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05 de Noviembre, 2014
Tiempo de balances: una experiencia enriquecedora y una Iglesia argentina con estilo Francisco

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Monseñor Enrique Eguía Seguí cesa en sus funciones como secretario general de la Conferencia Episcopal Argentina.

Lo entrevistamos para NOTICELAM en la sede de la Conferencia Episcopal Argentina en Buenos Aires. Eguía Seguí, actualmente obispo auxiliar de Zona Centro para el arzobispado porteño, termina su servicio en esa Conferencia en la próxima asamblea plenaria de obispos argentinos que se llevará a cabo en la localidad bonaerense de Pilar del 10 al 15 de noviembre de este año.

Esta despedida tiene sabor a tarea cumplida, con un intercambio de experiencias ricas en miradas eclesiales que acompañan también el crecimiento del pastor.

Te estás yendo de este trabajo de 6 años…

Seis años como secretario general y cuatro antes de una especie de secretario auxiliar en Pastoral. Son 10 años seguidos viniendo a esta casa. Y dos años más en la época de monseñor Arancibia, del año 91 al 93.

Seguirás vinculado de alguna manera…

…seguramente a alguna Comisión y justo en la CEMIN (Comisión Episcopal de Ministerios) no me anoté… Y lo seguiré haciendo sin ser parte de una comisión, como un free lance y no oficialmente. El año pasado fui a hablar a 5 o 6 semanas de clero, sobre Pastoral y Formación Permanente. Eso lo podré seguir haciendo y aportando desde afuera.

¿Y de Belgrano a Centro? ¿Cómo fue el cambio?

Muy bien aunque no me esperaba este cambio. Yo esperaba terminar acá [se refiere a la Conferencia Episcopal Argentina]  y quedarme en Belgrano tranquilo, con todos los vínculos aceitados… pero está muy bueno estoy muy contento. Primero porque uno descubre que el presbiterio de Buenos Aires es uno solo y es el mismo estilo, la mayoría de los curas hemos sido compañeros de Seminario, es una experiencia lindísima ver la unidad que hay de vida sacerdotal y de pastoral en Buenos Aires.

Esto me permite a mí agrandar la mirada, que siempre me gustó, muchas son parroquias que yo no conocía, otras realidades. Belgrano era más homogénea; en Centro hay situaciones pastorales y sociales muy diversas: de repente un sector de Recoleta, Pompeya o Barracas; Caballito y La Boca. Y después una cosa más intermedia como Almagro, Boedo, más barrio, más tranquilo…

Es lindo lo que dijiste sobre el presbiterio. Se puede hablar de fraternidad.

Sí, claro. Hay comunión en la formación y en la eclesiología que se nos ha marcado desde nuestra formación. Respirás lo mismo a nivel pastoral, opciones, comunión presbiteral. Con matices y diversidades porque de repente la Villa 21 marca una realidad y un modo de ser cura. Mater Admirabilis también. Pero aun en esas diversidades vos notás un mismo estilo, una misma formación.

Vos que trascurriste dentro de esta casa parte de tu trabajo con el cardenal Bergoglio como presidente, después con monseñor Arancedo en el mismo cargo. ¿Cómo evaluás esas dos presidencias que, imagino, diferentes?

Los tiempos marcan también distintas etapas de gestión. Lo que veo, haciendo un recorrido de estos años y vinculando dos presidentes distintos, destaco el camino en torno al acontecimiento y el documento de Aparecida. Aparecida marca estos 6 años. A mí me toca acompañar un proceso de la Conferencia Episcopal con Bergoglio y con Arancedo de distintos momentos con Aparecida. Cada presidente ha hecho una acentuación y es parte de una etapa en su proceso.

Cuando yo llegué acá en el 2008 [se refiere a la Conferencia Episcopal Argentina] ─Aparecida es de 2007─ vivimos una primera etapa de ciertas incertidumbres con respecto a cómo debía encarnarse Aparecida. Llamaba a atención la terminología pero no se entendía muy bien cómo eso tenía que apropiarse. “Misión continental” que no se sabía bien qué era, si había que hacer una misión todos juntos en América Latina o era otra cosa; “conversión pastoral” y “estructuras caducas”. Ese es el impacto de Aparecida al menos acá en la Conferencia Episcopal cuando yo llego: se estaba en el proceso de poder discernir y entender qué reclamaba Aparecida de la pastoral y de las conferencias en cada país. Ahí surge, para mí, una segunda etapa en la que Bergoglio es clave.

Para mí Bergoglio destraba todo para la Pastoral en la Argentina con una mirada distinguiendo lo que él llamaba la “misión paradigmática” de la “misión programática”. Lo que abre la puerta para avanzar en temas que hoy aparecen en Evangelii Gaudium. Es decir: una cosa es un programa misionero que empieza y termina y otra cosa es el paradigma misionero donde la misión, una vez que empieza, sigue sola. Así lo expresaba Bergoglio. Que termina en las frases de Evangelii Gaudium en la línea de “Iglesia en clave misionera”.

Entonces, la conversión pastoral se entiende claramente cuando está iluminada por el llamado misionero que culmina en Evangelii Gaudium planteando que la conversión pastoral es conversión misionera. Esto es interesante porque en esta segunda etapa de Aparecida en Argentina, para mí,  tiene un protagonismo fundamental esta aparición de Bergoglio con esta distinción que abre el panorama…

Te reís pícaramente…

…sí, sí, porque para mí eso fue muy luminoso. Esa reflexión a mí me tocó un poco por ser secretario general ya que la secretaría general es la encargada de animar los pasos de la Comisión Permanente para lo que es la responsabilidad pastoral en Argentina. En la Conferencia Episcopal Argentina no hay una Comisión de Pastoral. Esto entonces le compete a la Comisión Permanente pero en la Comisión Permanente quien tiene que animar con subsidios es la Secretaría General. Por eso me río pícaramente: para mí esto fue clave que es lo definió un primer documentito que hace la Comisión Permanente en agosto del 2009 : “Carta Pastoral de los Obispos Argentinos con ocasión de la Misión Continental”. Donde hay una introducción en la que se despliega esta intuición de Bergoglio y avanza en lo que también Bergoglio definirá en Evangelii Gaudium de “la misión cuerpo a cuerpo”. Ahí me parece que es clave que los obispos de la Permanente proponían que la misión implicaba un desarrollo sobre todo en lo relacional. La misión es relación, dice el N° 14. Y no puede entenderse una actitud misionera si no es a través del encuentro con el otro.

Para vos Bergoglio fue realmente muy importante.

Bergoglio fue indudablemente inspirador. Y eso que Bergoglio no estuvo en la redacción de ese documento. Bergoglio es un intérprete de Aparecida en la Iglesia argentina. Y destraba esa primera etapa en la que estábamos todos sin saber muy bien para dónde agarrar en orden a qué significaba la Misión Continental, qué contenido tenía la conversión pastoral y a qué nos llevaba renovar las estructuras caducas. Me parece que este documento, con esta inspiración de Bergoglio, abre caminos. Eso para mí ya es una segunda etapa. La tercera etapa que me tocó acompañar, ya con Bergoglio Papa, después de un año, y con Arancedo ya asentado aquí en la Conferencia, el tener que venir Arancedo de Santa Fe, Arancedo lo que hace es tener una presencia de gestión más fuerte en la Casa [se refiere a la Conferencia Episcopal].

Bergoglio era menos presente…

…porque él resolvía todo desde la Curia [se refiere al Arzobispado de Buenos Aires]. La relación conmigo era por teléfono. El cambio más notable para mí es que Arancedo, al venir de Santa Fe, se instala acá uno o dos días por semana o cada 15 días, entonces le da a mi trabajo una dinámica de una mayor presencia, no digo trabajo en equipo como si con Bergoglio no lo hubiera habido. Con Bergoglio yo me veía todas las semanas por el Consejo Episcopal de Buenos Aires y, por otro lado, todas las mañanas hablábamos por teléfono o nos intercambiábamos cartas o mensajes, sobres con papeles, pero quizás lo diferente para mí era trabajar con el presidente codo a codo. Arancedo venía a Buenos Aires y se establecía en la Conferencia Episcopal entonces yo también participaba en muchas reuniones. Y a Arancedo le toca lo que yo llamo la tercera etapa de la apropiación de Aparecida. Aparecida nos marca estos 6 años de gestión con la vinculación de los desafíos misioneros con el Año de la Fe lo que provoca que otra vez, en la reflexión de los obispos, surja un documento en la Comisión Permanente que es “La Misión Continental en el Año de la Fe” (Orientaciones Pastorales para el trienio 2012-2014) de marzo de 2012. Ahí se plantean los desafíos de la celebración del Año de la Fe enmarcados en el horizonte de la Misión Continental. Lo que tuvo más “pegada” y fue más lúcido es la definición del estilo misionero vinculado al Año de la Fe que incluía estas tres características: la alegría, el entusiasmo y la cercanía.

Estas Orientaciones estaban dadas en función de darle continuidad a la Misión Continental pero ubicándola en el Año de la Fe. Incluía estas actitudes y algunas áreas o temas prioritarios.

Vos trabajás con documentos y sos proveedor de documentos como insumos para otros también. En ocasión de la Asamblea extraordinaria recién finalizada en Roma con miras al Sínodo de la Familia del año que viene, ¿cómo fue esa tarea de recopilación de todas las opiniones, las expresiones de la Iglesia argentina que llegaron hasta el Vaticano, esos días de febril trabajo en diciembre de 2013?

Llegaron trabajos de 60 diócesis y unos 10 organismos universitarios vinculados a institutos de familia. Ahí armamos una comisión con el padre Gustavo Antico, que es el secretario ejecutivo de la Comisión Episcopal de Apostolado Laico y pastoral Familiar, y algunos laicos, muchos peritos del secretariado de la Familia, y otros invitados, con los que formamos un equipo de 6 personas. Distribuimos el material con algunas pautas y se hizo una síntesis después de una lectura de los 70 informes, de lo cual surgió un elenco de temas más reiterados que fue eso lo que se sintetizó y se presentó a la Secretaría de Sínodo. Lo que es interesante es que daba una mirada muy realista de lo que era la Pastoral Familiar en la Argentina, más bien planteando que estaba instalada como preocupación y como deseo pero no había encontrado hasta ahora ningún cauce muy fecundo en cuanto a su realización.

Seguramente habrás seguido el Sínodo desde los medios de comunicación. Algunos temas sorprendieron al mundo. Por caso, la comunión a parejas separadas en segunda unión y la inclusión plena de las personas homosexuales en la práctica de la religión católica, ¿algo de eso también salió en las encuestas argentinas?

Sí. Creo que el Sínodo expresa lo que la realidad muestra. Había un interés muy grande, sobre todo en plantear estos temas pero a partir de lo que está insistiendo el Papa, en eso es interesante ver la coincidencia. Lo primero en esto es lo vincular: un trato cercano y la integración. Lo que no implica necesariamente, y es lo que se vio en el Sínodo, que cambie de modo inmediato la práctica sacramental eclesial. En ese sentido hay una coincidencia notable. En Argentina hay un gran anhelo de una mayor integración de todos estos casos que estamos mencionando pero no había una insistencia particular en resolverlo de tal o cual manera. Más bien sí una insistencia por presentar la preocupación de que todos se sientan que son parte de la Iglesia como dejando al Sínodo, a partir de esta necesidad, que resuelva por los caminos que considere más convenientes. Me parece que es lo que el Sínodo ha tomado como itinerario después de este primer encuentro que fue una mirada de la realidad y de los grandes reclamos.

Como un proceso de diagnóstico y, quizás, con un exceso de expectativa.

Sí. Me parece que a partir de textos que eran borradores se querían sacar conclusiones definitivas.

Algunos criticaron que se conociera públicamente esa versión borrador. Sin embargo, otros enunciaron que fue bueno que se conociera porque quedaba claro el trayecto del pensamiento y de análisis de esta instancia de Sínodo.

Hubo una acentuación de preferir transparentar todo frente a una posible acusación de que la Iglesia resuelva estos temas de modo oscuro o con presiones internas. Fue una opción para transparentar todo el proceso.

Hace aproximadamente un mes, en el Vaticano se conformó un Comité, formada por diez notables de probada trayectoria en la vida de la comunicación intra y extra Iglesia mundial, que analizó el funcionamiento de los medios de comunicación de la Santa Sede en tiempos de Internet y redes sociales, poniendo el acento en una reasignación de recursos e insumos. Casi análogamente, hace poco leía una nota del periodista Mariano de Vedia en el diario La Nación que hablaba de la reorganización de la comunicación de la Conferencia Episcopal Argentina. ¿De qué se trata esta nueva instancia?

Lo que tendremos a partir del término de una etapa que es la de padre Jorge Oesterheld después de 20 años como vocero y director de la Oficina de Prensa (él ya avisó a mediados de año que culminaba su servicio con la próxima Asamblea Plenaria) es un gran desafío: cómo seguir trabajando y poder estar a la altura de estas nuevas circunstancias que uno ve que también en la Santa Sede se las están planteando. Darle una continuidad al trabajo y avanzar con lo que hoy se reclame, sobre todo la Iglesia que es tan requerida con el interés que despierta la figura de Francisco con su enorme presencia mediática, ver cómo nosotros respondemos a estas expectativas.

Aquí la clave será, primero definir la organización a través de la Oficina de Prensa, habrá que nombrar un nuevo director y un nuevo vocero. Y a partir de allí buscar los mecanismos y ayudas para poder avanzar con asesoramientos, peritos y laicos competentes que están mucho en este trabajo en un camino que esté vinculado a lo que significa el lugar de la Iglesia en la comunicación y en los medios.

Vos has gestionado desde esta Conferencia Episcopal en tiempos de Benedicto y de Francisco. ¿Cómo eran los requerimientos de prensa ahora que Bergoglio es Papa y antes cuando no lo era?

No ha habido mucha diferencia en cuanto a los requerimientos a nosotros. Más bien pienso que la prensa mira a Francisco. Acá lo importante es poder mostrar que Francisco no es un emergente solitario de la Iglesia argentina sino que es parte de un contexto y un itinerario del cual Francisco indudablemente forma parte como líder y animador. El gran desafío es mostrar esto: que no es Francisco y los demás que tenemos que entenderlo. Sino Francisco y una Iglesia que ya estaba en camino en ese estilo.

Lo que hemos notado es un mayor reclamo o una mayor oferta de espacios sobre la Iglesia pero muy vinculados a la figura de Francisco, pero no necesariamente ha crecido el espacio o el reclamo en los medios de accionar de la Iglesia argentina.

Nosotros, periodistas argentinos, sí sentimos un aumento en los pedidos para contar de dónde salió el Papa Francisco.

Nosotros nos planteamos poder abrir la relación hacia más referentes de la Iglesia en relación con los medios para poder responder a estos reclamos. Si antes bastaba con que “el” vocero respondiera todos los pedidos, me parece que hoy sí estamos en un tiempo donde además del vocero que sea elegido, tiene que haber un equipo de sacerdotes y laicos que estén más disponibles a estas necesidades que los medios vayan requiriendo de la Iglesia argentina. Ahí es donde un servicio de prensa de la Conferencia tiene que avanzar. Teniendo en cuenta que hoy el vocero de Francisco es Francisco, quizás haya que pensar que existan “voceros obispos” para hablar de la Iglesia argentina o hablar de los mismos obispos.

Vos has sido parte del engranaje de ida y vuelta entre la Iglesia y el Gobierno.

 Parte de mi tarea es la vinculación con la Secretaría de Culto que es la que nos relaciona con el Gobierno o el espacio natural de relación Iglesia-Estado que es permanente. Esa relación fue muy sólida, nosotros mantuvimos diálogo permanente con el secretario de Culto hasta cuando a veces parecía que los diarios se ponían como que la Iglesia y el Gobierno estaban peleados. Nosotros siempre mantuvimos un diálogo cordial y aceitado como para poder diferenciarnos de las peleas mediáticas y avanzar en caminos de encuentro. Así que, en ese sentido, la tarea fue muy interesante valorada por los dos. Creo que en estos seis años pudimos tener una relación con el secretario de Culto que respondía justamente a lo que este espacio marca, si querés hasta como lugar constitucional de la relación Iglesia-Estado. Era un vínculo que no debía romperse nunca. Tuvimos siempre una relación mucha confianza para plantear diferencias y coincidencias.

¿Qué te llevás de bueno en tu mochila como secretario de la Conferencia Episcopal Argentina, al despedirte?

La riqueza que tiene el servicio aquí es la visión general que uno tiene de la Iglesia argentina. Porque con el paso del tiempo uno termina siendo referente para consultas o tareas pastorales que pueden ir desde Jujuy hasta Río Gallegos pasando por Paraná y Bahía Blanca. Esto permite que uno tenga una visión de caminar de la Iglesia muy grande. Esta es la mayor riqueza porque ves una Iglesia viva en todo el país, con algunas diferencias culturales, dificultades, luces y sombras de acuerdo a cada lugar. Todas experiencias enriquecedoras.

Lo otro positivo y enriquecedor ha sido, sobre todo los primeros años, el tener que organizar la visita ad limina en el año 2009. Fue muy interesante. Era la primera vez que iba a Roma. Estuve 10 días allí, no como un turista sino como un trabajador, un laburante, paseando por los dicasterios, coordinando las entrevistas, hasta los buses que nos tenían que buscar, que en el mismo horarios estuviéramos todos los obispos listos, las misas en las basílicas mayores. Fue una oportunidad, en esos viajes, encontrarme con el Papa Benedicto XVI, estar personalmente con él en los encuentros que hacíamos de obispos.

Y lo tercero, y no porque esta nota sea para el CELAM, pero es de una riqueza notable es la representación que le toca al secretario general de la Iglesia argentina en todos los encuentros del CELAM. Primero, los encuentros anuales de secretarios generales, y después en otros que van surgiendo. Me acuerdo de uno que me mandó Bergoglio después de terremoto en Haití donde se juntaba la Conferencia Episcopal de Haití con algunos referentes de otras Conferencias Episcopales de toda América y de Europa para consensuar un proyecto de ayuda financiera con destino a la Iglesia de Haití. Ese encuentro en el que el CELAM puso la estructura también fue una experiencia muy enriquecedora. Y después otros encuentros vinculados a la Pastoral, por ejemplo en Chile, sobre Pastoral Social. La experiencia del CELAM es muy enriquecedora porque permite tener también de lo que es la fe marcando la cultura en nuestro continente. Y responde a lo que el CELAM debe haber soñado que es un espacio de fraternidad episcopal. Al haber estado 6 años ─estuve también como cura en otra oportunidad─ disfruto de ese clima de fraternidad episcopal.

VIRGINIA BONARD




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