Caminando hacia el Sínodo
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Mons. José Grullón, comparte su experiencia del Sínodo en cuatro entregas.


La próxima Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, tendrá lugar del 7 al 28 de octubre de 2012, en Roma y tiene como tema «La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana» Ha sido convocada por el Papa Benedicto XVI con motivo de los 50 años del Concilio Vaticano Segundo y de los 20 años del Catecismo de la Iglesia Católica. Durante este sínodo se hará el lanzamiento del “AÑO DE LA FE”.


De cada país participa un número determinado de obispos, elegidos por cada Conferencia Episcopal, y en número según la cantidad de obispos de cada país. En República Dominicana sólo le corresponde participar un obispo, y el delegado es un servidor. Todos los obispos de América Latina, que participaremos en el sínodo, fuimos convocados por el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM, www.celam.org) a un encuentro los días 27-29 de Julio en Bogotá, donde contamos con la participación de  Mons. Nikola Eterović, Secretario General del Sínodo de los Obispos. 


Hubo una consulta a todas las diócesis del mundo por medio de un documento llamado “lineamenta”, las respuestas de todas las conferencias episcopales, incluida la dominicana, dieron origen a otro documento llamada “Instrumentum Laboris”. A partir de este documento se harán las intervenciones en el Sínodo y luego en los grupos llamados “círculos menores” se redactan las proposiciones. Los participantes se llaman Padres Sinodales. Con las propuestas de los padres sinodales el Santo Padre redacta un documento a toda la Iglesia Universal llamada “Exhortación Apostólica Postsinodal…” que sirve de inspiración y de directrices a todo el trabajo de la Iglesia Univeral.


 Este sínodo es nuestro, de toda la Iglesia, comencemos a prepararlo pidiéndole al Señor: “Auméntanos la fe” (Lc 17,5). Es la súplica de los Apóstoles al Señor Jesús al percibir que solamente en la fe, don de Dios, podían establecer una relación personal con Él y estar a la altura de la vocación de discípulos. La fe es indispensable también para realizar los signos de la presencia del Reino de Dios en el mundo. La higuera seca hasta las raíces sirve a Jesús para dar coraje a los discípulos: “Tengan fe en Dios. Yo les aseguro que quien diga a este monte: ‘Quítate y arrójate al mar’ y no vacile en su corazón sino que crea que va a suceder lo que dice, lo obtendrá” (Mc 11,22-24). También el evangelista Mateo subraya la importancia de la fe para cumplir grandes obras. “Yo les aseguro: si tienen fe y no vacilan, no sólo harán lo de la higuera, sino que si aun dicen, a este monte ‘Quítate y arrójate al mar’, así se hará” (Mt 21,21).


El problema de la evangelización es la falta de fe. Algunas veces el Señor Jesús reprocha a “los Doce” porqué tienen poca fe. A la pregunta sobre porqué no han logrado expulsar al demonio, el Maestro responde: “Por su poca fe” (Mt 17,20). En el mar de Tiberíades, antes de calmar la tempestad, Jesús amonesta a los discípulos: “¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe? (Mt 8,26). Ellos deben entregarse confiadamente a Dios y a la providencia, y no preocuparse por los bienes materiales. “Pues si la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al horno, Dios así la viste, ¿no lo hará mucho más con ustedes, hombres de poca fe?” (Mt 6,30); cf. Lc 12,28). Lo mismo les dice Jesús antes de la multiplicación de los panes: “Hombres de poca fe, ¿por qué están hablando entre ustedes de que no tienen panes? ¿Aún no comprenden, ni se acuerdan de los cinco panes, de los cinco mil hombres, y cuántos canastos recogieron?” (Mt 16,8-9).


Este sínodo nos va a recordar que en la Iglesia no hay seguridades; que la única seguridad es el Señor, pues caminamos en este mundo sobre las aguas. Pidámosle a Jesús: “Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti sobre las aguas” (Mt 14,28). En un primer momento, Pedro camina sin dificultad sobre las aguas, acercándose hacia Jesús. “Pero, viendo la violencia del viento, le entró miedo y, como comenzara a hundirse, gritó: ‘¡Señor, sálvame!’ ”. E inmediatamente Jesús “tendiendo la mano, le agarró y le dice: ‘Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?’ ” (Mt 14,30-31). Jesús y Pedro suben juntos a la barca y el viento amaina. Los discípulos, testigos de esta grande manifestación, se postran delante del Señor y hacen una profunda profesión de fe: “Verdaderamente eres Hijo de Dios” (Mt 14,33).


Hoy también hay muchos fieles que piensan como Pedro que se están hundiendo, a raíz de la poca fe, de la vida sacramental y de la praxis cristiana, del alejamiento de muchos, del poco entusiasmo, del cansancio, del miedo frente a situaciones bastante complejas del mundo actual. La salvación, tanto para Pedro como para los fieles, considerados personalmente y como miembros de la comunidad eclesial, proviene solamente del Señor Jesús. Sólo Él puede tender la mano y guiar hacia el lugar seguro en el camino de la fe.


No tengamos miedo, el Señor ha fundado su Iglesia sobre la roca que es Pedro. “yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca. Y tú, cuando hayas vuelto, confirma a tus hermanos” (Lc 22,32). Todavía una vez más se abrirá ante todos nosotros “la puerta de la fe” (Hch 14,27).

   


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