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15 de Octubre, 2014
Reunión obispos TEX MEX

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Del 5 al 7 de septiembre de 2014 se reunieron en Nuevo Laredo los obispos de las fronteras de México, Texas y Nuevo México: la migración, la caridad "en tránsito", los peligros, la legislación son algunos de los temas abordados.

Con preocupación, información fidedigna y claridad de conceptos, los obispos y sacerdotes TEX MEX reunidos en Nuevo Laredo analizaron la particularísima situación de su Iglesia de frontera.

Estos fueron algunas de los temas comunes que surgieron vinculados a las condiciones de los migrantes de sus diócesis:

--Se ha acrecentado el número de secuestros de migrantes para luego alistarlos en el crimen organizado.

--Los migrantes están en permanente situación de vulnerabilidad extrema: son violentados, secuestrados, amenazados. Para los grupos delictivos los migrantes son fuente de dinero.

--La cuestión legal aparece como muy conflictiva: los migrantes no quieren contar sus historias.

--Las madres con niños y niños solos que quieren cruzar la frontera principalmente provienen de Honduras, Guatemala y El Salvador: huyen de la violencia de sus países y prefieren morir fuera de ellos.

--La Iglesia católica (algunas veces en trabajo conjunto con iglesias evangélicas y los gobiernos locales) recibe a los migrantes pero no llegan a cubrir todas las necesidades.

--Se señala como importante visibilizar las categorías de “migrantes-refugiados” y “migrantes políticos” lo que cambiaría el estatus ante la ley y su tratamiento.

--Muchas mujeres migrantes tienen la esperanza de que si su hijo nace en los Estados Unidos se respetará la nacionalidad del recién nacido, pero la realidad es que las mamás serán deportadas a su país.

--Se evalúa como “urgente” la necesidad de diálogo entre los gobernantes de los países involucrados.

--Se percibe muy importante concientizar a las comunidades de la necesidad de una mirada humanitaria y generosa sobre los migrantes. 

Participaron de la reunión Mons. Gustavo Rodríguez Vega, Obispo de Nuevo Laredo; Mons. Gustavo García-Siller, Arzobispo de San Antonio; Mons. Daniel E. Flores, Obispo de Brownsville; Mons. Raymundo J. Peña, Obispo emérito de Brownsville; Mons. Alonso Gerardo Garza, Obispo de Piedras Negras; Mons. Jesús José Herrera, Obispo de Nuevo Casas Grandes; Mons. Mark Seitz, Obispo de El Paso; Mons. Ruy Rendón Leal, Obispo de Matamoros; Pbro. Roberto Sifuentes, Secretario, Vicario General Diócesis de Matamoros; Pbro. Lawrence Christian, Vicario General Arquidiócesis San Antonio; Pbro. Anthony Mendoza, Vicario General de Laredo; Pbro. Fernando González, Diócesis de Brownsville; Pbro. Martín Tejeda, Canciller Diócesis de Matamoros.

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Reproducimos la homilía completa de Mons. Gustavo García-Siller, arzobispo de San Antonio, en la concelebración Eucarística con los Obispos Tex-Mex en la víspera del Día del Migrante. Junto al río Bravo. Sábado 6 de septiembre de 2014.

 

Querido Mons. Gustavo, Pastor de esta comunidad de Nuevo Laredo, Iglesia viva, gracias por favorecernos este encuentro de fe, con ocasión de recordar el Día del Migrante, recordando hermanos y hermanas nuestros, que cruzan diferentes países en busca de justicia, de paz, de libertad; gracias por convocarnos y permitirnos ver la belleza de tu comunidad, comunidad de fe.

Hermanas y hermanos somos conscientes de los medios de comunicación, y  qué importante es que nuestra oración mueva a otras personas más allá de las que estamos aquí, que ojalá nuestra reflexión, nuestra participación, nuestra fraternidad, dé esperanza a muchos y que aquellos a quienes toca tomar las decisiones  sobre los pueblos, a diferentes niveles, pues también, ellos sepan qué queremos, queremos ayudarles a que hagan decisiones de bien. Nos encontramos, hermanos y hermanas en este lugar tan significativo, para los migrantes, firmes en nuestra fe en Dios Padre, que está aquí con nosotros, en el Señor resucitado que nos acompaña y en el Espíritu Santo que habita en nosotros y está con nosotros; con esta presencia de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, nuestra debilidad se convierte en fortaleza, a veces nuestra desesperación en esperanza, porque sabemos que nuestra vida está en las manos de Dios y las manos de Dios son las mejores; gracias pueblo de Dios, gracias comunidad de fe, de Nuevo Laredo, gracias pueblo fiel, estamos todos en las manos de Dios.

Este río que ha traído vida a mucha gente de los dos lados, y cuando me refiero de  los dos lados es, no nada más México y Estados Unidos, sino tantas personas que vienen aun de otros países y que se conectan de aquí con los EEUU o muchas personas  de EEUU que vienen  a estas tierras. Ha sido este río que ha dado oportunidad de vida, pero también reconocemos que ha sido un lugar difícil, de peligros, y especialmente en los últimos tiempos; ha dividido naciones pero no familias o comunidades, que viven, sea permanentemente o temporalmente en estos dos lugares de este río, el río también ha recibido gente de lugares que parecerían muy lejanos, como son Honduras, El Salvador y  Guatemala, y algunos otros, gente que ha tratado de escapar, por la extrema violencia, pobreza y miseria.

Es muy importante que nosotros construyamos puentes de un lado a otro de este río, y que es muy prolongado, necesitamos construir puentes en diferentes niveles, puentes que den seguridad, acogida, cariño.

El río también recibe a gente de buena voluntad, que están en solidaridad de unos con otros, tratando de que esos unos y otros seamos hermanos, nos veamos como hermanos y hermanas en Cristo, hijos de un mismo Dios, ¡cuántos esfuerzos se están haciendo!, pero siempre, podemos todos crecer más en este esfuerzo de construir puentes de vida de paz de justicia, estos puentes llevan a que vivamos encuentros como nos invita el papa Francisco, entre residentes y migrantes, entre oficiales y líderes, entre gente que trabaja para la seguridad como gente que trabaja para los medios de comunicación, entre los pastores, los Obispos, y que podamos así orar por justicia y por paz, y podernos fortalecer y alimentar con la Palabra de Dios y con la Eucaristía, me preguntaban los medios de comunicación ¿qué significa está marcha?, yo les enfatizaba que ante todo era una marcha que nos llevaba a la Eucaristía, al encuentro con el Señor Jesús, a encontrarnos con Él, ciertamente la marcha habla, pero la presencia de Cristo tiene elocuencia y transforma las vidas.

Las lecturas del día de hoy nos ayudan a reflexionar más profundamente en el sentido de nuestra Asamblea aquí en esta frontera, en este río, el profeta Ezequiel escribe a aquellos que han sido exiliados, que se encuentran lejos de su patria, del ambiente común y familiar, fuera de casa. Dios le dice a Ezequiel que él tiene que ser un vigilante, alguien que cuida, alguien que protege al pueblo de Dios, alguien que tiene que denunciar y advertir a los malvados para que cambien su forma de pensar y su forma de actuar y que puedan respetar a las personas y respetar sus tradiciones, respetar esos cariños viejos–enraizados que dan vida, y si él, Ezequiel,  es fiel a su misión, él se va a salvar, aún si lo escuchan o no los malvados, él se va a salvar.

El Papa Francisco ha sido un vigilante, un centinela, un protector, alguien que cuida de sus ovejas, cuando él ha llamado a la justicia y a la paz; y lo ha hecho arriesgando su propia vida, gritando con palabras y sobre todo con su testimonio de vida, que los valores de la justicia y de la paz son universales, especialmente cuando él ha confrontado a la mafia, ha confrontado a los terroristas del Islam, radicales en sus posiciones, cuando ha hablado en favor de los migrantes, ¿qué piensan ustedes, hermanos y hermanas, cuando se nos vienen a las mentes aquellas personas que son miembros de pandillas en las calles, cuando sabemos y conocemos personas que está metida en los cárteles, cuándo hay tanta gente que sufre inocentemente, tantas injusticias?

Jesús, hoy nos dice algo similar a todos en el Evangelio, nosotros necesitamos buscar al pecador y ofrecerle la sanación y el perdón que Dios le da, es necesario dar a Dios, invitando a la sanación, al perdón, para que estos hombres y mujeres muy concretos de nuestras ciudades, de nuestras sociedades se conviertan, que se conviertan de sus malas acciones y vivan, el Señor Jesús también nos dice que donde hay dos o tres en su nombre ahí está Él y hoy miren, no somos dos o tres, somos montón, Dios está con nosotros, Él está presente, y Él nos pide a quienes lo seguimos, que lo sigamos de palabra y de obra, y Él nos asegura que estará con nosotros, y aunque hay muchas cosas que siguen mal y hay muchas personas que hacen el mal, líderes en comunidades, en pueblos, el Señor no nos abandona en nuestros esfuerzos por ser mejores instrumentos de su amor, y de invitar a otros a la conversión.

San Pablo nos dice que nosotros estamos llamados al amor, al amor para con Dios y para con los demás; Jesús nos lo enseña claramente en la parábola del Buen Samaritano, cuando Él  nos dice, y corrige la pregunta que le hacen, él nos invita no nada más a pensar ¿cómo puedo ser yo un buen prójimo?, sino, ¡el prójimo para mí debe de ser todos, sin excepción!, cuando el Señor dice ¿quién es tu prójimo? no es para escoger, ¡todos son nuestros hermanos y hermanas!, incluye a los residentes y a los migrantes.

Últimamente hemos experimentado, ya lleva meses, crisis humanas internacionales, allá en el Medio Oriente, entre Israel y Palestina, en Egipto, en Siria, en Irak, pero también aquí en estos lugares, una verdadera crisis humana internacional, en nuestra región, y esta crisis está pidiendo, gritando por una cooperación internacional y colaboración, la cual continua creciendo, y ciertamente  hoy en nuestra reunión de Obispos, hemos constatado que los números de alguna manera han bajado, de madres con niños, niños solos que cruzan la frontera, sin embargo, ¡no ha parado y no se ve que vaya a parar!

Damos una palabra de urgencia a los presidentes de Honduras, el Salvador, Guatemala, México y los EEUU, como también a las organizaciones de los EEUU que se manejan a nivel internacional, buscando el bien de la comunidad humana, a que continúen diálogos que ayuden a la gente más vulnerable, que ayuden a los países de origen de nuestros hermanos y hermanas, y que protejan el que se les cuide, que el interés directo sean las personas, que nos son cosas, no son números, que son seres humanos,  y al ser humanos, hermanos y hermanas, y que trabajen para ir a las causas de estas migraciones, que son muy profundas y complicadas, y que se aseguren que aquellas personas migrantes que pasan por sus países, sean bien atendidas, y habría que decir queridas, que pongan la mente y el corazón para ayudarles, y que se puedan hacer procesos justos, bien llevados, donde se les respeten y se manifieste así la justicia y la paz, esto es muy difícil en las agendas de nuestros países, sin embargo, puede darse. El Papa Francisco continuamente está en oración, palabra y en acción, promoviendo estos diálogos.

Los Obispos que nos encontramos aquí con ustedes y que lo hacemos con toda el alma, pensamos en aquellos hermanos y grupos, que han llegado como migrantes a estos lugares, y hemos estado en lo mejor de nuestra habilidad, sabiendo que siempre se puede más, dando comida, casa, seguridad y buscando las maneras en que nuestros migrantes, puedan pasar con más dignidad su estancia en estos lugares, sin embargo, hoy queremos continuar pidiendo y rogando en favor de estos hermanos y hermanas nuestros, a los cuales los podemos llamar claramente refugiados y que a muchos de ellos aún se les puede dar la ayuda de asilo político, estos hermanos y hermanas nuestras tienen familiares muchos de ellos en EEUU y otros están buscando salir de situaciones de muerte, como se nos decía al principio, en la invitación a orar en esta Misa. Gracias pueblo de Nuevo Laredo, porque Ustedes han abierto sus casas, sus corazones, a estos hermanos y hermanas nuestros, y muchos de ustedes siguen aquí entre ustedes, muchas gracias.

Recordamos hoy las palabras del Papa Francisco, que él veía a la Iglesia, como un hospital en un campo de batalla, ¡gracias por ser un hospital en este lugar!, decía el Papa que primero había que atender como doctores a las heridas más fuertes y luego a la periferia, es decir, no vamos a interesarnos en un primer momento, por si nuestros hermanos y hermanas su colesterol está muy alto, hay que ir a esas heridas profundas.

Nosotros pastores de nuestras comunidades cristianas, al estar aquí en Nuevo Laredo, discutimos sobre las heridas de nuestra gente, y nuestra gente es todos, sin excepción, no nos preocupamos por el colesterol, nosotros vemos y conocemos el sufrimiento, la opresión que nuestros hermanos viven  y queremos que ellos, residentes o migrantes, puedan experimentar signos de salud. Venimos a esta frontera, a este río, para escuchar la Palabra de Dios y para alimentarnos de la Eucaristía, pero juntos, todos juntos, y poder así ser todos testigos de la esperanza y de los caminos posibles de paz, pero nuestro trabajo no va a terminar aquí, ni el de nosotros como Obispos, ni el de todos ustedes, hermanos y hermanas, Pueblo de Dios.

Tenemos que salir, salir como la Misa cuando dice la Misa ha terminado para salir y servir a los pobres, a los necesitados, a los oprimidos, y seguir abogando por los emigrantes y en particular que ellos sean tratados con honestidad y con justicia, que los procesos sean justos, ¡vieran cuánta injusticia vemos en los procesos! y que se consideren los eventos horríficos y de muerte que viven estas personas, y cómo son forzados a buscar lugares de seguridad y de paz.

Nosotros hermanos y hermanas como hombres de fe, mujeres de fe, estamos llamados a educarnos y a educar a otros, en estas realidades de los emigrantes, hay mucha gente, y ustedes lo saben, que se sorprende al escuchar estas historias, hay mucha ignorancia, hay mucho prejuicio, y es necesario unir las fuerzas, especialmente México y EEUU testigos de muchos emigrantes de Centroamérica, que pasan por nuestras tierras, en ellos está la cara de Cristo, el sufrimiento de Cristo, Cristo crucificado.

Hermanas y hermanos, los invito a que cada uno de ustedes se una a nuestra oración por la paz, la justicia y que pidamos juntos por un cambio de actitud, especialmente a favor de los vulnerables, en el mundo, porque esto que estamos viviendo aquí se oye, se sabe, especialmente en favor de los niños que viajan solos y las mujeres jóvenes con sus pequeñines y todos los migrantes, necesitamos protegerlos y defenderlos lo más posible.

Nosotros queremos curar las heridas de nuestros hermanos, heridas que son físicas que llevan en sus cuerpos; una religiosa me decía hoy, de un emigrante que estaba ahí con nosotros, cómo llevaba las plantas de los pies despellejadas, curar los cuerpos, pero curar también las heridas emocionales, y nosotros que los recibimos allá en EEUU, nos damos cuenta, de que aún ya estando allá viven soledades tremendas, que a veces ni uno sabe cómo son, como acompañarlos con la ayuda espiritual, creo que muchas veces pensamos que la ayuda espiritual es efímera, como que no es tan necesaria, como que debiera darse en un segundo o tercer momento. Estos emigrantes… están clamando atención de presencia, porque la soledad que llevan en sus cuerpos, en sus almas es tremenda, curémoslos y ayudémonos unos a otros a cuidarnos, pedimos a Dios que Él nos ayude con su presencia que nunca falta y que la virgen de Guadalupe nos abrace a todos y que nos entendamos todos como hijos de la Madre de Jesús y ella nos dará a Jesús para  podernos dar a nuestros hermanos. Así sea.

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El grupo de obispos Tex-Mex está constituido por obispos de ambos lados de la frontera entre México y Texas (EE:UU.) que se reúnen dos veces al año, una en marzo y otra en septiembre. En las reuniones de septiembre se acostumbra celebrar el Día del Migrante. Este año la misa se llevó a cabo al borde del río Bravo al finalizar la “Marcha por la paz” de la que participaron cientos de personas.

VIRGINIA BONARD
FUENTES: Obispos TEX MEX, La Mañana de Nuevo Laredo y Portales




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