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03 de Diciembre, 2014
"No nos dejemos robar la esperanza"

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Mensaje de Adviento de la Conferencia Episcopal de Costa Rica.

Con el inicio de de Adviento, los obispos costarricenses han dado a conocer su mensaje para este tiempo litúrgico de “preparación espiritual para la celebración del nacimiento de Cristo”. 

Con el gozo y la alegría de anunciar el Evangelio, sin dejarse robar la esperanza, el mensaje de la Conferencia Episcopal de Costa Rica evoca la necesidad de vivir este tiempo de espera como un “kairós” en el que los hombres y las mujeres, la sociedad toda, está invitada a “allanar los caminos del Señor”.

Frente a los desafíos de la familia señalados en la reciente Asamblea Extraordinaria del Sínodo de los obispos, asediada por el secularismo y el consumismo, los obispos recuerdan que “Adviento nos invita a fomentar algunas actitudes que fortalezcan el empeño de caminar en la fe y de comportarnos de manera coherente con el Evangelio. Por ejemplo, una real sobriedad en el consumo; igualmente, la vivencia de una solidaridad para con todos, especialmente, con aquellos más vulnerables y que carecen de lo esencial para sobrevivir”.

En este mismo sentido, han recordado “el necesario apoyo que merecen los hermanos migrantes y el drama que enfrentan muchos hogares costarricenses inmersos en el círculo inaceptable de la violencia mortal contra niños y mujeres”, que al igual que la “cultura del descarte” y la carestía de la canasta familiar, claman justicia, comunión y amor.

De este modo, a ejemplo de la familia de Nazaret, el pueblo de Dios costarriense está invitado a aprender “el significado de la familia, su comunión de amor, su sencilla y austera belleza, su carácter sagrado e inviolable, lo dulce e irreemplazable que es su pedagogía y lo fundamental e incomparable que es su función en el plano social”.

Se reproduce, a continuación, el Mensaje completo de la Conferencia Episcopal de Costa Rica.

“No nos dejemos robar la esperanza…”

Conferencia Episcopal de Costa Rica

Mensaje de Adviento, 2014 

El Adviento, tiempo de preparación espiritual para la celebración del nacimiento de Cristo, en la espera de su segunda venida, trae consigo el gozo y la confianza que nos lleva a renovar la llamada del Papa Francisco a reafirmar la alegría de creer y de anunciar el Evangelio, y a no dejarnos robar la esperanza.[1]

Con confianza serena, los obispos de la Conferencia Episcopal de Costa Rica dirigimos a todos los fieles, lo mismo que a cada mujer y hombre de buena voluntad, un mensaje de buenas nuevas en Cristo, razón de nuestra esperanza.

Decía el Papa emérito Benedicto XVI que “el Adviento nos empuja a entender el sentido del tiempo y de la historia como "kairós", como ocasión favorable para nuestra salvación”, por esto, redoblando el valor y el sentido de la espera, este tiempo ha de vivirse como una experiencia llena de gozo de cara a la ya cercana Navidad.

Ha llegado el tiempo de preparar el camino al Señor y “allanar en la estepa una calzada para nuestro Dios” (Is 40, 3). Los tiempos actuales parecen, también, sugerirnos esta actitud tanto en la vida privada y en el ámbito familiar, como en las más diversas manifestaciones de la vida social.

Por eso, en medio de los nuevos desiertos que son “fruto del proyecto de sociedades que quieren construirse sin Dios o que destruyen sus raíces cristianas”[2] señalamos la cercanía de Aquel que viene y que muchos no conocen o han dejado de reconocer.

Adviento dispone a las familias a vivir estas fiestas de un modo siempre renovado y una ocasión que le permita reconocer que este es un momento histórico en que convergen muchas fuerzas que tratan de destruirla o deformarla.[3]

Animar la ruta de las familias y hacer ver este entorno desafiante ha sido parte del trabajo que realizó la pasada III Asamblea Extraordinaria del Sínodo de los obispos sobre la familia en el marco de la labor evangelizadora, tema cuyo estudio continúa y que será profundizado para llevarlo a aplicaciones prácticas en el Sínodo Ordinario en octubre del 2015.

De momento, en la relación final del Sínodo, se abordaron algunos retos presentes que requieren una respuesta urgente por parte de la Iglesia en un contexto marcado por el secularismo y una agresividad salvaje en contra de la vida humana en cualquiera de sus etapas.

Durante estas semanas previas a la fiesta de Navidad, les animamos pues, a vivir esta ruta del Adviento con ánimo de expectación y gozo, tratando de profundizar en cada familia el misterio de Dios que, para redimirnos, asumió nuestra condición humana en el seno de la Virgen María, Madre de la Esperanza.

¡Qué grande es el ser humano que el mismo Dios quiso tomar para sí esa naturaleza en intercambio admirable, sorprendente y siempre aleccionador!

Adviento nos invita a fomentar algunas actitudes que fortalezcan el empeño de caminar en la fe y de comportarnos de manera coherente con el Evangelio. Por ejemplo, una real sobriedad en el consumo; igualmente, la vivencia de una solidaridad para con todos, especialmente, con aquellos más vulnerables y que carecen de lo esencial para sobrevivir.

Es justo recordar el necesario apoyo que merecen los hermanos migrantes y el drama que enfrentan muchos hogares costarricenses inmersos en el círculo inaceptable de la violencia mortal contra niños y mujeres; la carencia en la mesa de muchas familias de nuestras zonas rurales y costeras; la persistencia de cierta “cultura del descarte” que favorece la exclusión, el maltrato y abandono de los adultos mayores y la frustración de jóvenes sin estudio ni trabajo.

“¡Destilen, cielos, desde lo alto, y que las nubes derramen la justicia!¡Que se abra la tierra y produzca la salvación, y que también haga germinar la justicia!” (Is 45,8. Antífona IV domingo de Adviento). Este himno, súplica para que Dios, fuente de todo bien traiga a su pueblo esperanza, es también nuestra oración “al Rey que viene, al Señor que se acerca” para que mejores tiempos vengan, para que sea esta ruta de Adviento un tiempo favorable en que, la invitación a allanar los montes y a vivir la conversión, provoque en los corazones y en cada hogar una verdadera Navidad con Jesús.

“Que Nazaret nos enseñe el significado de la familia, su comunión de amor, su sencilla y austera belleza, su carácter sagrado e inviolable, lo dulce e irreemplazable que es su pedagogía y lo fundamental e incomparable que es su función en el plano social.”[4]

Dado en San José, Sede de la Conferencia Episcopal de Costa Rica, a los veintitrés días del mes de noviembre del dos mil catorce, en la fiesta de Cristo Rey del Universo.

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[1] Cf. Papa Francisco Exhortación apostólica Evangelii Gaudium. #86

[2] Idem

[3] Cf. Papa Juan Pablo II Familiaris Consortio #3

[4] Beato Pablo VI, alocución en Nazaret, 5 enero 1964.

 

ÓSCAR ELIZALDE PRADA
FUENTE: Conferencia Episcopal de Costa Rica




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