Desafíos a la Misión: La filiación
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Aparecida nos ha pedido que usemos el método ver, juzgar y actuar.


Segundo desafío:

La filiación

Monseñor Luis Augusto Castro

Arzobispo de Tunja - Colombia

Aparecida nos ha pedido que usemos el método ver, juzgar y actuar. Pero insiste en que nuestro ver debe ser el de un discípulo misionero que tiene ojos de fe.

Podría decir que el segundo desafío es la dignidad humana. Pero sucede que cuando nos preguntamos por qué un discípulo defiende con tanta energía la dignidad humana nos remontamos a los fundamentos últimos: su filiación, su ser hijo de Dios y, como tal, alguien que le pertenece a Dios. La filiación es la expresión más genuina de la dignidad humana. Esta verdad la hemos recibido de manera especial de Jesús.

Dice Aparecida: “Jesucristo es el que revela el amor misericordioso del Padre y la vocación, dignidad y destino de la persona humana” (DA 6).

Obviamente cuando usamos un lenguaje secular o puramente civil nos referimos a la dignidad humana, como procedió tantas veces Juan Pablo II, pero cuando debemos explicitar el fundamento de esa dignidad, no podemos no referirnos a la filiación que le da un sentido mucho más pleno a cada ser humano y al anuncio que hacemos de Jesús.

Así lo explica Aparecida:

En el rostro de Jesucristo muerto y resucitado, maltratado por nuestros pecados y glorificado por el Padre, en ese rostro doliente y glorioso, podemos ver, con la mirada de la fe, el rostro humillado de tantos hombres y mujeres de nuestros pueblos y, al mismo tiempo, su vocación a la libertad de los hijos de Dios, a la plena realización de su dignidad personal y a la fraternidad entre todos. La iglesia está al servicio de todos los seres humanos, hijos e hijas de Dios.” (DA32)

Ahora, no se trata de que yo haga aquí una lista de todas las indignidades que se cometen empezando por las terribles masacres en nuestro país, sino que ustedes identifiquen esas indignidades allí donde han sido enviados, para poder encuadrar ese dolor tan grande de quien ha sido pisoteado injustamente, en el marco más amplio y esperanzador de la pasión, muerte y resurrección de Cristo.

Salomón le decía al Señor: “Dame un corazón que sepa escuchar”. Que bello que hagan ustedes esa opción de escuchar creativamente a quienes han sido maltratados en su dignidad personal.

Próxima entrega: “Tercer desafío: Favorecer el encuentro amoroso, personal y comunitario con Jesucristo vivo

   







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