Los peregrinos se congregan en la Basílica de Guadalupe
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Sentido homenaje del cardenal Marc Ouellet en la Vigilia Mariana


Con la manifestación de Guadalupe, toda la América disipó  las tinieblas de la ignorancia, de la superstición y del miedo


Sentido homenaje del cardenal Marc Ouellet en la Vigilia Mariana. También entregó     la “Rosa de Oro” enviada por el papa como homenaje a la imagen del Tepeyac

 

México DF, 19.11.13 (CAL).- En la última noche del Encuentro y Peregrinación “Nuestra Señora de Guadalupe: Estrella de la Nueva Evangelización en el Continente Americano”, los asistentes al evento se congregaron en la Basílica de Guadalupe para reflexionar, orar y rendirle un filial homenaje a la Virgen María, quien los convocó y congregó durante estos días en México DF.


Durante el acto, el cardenal Marc Ouellet entregó al arzobispo de Ciudad de México, cardenal Norberto Rivera, la “Rosa de Oro” enviada por el papa Francisco como un signo de reconocimiento al gran prodigio obrado por Dios a través de la tilma impresa con la figura de María, y que se conserva en dicho santuario mexicano para la veneración de los fieles.


María invita a amar y salir


Durante el denominado “Homenaje a Nuestra Señora de Guadalupe”, el cardenal Ouellet presentó a los asistentes venidos de todo América, “movidos por el soplo misionero que el Concilio Vaticano II despertó, y que el Sínodo Ecclesia in America y (la Conferencia) de Aparecida intensificaron en el continente”.


Con palabras llenas de admiración y dulzura la llenó de halagos. “La flor más bella, la armonía de todas las melodías y la fragancia de todos los perfumes” fueron algunas de las palabras que resonaron en el Santuario mariano de América, que alberga el manto prodigioso impreso en el Tepeyac.


Gracias a este anuncio al humilde Juan Diego –continuó--, “toda América disipó las tinieblas de la ignorancia, de la superstición y del miedo”. 


Dicha aparición, recordó el cardenal Ouellet, “fue el preludio de una sinfonía de manifestaciones en el continente”, nombrando entre otras, a Santa María la Antigua en Panamá, Nuestra Señora de Luján en Argentina, Notre-Dame du Cap en Canadá o Nostra Signora do Aparecida en Brasil.


Reconoció, en nombre de todos, que si bien cada uno ha tenido un encuentro con la Madre de Dios, aún “damos rodeos, evitándote a causa de nuestras preocupaciones y faltas”. A pesar de ello, manifestó la disposición de todos “a abrazar la misión” hoy confiada en tierra americana.


Y aseguró que una nueva visita de María en el corazón de cada cristiano, “es una invitación a la conversión, a vivir la caridad más ardiente, sobre todo hacia los más necesitados, a quien pide amar sin cálculos ni condiciones”.


En sus palabras dirigidas a la Virgen, invitó a los obispos a vivir con “emoción, entusiasmo  y ardor” el deseo de evangelizar” y de construir una Iglesia “que una a los hijos de Dios en una sola familia, alrededor de una misma mesa”.


El presidente de la Pontificia Comisión para América Latina terminó el Homenaje con una súplica a la Guadalupana: “pidamos a Dios que aumente nuestra fe, la purifique, la fortalezca, la haga más radiante, para que el mundo crea en el nombre de Jesús”.


Finalizada la Vigilia mariana, los participantes elevaron oraciones a la Virgen María, las cuales fueron escritas en las últimas décadas por los últimos papas desde Pío X hasta Francisco.







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