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02 de Abril, 2015
Mensaje Pascual de los obispos de Patagonia-Comahue

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¡Soy yo mismo!

Muchas veces nos referimos a los jóvenes NI-NI, los que ni estudian ni trabajan. En este mensaje, los obispos del “fin de mundo” en el sur de continente, se detienen en los SIN-SIN: sin tierra, sin agua, sin vivienda, sin futuro… Los que encarnan la cultura de descarte de la que habla el Papa Francisco. En ellos también se hace viva la palabra de Jesús resucitado en esta Pascua.

Este mensaje despliega sus conceptos en 4 partes:

1.    Miren mis manos
2.    Miren mis pies
3.    ¡Soy yo mismo!
4.    Feliz Pascua

Seguramente, estas reflexiones acompañarán con conciencia plena el tiempo pascual en las comunidades patagónicas, del Comahue y también en aquellas que fuera de esa geografía se sientan alcanzadas por la palabra clara de los más australes pastores argentinos. 

VIRGINIA BONARD

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Mensaje Pascual 2015 de los Obispos de la Región Patagonia-Comahue

 

“MIREN MIS MANOS Y MIS PIES. ¡SOY YO MISMO!” (Lc 24, 39)

Con qué ternura y fuerza les habló Jesús a sus discípulos, que seguían todavía con su corazón confundido por lo sucedido en el Calvario. Los sacudió de su pesadumbre, desazón y tristeza saliendo a su encuentro: “¡Soy yo mismo!” Tiene ya las manos y los pies sueltos y se ha transformado en un manantial de Vida Nueva, la del Espíritu, que quiere compartir con ellos… y también con nosotros.

1.    “Miren mis manos”

Nuestra sociedad, y cada uno de nosotros, tenemos experiencia de manos violentas, o cerradas, porque buscan acumular más y más…, o mezquinas para dar al obrero su salario, o ausentes de cariño y delicadeza de una manera especial hacia su familia, o depredadoras de la naturaleza. Al mismo tiempo, con impotencia, vemos también que hay muchas otras manos clavadas a la cruz del abandono, de la soledad, de los sin…sin…: sin tierra, sin agua, sin vivienda, sin salud, sin futuro, sin trabajo, sin vida digna. Atadas no sólo por la pobreza, sino por padecer hoy injusta exclusión o “descarte”.

Todo ello es cierto. Sin embargo, Jesús, que irrumpe entre nosotros en esta Pascua, nos mueve a liberar nuestras manos con la fuerza desbordante de su Vida Nueva para el encuentro fraterno, la revolución de la ternura, para decidir desde el bien común y construir una sociedad que se ocupe y preocupe por la felicidad de todos. Jesús Resucitado nos alienta: “¡No tengan miedo! Aquí están mis manos: mírenlas”. Ciertamente son manos heridas, porque amaron sin límite, pero libres y abiertas para acariciar, abrazar, bendecir y abarcar a todos. ¡Que sus manos toquen y liberen las nuestras, llenándolas de su amor y compasión! Y así responderemos también a lo que el Papa Francisco nos dice en el mensaje de esta Cuaresma: “Cuánto deseo que nuestras Parroquias y nuestras comunidades lleguen a ser islas de misericordia en medio del mar de la indiferencia”

 2.    “Miren mis pies”

Ante tantos pies inmóviles, Jesús nos dice ‘puedo y quiero’ caminar con ustedes ayudándoles a sacar los clavos del egoísmo, de ese andar girando en torno a sí mismos, atrapados por esta “cultura del único y propio bienestar”, que los vuelve lejanos, ciegos, sordos, mudos ante el sufrimiento de los demás y que los encierra en ese individualismo que ni quiere acompañar ni ser acompañado, que destruye sus vínculos familiares y sociales. Miren mis pies libres. Necesito ahora los suyos para seguir visitando hoy barrios, pueblos, ciudades, campos y alentar y consolar a las familias, a los ancianos, jóvenes, esposos, madres solas,  niños y niñas… Y que renazca así la confianza y el aprecio por vivir en sociedad. Y que todos descubran cómo el amor restaura los vínculos, fortalece  la convivencia y va sanando las enfermedades y heridas de esta sociedad. ¿Se animan a salir y caminar conmigo?”.

3.     “¡Soy yo mismo!”

¡“Soy yo mismo!”, “¡Aquí estoy!”. “¡No teman!”. “¡Confíen, estoy con ustedes, entre ustedes y en ustedes para siempre!”. Los hombres y mujeres de hoy no podemos olvidar su presencia  que nos llena de delicadeza y cercanía. ¡Inquebrantable amistad del Dios hecho hombre que dio la vida para que todos la tengamos en abundancia! Él nos invita a acercarnos con las manos abiertas.

Contemplando y escuchando a Jesús, no podemos permanecer indiferentes. No nos excluyamos. Hagámonos cargo de nuestra sociedad con renovada esperanza. Llenémosla con la Vida Nueva que promueve la alegría, la paz, el perdón. Vida nueva que, con ojos bien abiertos a la verdad y la justicia, quiere transformar los enfrentamientos, odios y enemistades, en caminos de reconciliación y fraternidad. Vida nueva de este Jesús que nos llama a seguirlo como discípulos suyos, y que nos envía, con la fuerza y audacia de su Espíritu, para hacerlo presente en el barro de nuestra vida y de nuestro mundo, para que la tristeza se convierta en alegría, el odio en amor, la mentira en verdad, la indiferencia en compromiso, las numerosas esclavitudes de hoy en libertad, la cultura de muerte en una cultura que promueve y defiende la vida y su dignidad y en la que nadie “sobra” ni ha de ser excluido. “La Iglesia tiene que ser el lugar de la misericordia gratuita, donde todo el mundo pueda sentirse acogido, amado, perdonado y alentado a vivir según la vida nueva del Evangelio”(El gozo del Evangelio 114).

4.    ¡Feliz Pascua!

Por eso, como pastores y hermanos, les deseamos de corazón: ¡Feliz Pascua! Y los invitamos a que juntos nos encontremos de nuevo con  Jesús Resucitado que nos dice: “miren mis manos y mis  pies. ¡Soy yo mismo!”. El que estaba muerto, ¡está vivo! Salgamos del encierro del sepulcro y ayudemos a otros a salir de él, a vivir en la esperanza y en el gozo pascual en nuestro corazón, en nuestra familia y en la sociedad.

Las dificultades seguirán existiendo y serán las mismas u otras nuevas. Pero somos nosotros quienes habremos cambiado pues hemos comprendido, ahora sí, que el mundo será mejor si lo construimos cada día junto al Maestro Resucitado. Cada uno, desde el lugar en que estamos y desde la responsabilidad que nos toca, entreguemos la vida, no a medias o en retazos, sino enteramente, para el bien y la felicidad de todos. Jesús confía en nosotros invitándonos a ser, en el aquí y ahora, semillas de esperanza y levadura de su Reino de paz, de verdad, de justicia, de amor.

Que María, nuestra Madre, aliente y acompañe a cada familia y a cada comunidad cristiana. La invocamos pidiéndole que interceda por nosotros para que, siempre abiertos al Espíritu de su Hijo Resucitado, vivamos con gozo siendo testigos que el mal, el pecado y la muerte, no tienen la última palabra y han sido vencidos.

Comprometiéndonos a rezar por cada uno de ustedes, y pidiéndoles que recen por nosotros, con alegría pascual les acercamos nuestra bendición.

Marzo del 2015

Virginio D. Bressanelli, scj (Obispo de Neuquén) Fernando Croxatto (Obispo Auxiliar de Comodoro Rivadavia)  Marcelo A. Cuenca (Obispo de Alto Valle del R. N.), Juan José Chaparro, cmf (Obispo de San Carlos de Bariloche) Miguel Ángel D’Annibale (Obispo de Río Gallegos), Joaquín Gimeno Lahoz (Obispo de Comodoro Rivadavia) Esteban M. Laxague, sdb (Obispo de Viedma) José Slaby, c.ss.r. (Obispo de la Prelatura de Esquel), Fernando Bargalló (Obispo emérito de Merlo-Moreno), Miguel E. Hesayne (Obispo emérito de Viedma) Marcelo A. Melani, sdb (Obispo emérito de Neuquén) Néstor H. Navarro y José Pedro Pozzi, sdb (Obispos eméritos de Alto Valle del Río Negro).

   




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