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15 de Abril, 2015
VII Cumbre de las Américas

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Carta del Papa Francisco al presidente de Panamá

En el marco de la VII Cumbre de las Américas que se llevó a cabo en Panamá los días 10 y 11 de abril de 2015 ──y que contó con la participación de los Jefes de Estado y de Gobierno de los 35 países del continente americano── el Papa Francisco se hizo presente a través de una carta dirigida al anfitrión y presidente de Panamá, Juan Carlos Varela Rodríguez.

En ella, el Santo Padre expresó su sintonía con el tema de esta Cumbre: “Prosperidad con equidad: el desafío de la cooperación en las Américas”. Indicó que la raíz de los “conflictos y de violencia entre los pueblos” está en la “inequidad, la injusta distribución de las riquezas y de los recursos”. Enumeró “los bienes básicos” de los que todos, sin exclusión, deberían gozar: “la tierra, el trabajo y la casa, y ‘servicios públicos’, como la salud, la educación, la seguridad, el medio ambiente”.

Coherente con su mensaje de globalizar la solidaridad, Francisco insistió en darle combate a la globalización de la indiferencia; además y a pesar de la constatación de un progreso en el continente, marcó la realidad concreta de la existencia de la profundización de la brecha entre ricos y pobres (“escandalosa”), indicando que la promoción humana es el verdadero camino para alcanzar un desarrollo sostenible de los sectores más postergados.

La inmigración, la responsabilidad de los Estados ante el flujo inmigratorio, las condiciones legales, el trabajo esclavo y la trata de personas, entre otros de alta sensibilidad social y humana, como era esperable y deseable, no quedaron fuera de este texto.

Este evento fue precedido los días 8 y 9 de abril por cuatro foros regionales: Foro Empresarial, Foro de Rectores, Foro de la Sociedad Civil y Foro de Jóvenes.

La Cumbre de las Américas constituye un espacio en el cual las máximas autoridades de los países convocados reflexionan y debaten con libertad y respeto con sus lógicas heterogeneidades, sobre temas de interés común.

Según informaron los organizadores, en esta VII edición Panamá introdujo algunas innovaciones de relevancia:

  • la invitación, por primera vez, a todos los Jefes de Estado y de Gobierno de las Américas;
  • la realización de un foro académico que reunirá a los rectores de las Universidades más destacadas del continente;
  • y la implementación de un nuevo enfoque metodológico en el desarrollo del tema y los acuerdos.

 

En esta VII Cumbre de las Américas, los presidentes de Cuba y EE.UU., en un hecho ponderado como de relevancia regional y mundial, reanudaron un diálogo interrumpido hace más de medio siglo.

Las ediciones anteriores de esta Cumbre se realizaron en Miami, EE.UU. (1994); Santa Cruz de la Sierra, Bolivia (1996); Santiago, Chile (1998); Quebec, Canadá (2001); edición extraordinaria en Monterrey, México (2004); Mar de Plata, Argentina (2005); Puerto España, Trinidad y Tobago (2009); Cartagena de Indias, Colombia (2012).

 

VIRGINIA BONARD


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Compartimos el texto completo de la carta aludida.

 

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO 
AL PRESIDENTE DE PANAMÁ
CON OCASIÓN DE LA VII CUMBRE DE LAS AMÉRICAS

 

Al Excelentísimo Señor
Juan Carlos Varela Rodríguez,
Presidente de Panamá

Como anfitrión de la VII Cumbre de las Américas, deseo hacerle llegar mi saludo cordial y, a través de Usted, a todos los Jefes de Estado y de Gobierno, así como a las delegaciones participantes. Al mismo tiempo, me gustaría manifestarles mi cercanía y aliento para que el diálogo sincero logre esa mutua colaboración que suma esfuerzos y supera diferencias en el camino hacia el bien común. Pido a Dios que, compartiendo valores comunes, lleguen a compromisos de colaboración en el ámbito nacional o regional que afronten con realismo los problemas y trasmitan esperanza.

Me siento en sintonía con el tema elegido para esta Cumbre: «Prosperidad con equidad: el desafío de la cooperación en las Américas». Estoy convencido –y así lo expresé en la Exhortación apostólica Evangelii gaudium– de que la inequidad, la injusta distribución de las riquezas y de los recursos, es fuente de conflictos y de violencia entre los pueblos, porque supone que el progreso de unos se construye sobre el necesario sacrificio de otros y que, para poder vivir dignamente, hay que luchar contra los demás (cf. 52, 54). El bienestar así logrado es injusto en su raíz y atenta contra la dignidad de las personas. Hay «bienes básicos», como la tierra, el trabajo y la casa, y «servicios públicos», como la salud, la educación, la seguridad, el medio ambiente…, de los que ningún ser humano debería quedar excluido.

Este deseo –que todos compartimos–, desgraciadamente aún está lejos de la realidad. Todavía hoy siguen habiendo injustas desigualdades, que ofenden a la dignidad de las personas. El gran reto de nuestro mundo es la globalización de la solidaridad y la fraternidad en lugar de la globalización de la discriminación y la indiferencia y, mientras no se logre una distribución equitativa de la riqueza, no se resolverán los males de nuestra sociedad (cf. Evangelii gaudium 202).

No podemos negar que muchos países han experimentado un fuerte desarrollo económico en los últimos años, pero no es menos cierto que otros siguen postrados en la pobreza. Además, en las economías emergentes, gran parte de la población no se ha beneficiado del progreso económico general, sino que frecuentemente se ha abierto una brecha mayor entre ricos y pobres. La teoría del «goteo» o «derrame» (cf. Evangelii gaudium 54) se ha revelado falaz: no es suficiente esperar que los pobres recojan las migajas que caen de la mesa de los ricos. Son necesarias acciones directas en pro de los más desfavorecidos, cuya atención, como la de los más pequeños en el seno de una familia, debería ser prioritaria para los gobernantes. La Iglesia siempre ha defendido la «promoción de las personas concretas» (Centesimus annus, 46), atendiendo sus necesidades y ofreciéndoles posibilidades de desarrollo.

Me gustaría también llamar su atención sobre el problema de la inmigración. La inmensa disparidad de oportunidades entre unos países y otros hace que muchas personas se vean obligadas a abandonar su tierra y su familia, convirtiéndose en fácil presa del tráfico de personas y del trabajo esclavo, sin derechos, ni acceso a la justicia… En ocasiones, la falta de cooperación entre los Estados deja a muchas personas fuera de la legalidad y sin posibilidad de hacer valer sus derechos, obligándoles a situarse entre los que se aprovechan de los demás o a resignarse a ser víctimas de los abusos. Son situaciones en las que no basta salvaguardar la ley para defender los derechos básicos de la persona, en las que la norma, sin piedad y misericordia, no responde a la justicia.

A veces, incluso dentro de cada país, se dan diferencias escandalosas y ofensivas, especialmente en las poblaciones indígenas, en las zonas rurales o en los suburbios de las grandes ciudades. Sin una auténtica defensa de estas personas contra el racismo, la xenofobia y la intolerancia, el Estado de derecho perdería su legitimidad.

Señor Presidente, los esfuerzos por tender puentes, canales de comunicación, tejer relaciones, buscar el entendimiento nunca son vanos. La situación geográfica de Panamá, en el centro del continente Americano, que la convierte en un punto de encuentro del norte y el sur, de los Océanos Pacífico y Atlántico, es seguramente una llamada, pro mundi beneficio, a generar un nuevo orden de paz y de justicia y a promover la solidaridad y la colaboración respetando la justa autonomía de cada nación.

Con el deseo de que la Iglesia sea también instrumento de paz y reconciliación entre los pueblos, reciba mi más atento y cordial saludo.

Vaticano, 10 de abril de 2015

Francisco

   




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