Mensaje de la Asamblea del Secretariado Episcopal de Centro América (SEDAC)


25 de Noviembre, 2016

A nuestros sacerdotes, religiosos y religiosas, agentes de pastoral, pueblo católico, hermanos en la fe cristiana, a todos los centroamericanos, hombres y mujeres de buena voluntad:

 

1. Gracia a ustedes y paz de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo» (Fil 1,2). Los Obispos de Centro América, reunidos en la Asamblea Anual del Secretariado Episcopal de América Central (SEDAC) del 21 al 25 de noviembre en Guatemala, «hemos dado gracias a Dios por todos ustedes, recordándolos sin cesar en nuestras oraciones» (1 Tes 1,2). Nos ha llenado de gozo compartir juntos el camino de fe de nuestra Iglesia de América Central que en medio de las dificultades de la vida se mantiene fiel a Jesucristo y firme en la esperanza del Evangelio.

2. Hemos vivido en esta asamblea una rica experiencia de comunión y de fraternidad, que a través de la oración y la reflexión nos ha hecho gustar una vez más el hecho de ser como Iglesia una «casa y escuela de comunión» (Aparecida, 187) y nos ha impulsado a renovar con alegría nuestro humilde ministerio de «pastores y guías espirituales de las comunidades a nosotros encomendadas» (Aparecida, 188). También nos hemos sentido profundamente estimulados por el Señor en nuestro ministerio profético al visitar la comunidad parroquial de San José Pinula, en donde el P. Hermógenes López Coarchita, párroco de esa comunidad, sufrió el martirio el 30 de junio de 1978 por defender con espíritu evangélico la vida y los derechos de su pueblo.

3. Hemos orado y reflexionado sobre la vida y la misión de la Iglesia en América Central dando gracias al Señor por los abundantes frutos que ha producido entre nosotros el Año Jubilar de la Misericordia recién clausurado, en el que hemos podido renovar bajo la mirada amorosa de Dios nuestras vidas y las de nuestras comunidades con la certeza de «que Dios se inclina hacia nosotros (cf. Os 11,4) para que también nosotros podamos imitarlo inclinándonos hacia los hermanos» (Misericordia et Misera, 16).

I. UNA IGLESIA EN COMUNION CON EL PAPA FRANCISCO

4. Estamos profundamente unidos en comunión de fe y amor con el Papa Francisco, a quien renovamos nuestra fidelidad incondicional y nuestra gozosa gratitud por sus gestos evangélicos que son una palabra de Dios para el mundo, por su esfuerzo pastoral por colocar a la Iglesia en una necesaria dinámica de renovación bajo la acción del Espíritu y por su iluminador magisterio al que nos adherimos fielmente. Por este motivo hemos dedicado mucho tiempo a reflexionar sobre la Encíclica Laudato Si’ y sobre la Exhortación Apostólica Post Sinodal Amoris Laetitia, procurando captar la novedad evangélica de ambas y buscando juntos formas concretas de actualizarlas en Centro América.

5. La Encíclica Laudato Si’ nos exhorta a detener la depredación irresponsable de la creación a causa de intereses económicos egoístas, promover un modelo de producción que asegure bienes naturales para todos y para las generaciones futuras, asumir un estilo de vida más sobrio y vivir según una ética ecológica fundada en el reconocimiento de que todas las criaturas surgidas del amor creador de Dios existen interrelacionadas, por lo que cada una debe ser valorada con afecto y admiración, haciendo inseparables el cuidado de la creación, la justicia social y el compromiso por la paz. Aunque se ha tratado de un fenómeno natural, el paso del huracán Otto en estos días por Panamá, Costa Rica y Nicaragua, nos ha preocupado hondamente y nos ha llevado a orar por las poblaciones afectadas y, al mismo tiempo, nos ha hecho preguntarnos si los efectos de este huracán no se habrían podido mitigar si tomáramos más en serio la doctrina de la Laudato Si'.

6. La Exhortación Apostólica Post-Sinodal Amoris Laetitia es un verdadero evangelio del amor que nos lleva a redescubrir desde Cristo el gozo de amar y la belleza de la vida matrimonial y familiar. Asumimos con gozo el camino pastoral que nos propone el Papa Francisco en esta exhortación y deseamos que todos nos comprometamos a implementarlo en nuestra Iglesia de América Central. Estamos convencidos de que el anuncio del Evangelio no debe ser teórico ni desvinculado de la vida real de las personas y de las familias. Por eso optamos por una pastoral matrimonial y familiar que sin disminuir en nada el ideal de la vida cristiana, haga posible una gradual asimilación de las exigencias del Evangelio (cf. Amoris Laetitia, 38), inspirados por la compasión hacia las personas y las parejas, sobre todo las más frágiles, a quienes queremos acompañar con misericordia y con un discernimiento amoroso que sepa encarnar la verdad evangélica en la vida concreta y ayudarles a integrarse en el gozo de la vida de la Iglesia.

II. ALGUNAS PREOCUPACIONES PASTORALES

7. Hemos dialogado con preocupación pensando en tantos hermanos y hermanas nuestros que se ven obligados a dejar nuestros países buscando un futuro más seguro y más digno. Los centroamericanos que dejan nuestros países como migrantes y los hermanos extranjeros que emigran a tierras centroamericanas o transitan por ellas, ocupan un lugar especial en nuestro corazón de pastores y en el corazón de nuestra Iglesia. «Son hermanos y hermanas que salen expulsados por la pobreza y la violencia» y que caen en «redes que atrapan y destruyen siempre a los más pobres» (Papa Francisco en Ciudad Juárez, 17.2.16). Son presencia viva de Cristo quien se identifica con el migrante (cf. Mt 25,43). Por eso como Iglesia nos hemos preocupado por acompañarlos pastoralmente y ayudarlos materialmente a través de nuestras instituciones eclesiales de caridad, apoyando el esfuerzo de los gobiernos ahí donde ha sido posible. Inspirados por el Papa Francisco, exhortamos a los gobiernos de la región a construir una Centro América «que no gire en torno a la economía, sino a la sacralidad de la persona humana» (Papa Francisco a los Eurodiputados, 24.11.14), creando proyectos nacionales y regionales de atención humanitaria a favor de nuestros migrantes y de los migrantes que llegan a nuestros países, fortaleciendo los proyectos que ya existen para este fin. Que nuestra región sea digna casa habitable en donde nadie tenga necesidad de irse y una casa tan amplia en donde quepan otros hermanos extranjeros que esperan nuestra solidaridad.

8. Hemos compartido con esperanza el avance en algunos de nuestros países en materia de justicia, superando la impunidad en relación con delitos de corrupción en la administración pública. Esto permite crear bases sólidas para una convivencia más humana y pacífica. Nos complace también constatar la presencia solidaria de nuestra Iglesia Católica en Centroamérica denunciando en varios países la explotación injusta e irresponsable de los recursos de la creación. Nos llena de consuelo también la profunda espiritualidad de nuestros pueblos, con la que se aferran a la misericordia del Señor y no pierden la esperanza en medio de situaciones dramáticas de dolor y de pobreza; damos gracias al Señor por el testimonio de fidelidad amorosa de tantos matrimonios y familias, la entrega misionera de nuestros agentes de pastoral y la fe alegre y comprometida de nuestros jóvenes. Sin embargo, seguimos viendo con suma preocupación el progresivo avance del relativismo ético, el doloroso drama de la trata de personas, la violencia que genera el narcotráfico, la imparable desigualdad económica que hiere nuestras sociedades generando nuevas formas de pobreza espiritual y material. Es preocupante también el lamentable retroceso en algunos países en lo que se refiere a los derechos humanos, gobernabilidad y democracia pluralista. Delante de realidades tan complejas y difíciles, invitamos a todos a no perder la esperanza y a testimoniar con la vida la fuerza de la resurrección de Jesús, que «no es algo del pasado» sino «una fuerza de  vida que  ha penetrado el mundo». Sigamos comprometiéndonos por construir sociedades más justas y pacíficas, con la convicción de fe que «donde  parece  que  todo ha muerto, por todas partes  vuelven  a aparecer los  brotes  de  la  resurrección. Es una fuerza imparable» (Evangelii Gaudium, 276), es la fuerza que debe sostener nuestra fe y nuestra misión evangelizadora.

III. UNA MIRADA DE ESPERANZA

9. Con profundo gozo hemos recibido el anuncio del Papa Francisco de celebrar la Jornada Mundial de la Juventud en Panamá en 2019, que tendrá como inspiración evangélica para los jóvenes a la Virgen María, Madre del Señor, a fin de que junto ella y con su intercesión descubran con renovado gozo el don de la vida y de la fe. Hemos decidido apoyar como Iglesia Católica en Centroamérica a la Arquidiócesis de Panamá en la organización y celebración de tan importante evento. Al mismo tiempo invitamos a todos los jóvenes de nuestros países a prepararse con alegría para renovar y celebrar juntos como Iglesia su fe en Jesucristo junto al Papa Francisco en el 2019 en Panamá, redescubriéndo con gozo la verdad del Evangelio acerca de la vida humana y la dignidad de la persona. Es también la gran ocasión para que los jóvenes centroamericanos puedan ofrecer ante el mundo su testimonio de creyentes que forman parte de una Iglesia mayoritariamente joven, alegre y misionera, enriquecida por la sabiduría de los pobres y la sangre de sus mártires. En cada país haremos un camino espiritual con los jóvenes para prepararnos a esta Jornada Mundial de la Juventud y haremos las diligencias necesarias para que los gobiernos de la región faciliten el tránsito entre los países a causa del evento.

10. En esta Asamblea hemos también elegido al nuevo Presidente del SEDAC, Mons. José Luis Escobar, Arzobispo de San  Salvador, y al nuevo Vicepresidente, Mons. Gregorio Rosa Chávez, Obispo Auxiliar de San Salvador. Encomendamos al Señor su servicio al episcopado centroamericano. Al concluir el Año Jubilar de la Misericordia, no se cierra un argumento de estudio o un tema de moda, sino que «es el momento de dejar paso a la fantasía de la misericordia para dar vida a tantas iniciativas nuevas, fruto de la gracia» (Misericordia et Misera, 18). Sepamos salir de nosotros mismos para sostener y ayudar con la misericordia divina a los hermanos que sufren, superando la indiferencia egoísta que nos hace impermeables al dolor ajeno y con la convicción de que «quedarse solamente en la ley equivale a banalizar la fe y la misericordia divina» (Misericordia et Misera, 11). «Que llegue a todos, a través del testimonio de los creyentes, la caricia de Dios» (Misericordia et Misera, 21). Que la Virgen María, Madre de Misericordia y «la discípula más perfecta del Señor» (Aparecida, 266), nos estimule con su ejemplo y nos ayude con su intercesión a construir en Centro América lo que tan bellamente el Papa Francisco ha llamado «la cultura de la misericordia». Escuchémosle a ella, la Virgen de Caná de Galilea, que nos dice: «Hagan lo que él les diga» (Jn 2,5), invitándonos amorosamente a dirigir el corazón hacia las periferias adonde falta el vino de la alegría, de la esperanza y de la dignidad humana y disponernos a seguir constantemente y con decisión alegre a Jesús, «rostro radiante de la misericordia de Dios» (Misericordia et Misera, 22), quien vino no a ser servido sino a servir y a dar la vida por todos (cf. Mc 10,45).

Dado en la Cuidad de Guatemala el veinticuatro de noviembre de dos mil dieciséis.

 

+Domingo Ulloa Mendieta             
Arzobispo de Panamá
Presidente del Sedac

 

+Mons Pablo Varela Server
Obispo Auxiliar de Panamá
Secretario del SEDAC

 

 

 

 

 

 

 

 


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