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15 de Octubre, 2014
Ante la violencia en el estado de Guerrero, México

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Los obispos de Tlapa, Ciudad Altamirano, Chilpancingo-Chilapa y Acapulco, expresan su preocupación e invitan a construir la paz.

No solo expresan su consternación por el alcance mortal de las acciones violentas del crimen organizado, también manifiestan su desconcierto ante el hecho de que las fuerzas policiales del municipio de Iguala hayan protagonizado una acción violenta en la que resultaron muertos tres estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa y otros tres más, así como la desaparición de 43 estudiantes normalistas, entre otras situaciones lamentables, que incluyen el reciente asesinato del padre José Ascensión Acuña Osorio, de la diócesis de Ciudad Altamirano.

“No podemos esperar que nos traigan la paz de fuera ni de arriba. Tenemos que construirla entre todos”, proponen los obispos, recordando a las autoridades civiles la importancia de manifestar el gran amor al pueblo que se les ha confiado, cumpliendo y haciendo cumplir la ley en la vida cotidiana, y ejerciendo cabalmente sus responsabilidades para evitar la violencia y la inseguridad.

Se reproduce, a continuación, el comunicado de los obispos.

ÓSCAR ELIZALDE PRADA
FUENTE: CEM

 

Comunicado de los obispos de la Provincia Eclesiástica de Acapulco

 

A las comunidades diocesanas

A los agentes de pastoral

A las autoridades civiles

A las organizaciones e instituciones sociales

A la sociedad civil

A todos los hombres y mujeres de buena voluntad:

Los obispos de Tlapa, Ciudad Altamirano, Chilpancingo - Chilapa y Acapulco queremos expresar nuestra preocupación ante los hechos violentos que tuvieron lugar en Iguala y que manifiestan una grave situación social y pueden desencadenar una crisis política.

De suyo con mucho lamento expresamos nuestra preocupación por el alcance mortal de las acciones violentas del crimen organizado a lo largo y ancho del estado de Guerrero, pero ahora nos causa desconcierto el hecho de que las fuerzas policiacas del municipio de Iguala hayan protagonizado una acción violenta en la que resultaron muertos tres estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa y otros tres más como resultado de una agresión a un autobús que transportaba a un equipo de futbol. Y lo que preocupa más en este momento, es la suerte de 43 estudiantes normalistas desaparecidos, según los últimos datos recabados, cuyas familias están viviendo una dolorosa zozobra, al tiempo que se acumula enojo e indignación en la sociedad.

Como pastores pendientes de nuestro pueblo, los obispos de la Provincia Eclesiástica de Acapulco siempre hemos reprobado las acciones violentas en todas sus formas y cometidas por cualquier persona o grupo. Y ahora nos sentimos sorprendidos y con mucha zozobra por la forma como los cuerpos policiacos se han comportado en este caso. Manifestamos nuestro dolor por los muertos -tanto estudiantes como deportistas- y desaparecidos y nuestra reprobación del comportamiento que tuvieron los cuerpos policiacos en este caso.

Y queremos hacer un llamado a la sociedad en general a buscar caminos para construir la paz en medio de este contexto de violencia que ha ido escalando en las últimas semanas. Ya hemos lamentado el asesinato del padre José Ascensión Acuña Osorio de la diócesis de Ciudad Altamirano, quien fue asesinado en días pasados en el municipio de San Miguel Totolapan, donde ejercitaba su ministerio sacerdotal. Pero también lamentamos los múltiples asesinatos, secuestros, desapariciones y extorsiones que se siguen acumulando en el estado de Guerrero. Construir la paz es responsabilidad de todos y requiere un cambio de actitud en el sentido de asumir la responsabilidad personal en relación a lo que sucede en la familia, en la comunidad y en la sociedad entera. No podemos esperar que nos traigan la paz de fuera ni de arriba. Tenemos que construirla entre todos, cada quien en el lugar donde vive, trabaja o sirve. También es necesario evitar acciones violentas en las movilizaciones que se hacen para protestar, en casos como este, a todos les pedimos que se conduzcan  de manera pacífica i siempre en actitud de diálogo y respeto.

A las autoridades civiles les hacemos un encarecido llamado. Es tiempo de manifestar el gran amor al pueblo que se les ha confiado, cumpliendo y haciendo cumplir la ley en la vida cotidiana como una forma de asumir su responsabilidad pública para el bienestar de todos. Es tiempo de ejercer cabalmente sus responsabilidades en lo que tiene que ver con la violencia y la inseguridad. Les pedimos con urgencia que sean generosos y pongan sus capacidades y sus facultades legales al servicio de nuestros pueblos que ya no soportan más tanto dolor producido por acciones violentas.

Y en el caso que nos ocupa, les pedimos que se aclaren cabalmente los hechos dolorosos de Iguala, pues la verdad es el camino hacia la justicia y hacia la reconciliación. Por otra parte, es urgente que se dispongan de todos los recursos del Estado para encontrar a los estudiantes desaparecidos, cuyas familias sufren la incertidumbre sobre su paradero y la sociedad reclama. Esta acción debe ser prioritaria.

Los obispos de la Iglesia Católica en Guerrero queremos solidarizarnos con las familias de los asesinados y de los desaparecidos y manifestarles nuestra cercanía. Oramos por los difuntos, por los desaparecidos, por sus familias y por todas más víctimas de la violencia. Al mismo tiempo, estamos dispuestos a colaborar con las autoridades en acciones que lleven a mejorar las condiciones de vida de los pueblos guerrerenses, condiciones que hagan posible la paz y la justicia. Y pedimos a la sociedad que se haga presente con iniciativas que promuevan la reconciliación mediante el perdón, el reconocimiento de la verdad y el diálogo a tiempo y a destiempo. El respeto a la vida tiene que ser inspirado en las familias, en las escuelas y en todos los espacios de la sociedad. 

Desde la Iglesia Católica nos comprometemos a hacer nuestra parte para consolar a los que sufren, alentar la esperanza en medio del miedo y del dolor y seguir anunciando el Evangelio del Amor y de la Paz a todos. Pedimos a Santa María de Guadalupe y los santos guerrerenses San Margarito Flores y San David Uribe que sigan protegiendo a su pueblo y nos concedan consuelo y esperanza. Les hacemos llegar con esperanza nuestra oración y bendición.

2 de octubre de 2014




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