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08 de Abril, 2015
PASCUA 2015: "Encontré el pin"

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Cardenal Sturla subraya el hallazgo de la resurrección

El recientemente creado cardenal uruguayo, Daniel Sturla, recurrió a una imagen muy elocuente para referirse a la Pascua: un pin.
Para que nadie quede afuera del concepto “pin”, recurrimos a la Real Academia española que lo define como “insignia o adorno pequeño que se lleva prendido en la ropa”. Por extensión, en el ámbito digital, un “pin” es una contraseña que sirve para hacer diversas operaciones, entrar a cuentas de redes sociales, bancarias, etc.
Jesús resucitado como “pin” es una imagen tan clara ──especialmente para los usuarios de Internet; y para los que no lo son, una forma de acercamiento a esa nueva aldea a la que nos invita nuestro tiempo a habitar y a llevar la buena noticia──: Jesús, nuestra llave para una vida plena, nueva. De esto se trata el mensaje de Sturla que reproducimos con formato de video y texto.

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“Encontré el pin”
 
Es común hoy que tengamos varias contraseñas o pin: la del celular, la de la tarjeta, la del banco, etc. etc. ¡Qué lío nos hacemos cuando nos la olvidamos! Pensamos y pensamos, y se nos confunden números y letras. Buscamos si la tenemos escrita en algún lugar.
¡Cuando no la encontramos es un caos!
¡Qué alivio supone cuando hacemos la asociación de ideas correcta y… ¡nos acordamos! ¡Encontré el pin, la contraseña, la clave!
 
La vida humana tiene muchos misterios, por momentos es compleja, hay cosas que no entendemos: situaciones, personas, hechos, que nos les encontramos sentido… ¿Cómo interpretar lo que pasa cuando a veces parece todo tan caótico? Incluso cuando me miro a mí mismo, veo mis propias contradicciones, y esto me crea una pregunta que no me resulta fácil responder.
El cristiano no es que tenga todo claro y resuelto, pero sí tiene el pin, la contraseña, la clave, que le permite entrar a un mundo lleno de sentido e ir descubriendo los secretos de la vida, develando muchos misterios y vivir con sentido su propia vida.
 
Esa clave es la Pascua…
 
Un hombre que decía ser el Mesías, el esperado por el antiguo Israel, pero aún más, un hombre que afirmaba su igualdad con Dios, murió en la cruz. Era la derrota total. Sin duda su enseñanza era buena y había dejado honda huella en quienes lo habían seguido, pero su muerte de ese modo ignominioso marcaba su derrota y hacía absurdas sus pretensiones sobre sí mismo: ser luz del mundo, el agua capaz de saciar la sed de todos, el pan que debía comerse para obtener la vida eterna. Más aún, su muerte señalaba la falsedad de esa identidad que había ido mostrando en sus últimas predicaciones: igualarse a Dios hasta decirse su Hijo. Al final todo parecía un mal sueño, o una locura.
 
Vino la noche sobre sus discípulos, el miedo, el caos. De pronto, en medio de la noche, surgió la luz de un amanecer sin ocaso. Dice la liturgia de la vigilia pascual:
 
“Esta es la noche en que estaba escrito:
La noche es clara como el día, la noche ilumina mi alegría.
Por eso la santidad de esta noche aleja toda maldad, lava las culpas,
devuelve la inocencia a los pecadores y la alegría a los afligidos;
expulsa el odio, trae la concordia y doblega a los poderosos.”
 
En el amanecer del primer día de la semana, todo cambió. La tumba vacía, las apariciones de ángeles y, finalmente, su propia presencia en medio de sus discípulos. Las marcas de los clavos y la herida de su costado transformadas en signos de su amor. Era Él pero al mismo tiempo ya estaba en otra dimensión. Él, glorificado, luminoso, transfigurado. Él que nos daba su perdón y su paz y su promesa de estar siempre con nosotros.
 
¡Aleluya! El mal, el pecado y la muerte, no tienen la última palabra en la historia. No es el odio de unos a otros lo que de verdad mueve el mundo, sino el amor. La muerte, con la frialdad que trae aparejada, es una derrotada. ¡Cristo vive! “¡Verdaderamente ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón!” La vida ha vencido a la muerte. El amor es más fuerte. Jesús muerto y resucitado es el “pin”, es la clave de interpretación de mi vida y de la vida.
 
¡Es la Pascua! Seguirán los claroscuros en mi vida y en la historia, pero tengo la certeza que las tinieblas no vencerán. No hay oscuridad capaz de apagar esta luz. ¡Felices Pascuas!


+Daniel Sturla sdb
Cardenal Arzobispo de Montevideo



*** Acceda desde aquí al VIDEO del mensaje de cardenal Sturla ***



VIRGINIA BONARD
FUENTE: Oficina de Prensa de la Conferencia Episcopal del Uruguay






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