere, fortalecerá la solidaridad, y será un elemento fundamental para propiciar el desarrollo. Los cristianos debemos trabajar con entusiasmo por crear condiciones de vida donde la riqueza pueda ser creada y distribuida con justicia, sirviendo a todos, y evitando que existan situaciones de exclusión y marginación de cualquier índole.

 

88.   En Latinoamérica y, en general, en el mundo globalizado, la mentalidad de que los resultados económicos son el criterio para el desarrollo se encuentra, aún tal vez sin saberlo, profundamente arraigada en algunos sectores; no obstante, es necesario tener presente que el desarrollo integral que necesita un pueblo no puede ni debe reducirse al puro crecimiento económico, aunque lo incluya.

 

2.3.      Una espiritualidad eclesial para tiempos de globalización

 

89.   En la dinámica de la revelación, nadie puede ser profeta si primero no es testigo; por ello, el principio fundamental de la misión evangelizadora no es otro sino la experiencia del Dios vivo.

 

90.     La emergencia y complejidad de la globalización obliga a una novedosa experiencia de Dios con la conciencia de que Él es capaz de revelarse con nuevos rostros que exigen actitudes inéditas. Para reconocer los fenómenos culturales emergentes como espacios privilegiados de la gracia que libera y como obra del Espíritu que convoca al anuncio y edificación del Reino, conviene subrayar una triple vertiente que ha de acompañar la espiritualidad de nuestro tiempo.

 

2.3.1.   Espiritualidad de la misión

 

91.   Esta vertiente de la espiritualidad nos permite tener conciencia de que la misión que penetra el mundo y la historia no es nuestra, nace en las “entrañas” de Dios Padre que envía al Hijo y, unido al Hijo, envía al Espíritu Santo; a nosotros nos ha sido concedido, por pura gracia, participar en ella. La conciencia de ser llamados y enviados está estrechamente vinculada a la conciencia de ser hijos de Dios, servidores de nuestro Padre y de su proyecto de salvación.

 

92.   La espiritualidad de la misión nos permite mantener firme el rumbo de nuestra vida y acción: el sueño de Dios es la Alianza nueva y definitiva, la instauración de su Reino, la encarnación continuada; cada uno de nosotros ha recibido para ello su propio don o carisma. Finalmente, la espiritualidad de la misión no sólo nos pone en comunión con el misterio trinitario, sino también entre nosotros, pues somos misioneros en la Iglesia, comunidad enviada.

 

2.3.2.   Espiritualidad de la comunión

 

93.   Esta vertiente de la espiritualidad es la que hace mantener la mirada del corazón en el misterio de la Trinidad, fuente de comunión; es la que nos da la capacidad de sentir al hermano en la unidad de la Iglesia, donde los miembros más débiles son los más necesarios (cfr. I Cor 12, 22-26); es la que nos da la capacidad de ver lo que hay de positivo en el otro y valorarlo como regalo de Dios; es la que nos dispone a dar espacio al hermano, llevando mutuamente la carga de los otros (Cfr. Gal 6, 2) y rechazando las tentaciones egoístas que continuamente nos asechan y engendran competitividad, desconfianza y envidia (cfr. NMI 43).

 

2.3.3.   Espiritualidad de la solidaridad

 

94.   La espiritualidad de solidaridad, que postula un mundo con sabor a Reino de Dios y que impulsa a transformar la sociedad, se fundamenta en el amor misericordioso de Dios por la humanidad; encuentra su urgencia en las entrañas de misericordia que sienten en carne propia el dolor del hermano (cfr. Ex 3,8; Os 11,8-9; Lc 10, 29-37). Sin la conciencia de que la solidaridad es un don recibido, pareciera que ésta encuentra su fuente en nuestra propia iniciativa.

 

95.   Esta espiritualidad se expresa como una forma peculiar de vivir el Evangelio en la autodonación al otro, a la manera de la vida trinitaria; así, la espiritualidad y la diaconía son inseparables y se complementan mutuamente, de tal forma, que toda auténtica espiritualidad se confirma en el servicio y todo servicio es nutriente de la espiritualidad cristiana. Por esta razón, normalmente la solidaridad es punto de llegada del encuentro con Cristo, el fruto maduro de la comunión.

 

2.4.   Mística evangélica para la nueva evangelización

 

96.  La tarea evangelizadora, en el contexto de un mundo globalizado, particularmente en América Latina, requiere algunas actitudes básicas que inspiren la búsqueda de una respuesta eficaz a los nuevos interrogantes. Estas actitudes son como la mística evangélica de la evangelización en el contexto actual.

 

2.4.1.   Leer los signos de los tiempos: la nueva contemplación

 

97.   Nuestro Dios es el Dios de la historia, quien, a través de su Espíritu, acompaña y dinamiza la Iglesia que peregrina con toda la humanidad. En medio de esta historia hay interpelaciones de Dios en signos que es necesario saber identificar y leer. Por ello, el cristiano debe estar impregnado de una capacidad de discernimiento que le permita ir identificando la presencia y la voluntad de Dios en medio de la ambigüedad de la historia.

 

98.   El discernimiento exige contemplación, apertura para dejarse sorprender por un Dios a veces imprevisible, uso de las ciencias humanas en orden a un análisis crítico y, sobre todo, capacidad de diálogo y comunión con los pastores para hacer un discernimiento comunitario en el seno de las comunidades eclesiales.

 

2.4.2.   Discernir juntos, nunca solos: humildes ante la verdad

 

99.   Discernir los signos de los tiempos y buscar la mejor respuesta a los desafíos de hoy no es una tarea solitaria sino solidaria; una tarea que implica el debate, la puesta en común de hipótesis, la humildad científica y, sobre todo, la honestidad intelectual en un esfuerzo inter y trans disciplinar. Es cierto que la verdad no siempre coincide con el criterio de la mayoría; pero también es cierto que el aislamiento nos hace más propensos al error.

 

2.4.3.   Aprender de los demás: otra forma de testimoniar la fe

 

100.  La Iglesia, sacramento de un Reino escatológico que tiene una dimensión histórica e inmanente, hace camino en medio de una humanidad peregrina y sabe que no tiene respuesta para todas las situaciones, pero convencida de que es poseída por la Verdad que la sobrepasa infinitamente y desde la cual puede iluminarlas, se ha de sumar a todos los creyentes y personas de buena voluntad en la búsqueda de aquellas respuestas que da el Evangelio a las nuevas preguntas que se presentan. De esta manera, el diálogo y la disposición a aprender de los demás es también testimonio de fe.

 

2.4.4.   Mostrar a Dios más que demostrarlo: la fuerza del testimonio

 

101.    La fe no consiste solamente en el asentimiento intelectual de un conjunto de verdades, sino en un modo de vida al estilo de Jesús. Hoy, más que nunca, la tarea evangelizadora debe estar respaldada por el testimonio. En un mundo globalizado, la carencia y vacío de experiencia de pertenencia convoca a la Iglesia a dar un testimonio de comunión; un mundo fragmentado, insolidario, discriminante y excluyente, desafía a los cristianos a un testimonio de solidaridad.

 

2.4.5.   Inculturación e inserción: pastoral de encarnación

 

102.  Una pastoral de encarnación es la condición para una Iglesia mediadora de la salvación: “lo que no es asumido, no es redimido” (San Ireneo). La inserción del evangelizador y la inculturación permanente del Evangelio, son dos exigencias de una auténtica evangelización.

 

2.4.6.   Valorar y respetar la sociedad plural: espiritualidad del diálogo

 

103.    La imagen del que es infinito y pleno no puede ser agotada en la limitación de cada hombre, varón o mujer, ni en una sola cultura; sino que se expresa en la pluralidad de seres diferentes y en la diversidad cultural. Esto exige saber aceptar y afrontar el conflicto, fruto del encuentro entre diversidades que pueden salir enriquecidas porque respetar y acoger al diferente es acoger al propio Dios, siempre nuevo y sorprendente.

 

2.4.7.   Innovar e innovarse: mentalidad de cambio

 

104.      El dinamismo de la historia y la velocidad de los cambios del contexto actual exigen de los cristianos, no tan sólo un cambio de mentalidad, sino una mentalidad de cambio que impulse a vivir un proceso de conversión permanente. Una auténtica mentalidad de cambio mantiene la conciencia de la provisionalidad de la verdad identificada y abre a una visión prospectiva de la historia en la conciencia de que Dios va siempre adelante. El cambio es algo inherente, tanto a las realidades históricas como a la experiencia de la fe y abrirse a él es la condición para recibir o promover lo nuevo, para hacer historia, particularmente historia de la salvación. Esto implica un permanente cuestionamiento y auto-cuestionamiento un innovar e innovarse también permanentemente.




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