| “Recordar con gratitud el pasado”
1. En el contexto de la celebración de los cincuenta años del CELAM y en el inicio de un nuevo período de servicio, es preciso hacer memoria, agradecer, celebrar y aprovechar el tesoro de gracia recibido por nuestras iglesias que peregrinan en América Latina y el Caribe desde la celebración del Concilio Vaticano II hasta los más recientes y significativos eventos y documentos eclesiales.
1. El Concilio Vaticano II: evento y espíritu
2. Al iniciar la segunda mitad del siglo XX el Espíritu inspiró a S.S. Juan XXIII para ofrecer a la Iglesia católica, y al mundo, el nuevo don del Concilio Vaticano II; evento que introdujo a la Iglesia en un proceso de discernimiento para reconocer la voluntad del Señor, y espíritu que sigue orientando en la búsqueda de los caminos que conduzcan a la construcción del Reino.
1.1. El evento eclesial y su impacto en América Latina
3. Teólogos y pastoralistas de todo el mundo, contagiados del entusiasmo de Juan XXIII y en comunión con sus respectivos Obispos, bebiendo de la Sagrada Escritura, la Tradición y el Magisterio secular de la Iglesia, llamaron la atención de todo el Pueblo de Dios para atender, entender, reflexionar y valorar los signos de los tiempos en medio de la realidad de aquellos años.
4. Del entusiasmo inicial se pasó a la laboriosidad que exigió superar situaciones problemáticas de esos años, hasta que comenzó a hacerse oír suave, meditada y solemne la voz del Concilio. Viene entonces el momento de la aceptación y ejecución de los Documentos Conciliares. Paulo VI fue la providencia de Dios no sólo para continuar y terminar las etapas del Concilio sino para la puesta en marcha de los primeros pasos, no fáciles, del inmediato post-Concilio. Los frutos conciliares de doctrina y verdad para renovar la fidelidad a Cristo y su Evangelio, son dones que agradecemos y nos impulsan a la acción en el amor. El Concilio Vaticano II clarificó y fortaleció la identidad y misión de la Iglesia universal, y puso las bases para un diálogo permanente con el mundo y para realizar un anuncio creíble de su riqueza: la Buena Nueva, Jesucristo.
5. Los Obispos latinoamericanos, testigos de los gozos y esperanzas, de las angustias y las tristezas de nuestros pueblos, hicieron presente la voz de sus Iglesias particulares en el concierto de la Iglesia universal reunida en Roma con Pedro y bajo Pedro y, testigos de la colegialidad episcopal y portadores de las luces que emanaron de este evento eclesial, se propusieron y llevaron adelante proyectos para reproducir aquella experiencia y para irradiar aquellas luces en nuestro Continente.
1.2. Remar mar adentro en el espíritu del Concilio
6. Nuestras Iglesias particulares de América Latina, guiadas por sus pastores, han continuado cultivando la abundante, y aún no agotada, simiente del Concilio y se han beneficiado de sus frutos. Él ha sido para nuestros pueblos el faro que ha iluminado su peregrinar en los últimos años.
7. Apenas concluido el gran jubileo del año 2000, S.S. Juan Pablo II nos ha invitado a continuar en el empeño de la nueva Evangelización, tarea para la cual contamos con el espíritu del Concilio: “¡Cuánta riqueza, en las orientaciones que nos dio el Concilio Vaticano II!...A medida que pasan los años, aquellos textos no pierden su valor ni su esplendor. Es necesario leerlos de manera apropiada y que sean conocidos y asimilados como textos cualificados y normativos del Magisterio dentro de la Tradición de la Iglesia. Después de concluir el Jubileo siento más que nunca el deber de indicar el Concilio como la gran gracia de la que la Iglesia se ha beneficiado en el siglo XX. Con el Concilio se nos ha ofrecido una brújula segura para orientarnos en el camino del siglo que comienza” (NMI 57).
8. El evento eclesial del Concilio Vaticano II terminó con su clausura, pero su espíritu sigue vivo. Los documentos del Concilio continúan inspirando y orientando la tarea de la Iglesia universal y, por tanto, los esfuerzos de nuestras Iglesias particulares de América Latina. Nuestra memoria quiere ser anámnesis, verdadera celebración cristiana.
2. El Consejo Episcopal Latinoamericano CELAM
9. El Consejo Episcopal Latinoamericano CELAM, nacido apenas unos años antes del Concilio, coherente con su naturaleza y misión, se ha empeñado en asumir las directrices del Concilio y han sido ellas las que han marcado el rumbo de sus tres últimas Conferencias Generales, así como sus planes y programas de servicio a las Conferencias Episcopales nacionales de América Latina y el Caribe. Desde la gracia del Concilio Vaticano II el CELAM ha promovido la comunión eclesial y el espíritu colegial de los Obispos en el Continente.
2.1. Los orígenes
10. En la prehistoria del CELAM es obligación de gratitud recordar la fundación del Colegio Pío Latinoamericano, primera institución del Continente que, establecida en la ciudad de Roma en 1858, sigue prestando un valioso servicio hasta nuestros días; así mismo, la realización del Concilio Plenario Latinoamericano, llevado a cabo en Roma de mayo a junio de 1899, y que tanto aportó a la vida de la Iglesia de América Latina al abrirla al diálogo con el mundo de su tiempo.
11. Ya en la mitad del siglo pasado, cuando aún se hablaba poco de una integración latinoamericana y no se habían creado organismos a este nivel, un grupo de pastores visionarios empezó a establecer contactos en torno a temas pastorales de interés común para América Latina y el Caribe.
12. Entre los antecedentes más inmediatos de nuestro Consejo conviene tener presente el I Congreso Latinoamericano de Educación Católica, efectuado en Bogotá, en 1945; el mismo año en que el Papa Pío XII había consultado a los Obispos del Continente, a través de la Secretaría de Estado, sobre la conveniencia de una reunión episcopal similar a la del Concilio Plenario Latinoamericano. Para entonces, el mundo comenzaba a levantarse de la II Guerra Mundial, lo que marcó un compás de espera.
13. Posteriores encuentros maduraron la idea de integración pastoral de la Iglesia latinoamericana para realizar una tarea evangelizadora más eficaz. Al concluir la I Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, en agosto de 1955, los 96 Obispos participantes expresaron: “La Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, por unanimidad, ha aprobado pedir, y atentamente pide a la Sede Apostólica, la creación de un Consejo Episcopal Latinoamericano”.
14. El Cardenal Adeodato Giovanni Piazza, nombrado por el Papa Pío XII, Presidente de dicha Conferencia, envió el 24 de septiembre de 1955 a los Obispos de América Latina, por encargo del Papa, una carta en la que expresaba: “Su Santidad se ha dignado acoger con benevolencia la petición formulada por la Conferencia General, para formar un Consejo Episcopal Latinoamericano. Igualmente, el Augusto Pontífice ha accedido a aprobar, en sus líneas generales, los puntos contenidos en el proyecto de la Conferencia”.
15. En el momento de la convocación del Concilio, el CELAM vivía su primer quinquenio de servicio y durante su realización continuó prestando su servicio de reflexión y animación pastoral. Con motivo de los diez años del CELAM, en 1965, Paulo VI indicaba que la fe del pueblo latinoamericano debería alcanzar todavía una plena madurez de desarrollo, y que los pastores deberían tener sus ojos abiertos ante el mundo porque el mundo cambia y se necesita saber satisfacer sus exigencias crecientes e interpretar las nuevas instancias.
2.2. Las cuatro Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano
16. El CELAM, a lo largo de cincuenta años, ha favorecido procesos de evangelización y servicio eclesial; su acción se ha visto especialmente estimulada por la presencia y el mensaje del Santo Padre que, en la persona de Paulo VI primero y de Juan Pablo II después, ha dejado sentir su cercanía y su palabra orientadora en todos los países de nuestro Continente. Durante este período reconocemos y agradecemos el paso del Espíritu a través de nuestras iglesias, experiencia que ha tenido momentos especiales en las cuatro Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano, en cuyas tres últimas ha estado presente el Papa, Paulo VI en Medellín y Juan Pablo II en Puebla y Santo Domingo, marcando directrices y estimulando la labor de nuestros pastores.
2.2.1. Río de Janeiro
Primera Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, Río de Janeiro, Brasil, del 25 de julio al 4 de agosto de 1955
17. La Primera Conferencia General del Episcopado reconoce el rico patrimonio de fe de América Latina y, a la vez, la necesidad de una más amplia y profunda evangelización.
18. Con el fin de difundir la fe y de que ésta informe integralmente el pensamiento, las costumbres y las instituciones de nuestro Continente, la Conferencia considera indispensable un clero numeroso, virtuoso y apostólico. La escasez de sacerdotes es analizada como uno de los principales problemas y se hace un llamado para que la obra de las vocaciones sacerdotales se considere en todas las diócesis como la obra fundamental e inaplazable. Con similar preocupación se abordan los temas del clero nacional, de los religiosos y de las religiosas.
19. Junto con la campaña vocacional, Río de Janeiro llama a emprender una labor más intensa y profunda de instrucción y educación religiosa para no perder la rica herencia de fe del Continente. En esta línea trata de la organización de la cura de almas, de los medios especiales de propaganda, del protestantismo y movimientos anticatólicos, y de la defensa de la fe.
20. Ya desde esta primera Conferencia, los Obispos describían el panorama social de nuestro Continente y advertían que, no obstante el cúmulo de bienes que la Providencia había depositado en él, no todos disfrutaban de tan rico tesoro y ya muchos de sus habitantes vivían en una situación angustiosa. Desde esta perspectiva trataron los problemas sociales; las misiones, indios y gente de color; los inmigrantes y gente del mar. Desde la Doctrina social de la Iglesia llamaban a una triple tarea de iluminación, educación y acción.
2.2.2. Medellín
La Iglesia en la actual transformación de América Latina a la luz del Concilio.
Segunda Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, Medellín, Colombia, 26 de agosto al 7 de septiembre de 1968
21. La Segunda Conferencia General del Episcopado latinoamericano centra su atención en el hombre, consciente de que para conocer a Dios es necesario conocer al hombre y de que a éste se le conoce en Cristo.
22. La reflexión se encamina hacia la búsqueda de una nueva y más intensa presencia de la Iglesia en la actual transformación de América Latina, a la luz del Concilio Vaticano II.
23. Tres grandes áreas, sobre las que recae nuestra solicitud pastoral, fueron abordadas en relación con el proceso de transformación del Continente. En primer lugar, el área de la promoción del hombre y de los pueblos hacia los valores de la justicia, la paz, la educación y la familia. En segundo lugar, se atendió a la necesidad de una adaptada evangelización y maduración en la fe de los pueblos y sus élites, a través de la catequesis y la liturgia. Finalmente, se abordaron los problemas relativos a los miembros de la Iglesia que requieren intensificar su unidad y acción pastoral a través de estructuras visibles, también adaptadas a las nuevas condiciones del Continente.
24. La Conferencia de Medellín consideró que el compromiso más urgente era purificar, en el espíritu del Evangelio, a todos los miembros e instituciones de la Iglesia Católica y superar la separación entre la fe y la vida, porque en Cristo Jesús lo único que cuenta es la fe que obra por medio del amor.
2.2.3. Puebla
La Evangelización en el presente y en el futuro de América Latina
Tercera Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, Puebla, México, 27 de enero al 13 de febrero de 1979
25. La Tercera Conferencia General centra su atención en la Evangelización en el presente y en el futuro de América Latina.
26. Los Obispos, con ojos de fe y corazón de pastores, realizan una visión histórica, sociocultural y eclesial de las tendencias de su tiempo y, a la luz de Evangelii Nuntiandi, se preguntan: ¿cuál es el designio de salvación que Dios ha dispuesto para América Latina?, ¿cuál es el camino de liberación que Él nos depara? La respuesta que encuentran y proclaman es que Dios nos llama en América Latina a una vida en Cristo Jesús.
27. Puebla señala los derroteros de la Evangelización en América Latina y los inscribe en el espíritu de la comunión y la participación que debe distinguir a sus centros, a sus agentes y a sus medios.
28. Al subrayar que el Espíritu del Señor sigue impulsando a su pueblo en la historia para discernir los signos de los tiempos y descubrir los más profundos anhelos y problemas de los seres humanos, los Obispos proclaman su opción por los pobres y los jóvenes, ellos son reconocidos como la riqueza y la esperanza de la Iglesia en América Latina y su evangelización se presenta, por tanto, como prioritaria.
29. Puebla señala también la importancia de la evangelización de la cultura y el trabajo pastoral con los constructores de la civilización del amor, por ello llama a una acción con los constructores de la sociedad pluralista y a una acción por la persona en la sociedad nacional e internacional.
30. Bajo el dinamismo del Espíritu, Puebla opta por una Iglesia sacramento de comunión y participación, una Iglesia servidora y misionera, que debe asumir la planificación pastoral como camino práctico para realizar sus opciones pastorales. Todo ello hará posible una participación libre y responsable, en comunión fraterna y dialogante para la construcción de la nueva sociedad verdaderamente humana y penetrada de valores evangélicos.
2.2.4. Santo Domingo
nueva evangelización, Promoción Humana, Cultura Cristiana
“Jesucristo, ayer, hoy y siempre”
Cuarta Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, Santo Domingo, República Dominicana, 12 al 28 de octubre de 1992
31. Después de Puebla se intensificó la reflexión sobre la evangelización de la cultura y, en el contexto de la celebración del V Centenario del inicio de la Evangelización de América, se convocó a la Cuarta Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, donde la nueva evangelización propuesta por el Santo Padre fue interpretada como inculturación del Evangelio.
32. Los pastores, reunidos en Santo Domingo, recogen y actualizan la rica historia del pasado y, mediante su documento conclusivo, ofrecen una palabra de esperanza.
33. Santo Domingo tomó como eje de su reflexión la opción radical por Jesucristo, Evangelio del Padre, Evangelizador viviente en su Iglesia, Vida y esperanza de América Latina y el Caribe.
34. Desde un mensaje renovado de Jesucristo, los Obispos se comprometen a procurar la nueva evangelización, que implica la renovación pastoral de la Iglesia; la Promoción Humana, que exige una respuesta a los nuevos desafíos; y la Cultura Cristiana, que requiere la inculturación del Evangelio, especialmente en la cultura urbana y tomando en cuenta los medios de comunicación social.
2.3. Algunos frutos del camino recorrido
35. A partir de su nacimiento y hasta el momento presente, han sido numerosos los señores Obispos quienes, con sus claros e inspirados conocimientos e intuiciones, involucrando sus mejores habilidades, y, sobre todo, mediante sus actitudes ejemplares de caridad pastoral, han contribuido a la consolidación y desarrollo de la misión del Consejo Episcopal Latinoamericano, tarea en la cual no han faltado las dificultades que han exigido un redoblado esfuerzo y una mayor confianza en el Señor que construye la casa y da sentido a la labor de los albañiles (Cfr. Sal 127, 1).
36. Gracias al servicio del CELAM, hoy podemos agradecer, de forma especial, el espíritu colegial que se ha desarrollado entre nuestros pastores; por su contribución se va consolidando una comunión afectiva y efectiva que se puede reconocer en las relaciones fraternas, en el rico intercambio de experiencias, en la respetuosa reflexión participativa, en el apoyo solidario, y en la búsqueda e implementación de líneas pastorales y acciones conjuntas.
37. Al mismo tiempo, es necesario reconocer que el CELAM no solamente ha organizado las tres últimas Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano, sino que se ha empeñado en promover, animar y acompañar a las Conferencias Episcopales Nacionales de América Latina en la realización de las grandes líneas pastorales propuestas por las cuatro Conferencias Generales.
38. Aún conscientes de que no son pocas las líneas pastorales de Río de Janeiro, Medellín, Puebla y Santo Domingo que aún no se hacen operativas en varias de nuestras Iglesias Particulares, desde el CELAM hoy podemos agradecer, celebrar y aprovechar abundantes frutos, de entre los cuales podemos destacar: la proyección de la misión ad gentes desde América Latina; la organización y desarrollo de algunas pastorales específicas; las diversas publicaciones que están impulsando la acción pastoral de muchos agentes de pastoral e inspirando la formación de otros; el impulso de organizaciones latinoamericanas como la Confederación Latinoamericana de Religiosos, CLAR; la Organización de Seminarios Latinoamericanos, OSLAM; y la misma Pontificia Comisión para América Latina -CAL-, creada en 1958.
3. Los más recientes y significativos eventos y documentos eclesiales
39. Peregrinos en el conjunto de la Iglesia Universal sabemos que el Señor está con nosotros todos los días hasta el fin del mundo y que su Espíritu no deja de actuar a lo largo de la historia, por ello es justo y necesario reconocer los dones que el Señor nos ha otorgado a través de los más recientes y significativos eventos y documentos eclesiales.
3.1. Asamblea especial del Sínodo de los Obispos para América
40. Del 16 de noviembre al 12 de diciembre de 1997 se realizó, por convocación del Papa Juan Pablo II, en la ciudad del Vaticano, la Asamblea especial del Sínodo de los Obispos para América, con la finalidad de contribuir a la unidad de los pueblos del Continente e impulsar un espíritu solidario.
41. El 22 de enero de 1999, el propio Papa Juan Pablo II ofreció, desde la Basílica de N. S. de Guadalupe, en la ciudad de México, la exhortación apostólica postinodal Ecclesia in America, sobre el Encuentro con Jesucristo Vivo, camino para la conversión, la comunión y la solidaridad en América.
42. El documento convoca a todos los pueblos de América a procurar el Encuentro con Jesucristo Vivo en el Hoy de América, y destaca que tal encuentro se realiza en tres lugares privilegiados: la Palabra de Dios, especialmente los Evangelios; la Liturgia, especialmente la Eucaristía; y la Persona humana, especialmente los más pobres. Este Encuentro con Jesucristo se propone como el camino para la conversión, la comunión y la solidaridad.
43. La exhortación subraya, a lo largo de todo su contenido, que la Iglesia en América está llamada a anunciar que la conversión consiste en la adhesión a la persona de Jesucristo; está convocada a ser signo vivo de una comunión reconciliada y a ser portadora de un mensaje permanente de solidaridad.
44. Tanto la celebración de la Asamblea -en cuanto experiencia de encuentro-, como el documento con el cual nos enriqueció el Papa, nos han confirmado que la Evangelización de América no es sólo un don del Señor, sino también fuente de nuevas responsabilidades. Agradeciendo al Señor lo que hasta ahora ha realizado por medio del CELAM, tenemos que escuchar el llamado a un renovado esfuerzo de comunión y solidaridad continental.
3.2. El Jubileo del año 2000
45. Guiados por S. S. Juan Pablo II y con la mirada puesta en el misterio de la Encarnación del Hijo de Dios, nuestra Iglesia Latinoamericana, en comunión con la Iglesia Universal, se preparó para cruzar el umbral del tercer milenio con el Jubileo del año 2000.
46. La carta apostólica Tertio Millennio Adveniente exhortó y orientó la preparación remota y próxima de este gran acontecimiento. El CELAM encontró en este documento una de las fuentes que alimentaron su tarea durante los dos últimos períodos. Desde esta carta se inspiraron diversas iniciativas que fueron otros tantos canales de gracia para muchas personas y comunidades de nuestro Continente, y del mundo, al favorecer la contemplación de la Trinidad y dinamizar la fe, la esperanza y la caridad cristianas.
47. La bula Incarnationis Mysterium, por la cual el Papa Juan Pablo II convocó al gran jubileo del año 2000, nos confirmó la invitación a la gran fiesta nupcial que se inició con la navidad de 1999 y que se clausuró con la epifanía de Nuestro Señor Jesucristo el 6 de enero de 2001. De este modo la navidad fue el corazón palpitante del año santo que introduciría en la vida de la Iglesia la abundancia de los dones del Espíritu para una nueva evangelización.
48. La peregrinación, que nos recuerda la condición en la que vive la Iglesia; la puerta santa, que evoca el paso que cada cristiano está llamado a dar del pecado a la gracia; y la indulgencia, en la que se manifiesta la plenitud de la misericordia del Padre, fueron otros tantos signos de la Tradición de la Iglesia que fortalecieron la fe de nuestras comunidades.
49. El Pueblo de Dios también fue llamado a abrir su mente para reconocer otros posibles signos de la misericordia de Dios: la purificación de la memoria, para reconocer las faltas cometidas por quienes han llevado y llevan el nombre de cristianos; la caridad, que abre los ojos a las necesidades de quienes viven en la pobreza y la marginación, y que llama a una nueva cultura de la solidaridad y cooperación internacionales; y la memoria de los mártires, que nos permite tener presente el testimonio del anuncio del Evangelio a lo largo de la historia.
50. Estos signos nuevos, y los que ya forman parte de la Tradición de la Iglesia, toman rasgos específicos en nuestro Continente, comprometen nuestra fe de cada día y nos dan la oportunidad de vivir un canto de alabanza y una ofrenda agradables al Padre. Desde América Latina reconocimos nuestra falta como cristianos, nos abrimos a la caridad para dar desde nuestra pobreza y favorecer la solidaridad, y al tener presente la memoria de nuestros mártires nos fortalecemos por su testimonio para mantenernos firmes en la fe y dispuestos a dar razón de nuestra esperanza.
3.3. Novo Millennio Ineunte
51. “Al comienzo del nuevo milenio...se abre para la Iglesia una nueva etapa de su camino” (NMI 1). Estamos llamados a “aprovechar el tesoro de gracia recibida, traduciéndola en fervientes propósitos y en líneas de acción concretas...Es, pues, el momento de que cada Iglesia, reflexionando sobre lo que el Espíritu ha dicho al Pueblo de Dios en este especial año de gracia, más aún, en el período más amplio de tiempo que va desde el Concilio Vaticano II al Gran Jubileo, analice su fervor y recupere un nuevo impulso para su compromiso espiritual y pastoral...” (NMI 3).
52. A partir del Encuentro con Jesucristo, herencia del Gran Jubileo, el Papa Juan pablo II, en la Exhortación Novo Millennio Ineunte, nos invita a contemplar el rostro de Jesucristo y a caminar desde Él para ser testigos del amor.
53. Hemos recibido gracia tras gracia en nuestro Continente en comunión con la Iglesia Universal, y con ella hemos sido invitados a “remar mar adentro”, a caminar con esperanza en el nuevo milenio que se abre ante la Iglesia como un océano inmenso en el cual hay que aventurarse contando con la ayuda de Cristo y con la compañía de la Santísima Virgen María.
46. La carta apostólica Tertio Millennio Adveniente
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