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13 de Enero, 2015
Noviembre 2014: Carta Pastoral

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Pan-Amazonía: fuente de vida en el corazón de la Iglesia

Así se expresaron a través de una Carta Pastoral el cardenal Claudio Hummes, monseñor Pedro Barreto, monseñor José Luis Azuaje y la Hermana Mercedes Sánchez:

Consideramos nuestro deber de pastores compartir nuestras preocupaciones y angustias con los hermanos y hermanas que viven en la Panamazonía. Dios, en su infinito amor, creó esa maravillosa región para todos: indígenas, poblaciones que habitan en las riberas de los ríos, migrantes, habitantes de villas y comunidades, de ciudades y de grandes metrópolis. Las condiciones de vida de estos pueblos con sus culturas, y su futuro, nos interpelan a permanecer más próximos unos de otros y a vivir en “red” para resistir juntos las embestidas de devastación y violencia. Es desde esta mayor cercanía-proximidad y solidaridad que emerge nuestra esperanza. La Amazonía tiene futuro. Nosotros, que vivimos y trabajamos en esta región, somos llamados a construirlo. 

Preocupaciones pastorales
Al hacer una mirada retrospectiva sobre los más de quinientos años en los cuales la Iglesia católica ha estado presente en tierras Amazónicas encontramos luces y sombras. Al lado de los mártires que resistieron la conquista había quienes colaboraron con los distintos sistemas de colonización. Nuestra primera actitud delante de esta historia es de un humilde pedido de perdón. Pedimos perdón por las veces que no logramos liberarnos de la influencia de la empresa colonizadora, y por las veces que pensamos que era suficiente salvar las almas, asumiendo una actitud negligente, por tanto, con los sujetos. Muchos misioneros estaban convencidos de que una misión que no contara con un brazo armado, habría sido una empresa que no daría frutos. Y la administración colonial sabía bien que sin los misioneros sería imposible dominar a los habitantes primeros de estas tierras. La búsqueda del oro de los conquistadores estaba comprometida con la búsqueda de almas de los misioneros . 
 
Una sincera conversión y la voluntad de aprender de los errores del pasado están profundamente ligadas a nuestro pedido de perdón por no haber aceptado siempre a los habitantes de la Amazonía como nuestros primeros interlocutores pastorales. Sin embargo, en aras de la verdad, debemos también recordar los éxitos de la presencia eclesial y pastoral en el pasado y en la actualidad en la región pan-amazónica que “es multi-étnica, pluri-cultural y plurireligiosa”. En ella, cada vez más, se intensifica la disputa por la ocupación del territorio. Las poblaciones tradicionales de la región quieren que sus territorios sean reconocidos y legalizados” (DA –Documento de Aparecida- no. 86).
 
La voz de los profetas resonaba y está resonando aún en el silencio de las selvas, la valentía de los pastores ha enfrentado y sigue enfrentando los intereses privados, y la sangre de los mártires ha bañado y sigue bañando la tierra y los ríos de la Amazonía. Con el papa Francisco afirmamos que “la Iglesia no está en la Amazonía como aquellos que tienen las maletas listas para partir después de haberla explotado. Desde el inicio, la Iglesia está presente en la Amazonía con los misioneros, congregaciones religiosas, sacerdotes, laicos y obispos, y ella continúa presente, y es determinante para el futuro de aquella región” . Hoy la Iglesia de la Amazonía es “una Iglesia pobre para los pobres” (EG –Evangelii Gaudium- no. 198).
 
La expansión del gran capital en la explotación de la Amazonía mediante la extracción minera, expansión agro-pecuaria, construcción de carreteras, hidroeléctricas y empresas madereras exige de la Iglesia una mayor presencia profética. Las pasadas desgracias o las tradicionales visitas esporádicas, una o dos veces por año, son insuficientes para el fortalecimiento pastoral de nuestras comunidades. Es preciso un mayor esfuerzo en la lucha contra el neo-colonialismo y el neo-desarrollismo vigentes. Al valorar las culturas amazónicas y al comprometernos por una evangelización inculturada combatimos el neo-colonialismo. Al apoyar las fuerzas políticas que se empeñan en la valorización de un desarrollo regional y micro-regional, con una participación efectiva de la población de los territorios, contribuimos para contener el neo-desarrollismo. Las dos perspectivas, tanto la cultural, como la económica, tienen gran relevancia pastoral.
 
El Papa nos anima a construir una Iglesia con “rostro amazónico” y a profundizar la “formación de un clero autóctono, incluyendo sacerdotes que conozcan las condiciones locales” . Ya en Aparecida (2007), los obispos de América Latina y del Caribe tuvieron conciencia de que “el número insuficiente de sacerdotes y su distribución inequitativa imposibilitan que muchísimas comunidades puedan participar regularmente en la celebración de la Eucaristía. Recordando que la Eucaristía hace la Iglesia, nos preocupa la situación de miles de esas comunidades privadas de la Eucaristía dominical por largos periodos de tiempo” (DA no. 100e).
 
En la “Carta del 1er. Encuentro de la Iglesia Católica en la Amazonía Legal” , del 2 de Noviembre de 2013, los obispos de la región se lamentaron: “Nos causa un profundo dolor ver a miles de nuestras comunidades excluidas de la Eucaristía dominical. La mayoría de ellas sólo tienen la gracia de celebrar el Memorial de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor, una, dos o tres veces al año”. Desde el Concilio Vaticano II (1962-65) sabemos que, “ninguna comunidad cristiana se edifica sin tener su raíz y su centro en la celebración de la santísima Eucaristía, a partir de la cual debe comenzar toda la educación del espíritu comunitario” (PO -Presbyterorum Ordinis- no. 6). También la Constitución Dogmática Lumen Gentium –LG- habla de la Eucaristía como “fuente” y “punto culminante de toda la vida cristiana” (LG no. 11). Por ello, se torna urgentemente necesario el crear estructuras en nuestra Iglesia para que el 70% de las comunidades, que hoy están excluidas de la celebración de la Eucaristía dominical, puedan participar de la “fracción del pan” (Hch. –Hechos de los Apostoles- no. 2, 42), del “sacramento de la piedad, señal de unidad, vínculo de caridad, y banquete pascual” (SC –Sacrosanctum Concilium- no. 47).
 
“Relanzar la obra de la Iglesia” (DA no. 11) en la Amazonía y profundizar el “proceso de inculturación” (EG no. 126) exige que la Iglesia en la Amazonía haga propuestas “valientes”, tener “osadía” y “no tener miedo”, como nos pide el Papa Francisco .  La inculturación tiene como objetivo la asunción de los últimos para que sean los más próximos y los primeros. Su vida es el lugar preferencial de la epifanía de Dios. Si el punto de partida de la inculturación es la presencia en medio de la vida fragmentada y lastimada, el punto de llegada es la participación de la vida integral. Vida fragmentada y vida integral son articuladas por una propuesta, el Evangelio, y por un camino por recorrer, la misión.
 
En los documentos de la Iglesia en la Pan-Amazonía, el testimonio misionero vivido día a día se expresa en el compromiso de sus pastores con la dignidad de la persona humana, principalmente los más empobrecidos, con la defensa de su medio ambiente y con una presencia pastoral más intensa e integral al servicio de la vida.

Red Eclesial Pan-Amazónica (REPAM)
El llamado para la defensa de la vida de los pueblos en la Pan-Amazonía, y de su bioma, hicieron un eco muy fuerte en el Encuentro de la Red Eclesial Pan-Amazónica, realizado en Brasilia, los días 9 al 12 de Septiembre de 2014. En esos días de comunión entre las distintas representaciones de la Iglesia que componen los países de la Pan-Amazonía, los institutos de vida consagrada misionera insertos en el territorio, las instituciones eclesiales, y los colaboradores fraternos de Europa y los Estados Unidos, fue fundada la REPAM, Red Eclesial Pan-Amazónica, como organismo de articulación y comunión que busca estrechar los lazos de colaboración, y pretende alcanzar una visión común del trabajo misionero y evangelizador en la región.
 
La REPAM se coloca al servicio de los pueblos de la Pan-Amazonía, busca luchar en defensa de sus sabidurías ancestrales, de sus territorios y de su derecho a una “participación efectiva en las decisiones” que se hacen con respecto a su vida y sobre su futuro. Los pueblos Amazónicos tienen “el derecho a la consulta” frente a todas las políticas impuestas en la región. Reconocemos y valorizamos su espiritualidad en relación armónica con la creación.
 
La urgencia del llamado por la defensa del medio ambiente y de la vida de los pueblos de esa región ha venido de la constatación de los impactos de la implantación de proyectos macroeconómicos. Articulados en torno a la iniciativa de Integración de Infraestructura Regional SudAmericana (IIRSA), sumado al avance del agro-negocio y la producción agro-pecuaria depredadora; tales proyectos ponen en riesgo la flora y la fauna de la Amazonía, y su rica biodiversidad, y ante ello se torna cada vez más palpable la amenaza del calentamiento global sobre esa región y sus repercusiones en todo el planeta.
 
Denunciamos esos proyectos, su búsqueda de lucro a cualquier costo, y sus efectos destructivos que ponen en riesgo la vida de los pueblos de la Amazonía. Denunciamos la postura inescrupulosa de aquellos que definen las estrategias político-económicas con una concepción colonialista de un progreso que intenta subyugar a la Amazonía. Denunciamos, igualmente, la inequidad de una mentalidad científica y civilizatoria que menosprecia y manipula los saberes de los pueblos autóctonos y justifica su prepotencia para la explotación sin límites de todo medio natural, extrayendo y destruyendo sus recursos, verdaderos dones del Dios Creador.
 
Solicitamos llevar este llamado a los participantes de la COP20 (Conferencia de partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático –CMNUCC-), que tendrá lugar en el próximo mes de Diciembre (2014) en Lima, Perú. Hacemos nuestras las preocupaciones y manifestaciones de aquellos que procuran enfrentar las causas del cambio climático. Nos comprometemos para hacer eco en esa reunión de la voz y del testimonio de los pueblos originarios de los países de la Pan-Amazonía, portadores de un saber ancestral que puede contribuir para el futuro de su bioma y para el “buen vivir”  de toda la humanidad. Entendemos que toda la Iglesia y la humanidad entera tienen una corresponsabilidad común en la defensa del bioma y de la cuenca Amazónica. Por tanto, pensando en las futuras generaciones, es urgente escuchar la voz de los pueblos originarios de la Pan-Amazonía.
 
Mensaje de Esperanza
Aprovechamos esta oportunidad para llevar un mensaje de esperanza a todo el pueblo de Dios. En primer lugar a los hombres y mujeres de todas las naciones, para que se sientan corresponsables por nuestro planeta, por nuestro hogar común, y por consiguiente por la Amazonía. En este nuestro mundo dominado por un consumismo desenfrenado hacemos un llamado a la conversión, a un cambio de mentalidad y de nuestras prácticas, y de nuestros hábitos y actitudes. Necesitamos escuchar con atención al Papa Francisco que nos hace un fuerte llamado “al respeto y la salvaguarda de toda la Creación que Dios le confió al ser humano, no para que lo explotara de manera inescrupulosa, sino para transformarlo en un jardín” .
 
Deseamos alimentar la perseverancia y la esperanza de los discípulos y discípulas misioneros que consagran sus vidas día a día en la convivencia con los pueblos de la Amazonía. Muchos son los laicos, laicas, sacerdotes, religiosas, religiosos y obispos que dan testimonio de su fe en el anuncio de la Palabra, en la vivencia comunitaria, y en la solidaridad en todos los ámbitos de la vida de aquellos pueblos. Su proximidad y sacrificio, desplegando su presencia en innumerables comunidades de este inmenso territorio, son un signo permanente de una Iglesia samaritana y profética, siempre viva y servidora en el corazón de la Amazonía.
 
Queremos vivir una “cultura del encuentro” con todos los pueblos indígenas, las comunidades que habitan las riberas de los ríos, los pequeños campesinos, y con todas las comunidades de fe. En medio de tantas dificultades y las amenazas a su cultura y a su forma de vida, los discípulos y discípulas misioneros son testimonios vivos de esperanza. Desde la fundación de la REPAM, y desde nuestro compromiso de estrechar los lazos de colaboración y comunión en la misión, queremos prestar un servicio que pueda echar sus raíces en el suelo fértil en el que viven nuestros pueblos. Nuestra unión con los habitantes de la Pan-Amazonía se enraíza en el corazón de la Trinidad que tiene el mismo designio para todos: “una vida en plenitud” (-Evangelio según San Juan- Jn. 10, 10).
 
Que Nuestra Señora María Santísima, tan cariñosamente amada por los pueblos de la Amazonía, interceda por nosotros para que asumamos con valentía e inteligencia lo que su Hijo hoy y siempre nos pide (cf. Jn. 2, 5) a nosotros que tenemos el privilegio de vivir en esta tierra sagrada, don de Dios confiada a nuestro cuidado y responsabilidad.




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