Desafíos de la Realidad Latinoamericana
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Mons. Luis Augusto Castro, presentó desafíos a la realidad latinoamericana


Monseñor Luis Augusto Castro Arzobispo de Tunja-Colombia, en el Encuentro con Misioneros Fidei Donum, celebrado en Bogotá del 7 al 11 de Febrero de 2011, presentó una serie de desafíos a la Misión Continental. Compartimos con los lectores estos desafíos, en forma de entregas semanales.

Con cuánto gusto he aceptado encontrarme con ustedes, misioneros Fidei Donum provenientes de Europa, para este encuentro sobre desafíos y urgencias de la misión ad gentes en nuestro continente.

Vivir el Evangelio en tierra ajena

El primer desafío lo tienen todos ustedes llamados a vivir el evangelio en tierra ajena, en la otra orilla, más allá de sus fronteras.

Es un desafío muy bello pero también difícil.  Es el desafío fundamental que debe enfrentar todo misionero allí donde es enviado: Amar la gente, su cultura, su lengua, su historia, sus proyectos.

Estar dispuesto a “perder” tiempo con la gente

Para ello, es necesario que al comienzo, y quien no lo haya hecho lo puede hacer también posteriormente, se esté dispuesto a  perder tiempo con la gente, antes de cualquier otra cosa. Perder tiempo quiere decir saber estar con la gente, empezar a gustar su modo de vida, escucharlos con paciencia, empezar a sentirse como en la propia casa.

Más de un misionero fracasa sencillamente porque no empezó por ahí, por “perder” ese tiempo que se le pedía. Llega a su comunidad con la ansiedad de demostrar que sabe mucho, que es capaz de transformar la situación, que va a generar cambios inmediatos ante lo inaceptable que percibe. En pocas palabras, que vino a “no perder tiempo”, que quiere cuanto antes enviar un Email a los suyos diciéndoles: “Al fin esto está mejorando con los cambios radicales que yo introduje”.

Si así procede, no sólo se le escapa lo mejor de todo, la gente y sus valores sino que muy pronto se cansa y,  al no lograr lo que quería, empieza a albergar un resentimiento con la misma gente que le impide ser signo del amor de Dios entre aquéllos a los que fue enviado.

Amar la gente y su cultura

Amar la gente, su cultura, su historia, su lengua no significa pedir que se absolutice esa cultura, que se le considere perfecta, que no le vea defectos. Sólo que antes de empezar a denunciar defectos desde fuera, es mejor que se sienta acogido y también escuchado desde dentro.

La Misión ad gentes: vigía que mira hacia delante

Este encuentro tiene una óptica especial: la misión ad gentes. Pero no es solamente una óptica de este encuentro sino de la Iglesia misma. La misión ad gentes es “el horizonte hermenéutico que da las claves de interpretación  de nuestras situaciones pastorales” (Calvo P.2004,156). Diría, en forma más sencilla, que la misión ad gentes es como el vigía que mira hacia adelante.

Cuando Colón hacía su primer viaje, al no encontrar nada, se vio en grave peligro de una rebelión y hasta de la muerte. Pero allá arriba en la atalaya de la nave había un hombre que miraba a los lejos. Lo alimentaba la mística de los ojos abiertos. A un momento dado gritó: “Tierra, tierra” y apareció un nuevo mundo, un gran desafío al primer anuncio del evangelio.

La misión ad gentes es ese vigía que siempre otea el horizonte, buscando las oportunidades para desembarcar con el primer anuncio del evangelio. El horizonte no es solo geográfico ni tampoco puramente cultural. Además de los pueblos están los corazones a la espera de recibir ese primer anuncio de Jesús.

 Reunir a los hijos dispersos

Jesús decía a sus apóstoles: “Miren los sembrados, pues ya están maduros para la cosecha.” (Jn 4,35). La cosecha quiere decir recogerlos en la unidad. Es el reunir a los hijos de Dios dispersos. Hay tantos pueblos y tantos corazones maduros para la cosecha. Están en la otra orilla pero maduros para recibir el primer anuncio de Jesús.

La Misión ad gentes: vanguardia de la evangelización

La misión ad gentes fuera de ser vigía es también vanguardia, es decir, la primera en llegar, a la manera de Pablo que quería llegar antes que cualquier otro a anunciar el evangelio.

El capítulo 7 de Aparecida cuando habla de la misión ad gentes nos hace una triple invitación:

La primera invitación es a ser vigías y a ser vanguardia de la evangelización:

“Para no caer en la trampa de encerrarnos a nosotros mismos, debemos formarnos como discípulos misioneros sin fronteras, dispuestos a ir “a la otra orilla”, aquélla en que Cristo no es aún reconocido como Dios y Señor y la iglesia no está todavía presente” (DA 376)

Formación de vigías

La segunda es una invitación a formarnos como vigías: “Los discípulos quienes por esencia somos misioneros en virtud del bautismo y la confirmación, nos formamos con un corazón universal, abierto a todas las culturas y a todas las verdades, cultivando nuestra capacidad de contacto humano y de diálogo. Estamos dispuestos, con la valentía que nos da el Espíritu, a anunciar a Cristo donde no es aceptado, con nuestra vida, con nuestra acción, con nuestra profesión de fe y con su Palabra” (DA 377)

 Destinatarios del primer anuncio

La tercera invitación es a dirigir nuestra mirada de vigía hacia los destinatarios del primer anuncio: “Los verdaderos destinatarios de la actividad misionera del pueblo de Dios no son sólo los pueblos no cristianos y las tierras lejanas sino también los ámbitos socioculturales y, sobre todo, los corazones” (DA 375)

 Podríamos decir muchas otras cosas de la Misión ad gentes, la encargada de que la Iglesia no desaparezca sino que vaya haciéndose presente continuamente en las nuevas situaciones socioculturales. Pero lo dicho es apenas una necesaria y suficiente introducción para pasar al tema más específico de los desafíos y urgencias de la misión ad gentes en América Latina.

Las cuerdas de la Misión ad gentes

Quisiera introducir el tema recordando escenas caseras. Las señoras suelen amarrar una cuerda entre una pared y la otra, para secar la ropa. Amarrada la cuerda, cuelgan en la misma la gran diversidad de vestidos e indumentos para que el sol  haga su trabajo.

Voy a proceder como las amas de casa. Quiero tender no sólo una sino varias cuerdas y en las mismas colocar todos esos elementos que considero deben ser tenidos en consideración por ser grandes desafíos e inclusive urgencias.

Próxima entrega: La cuerda de la vida. La vida de los latinoamericanos.







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