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15 de Abril, 2015
El clima y el talante del I Encuentro de Obispos Eméritos del CELAM

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Testimonio de Mons. Ramón Ovidio Pérez Morales

El I Encuentro de Obispos Eméritos del CELAM, realizado en Bogotá del 23 al 27 de marzo, marcó un hito en el caminar de la Iglesia latinoamericana y caribeña. Por primera vez en la que un grupo de obispos de doce países se dan cita para reflexionar sobre “el ser y el quehacer del obispo emérito”.

Monseñor Ramón Ovidio Pérez Morales, obispo emérito de Los Teques (Venezuela), quien ha prestado diversos servicios en la Conferencia Episcopal Venezolana y en el CELAM, fue uno de los conferencistas invitados. Al concluir el Encuentro, monseñor R. Ovidio compartió su testimonio, en el cual destaca el clima humano y fraterno, así como el talante formativo que caracterizó esta experiencia.

                                       ENCUENTRO DE OBISPOS EMÉRITOS

                                                                         

Mons. R. Ovidio Pérez Morales

Encuentro muy grato. Ciertamente lo ha sido el compartir que acabamos de tener en Bogotá (23-27 marzo) unos treinta obispos eméritos de América Latina.

Por emérito se entiende el obispo que al llegar a los 75 años ha presentado la renuncia como pastor de una diócesis o responsable de un cargo eclesiástico determinado. ¿Para qué? Para seguir sirviendo en otras tareas de servicio evangelizador. Un campo nuevo, que abre muchas posibilidades evangelizadoras y deja un mayor espacio a libres escogencias.

El encuentro de Bogotá nos ha permitido a los participantes, en un clima de fraternidad y de oración, evaluar experiencias de nuestro emeritazgo, reflexionar en nuestro ser y quehacer de obispos en nueva situación, así como meditar conjuntamente en nuestra espiritualidad específica y formación permanente. Algunas conclusiones  tejimos, ya respeto de nosotros mismos, ya también pensando en qué sugerir a varias instancias eclesiales.

Algo que quiero subrayar de esta reunión son el clima humano vivido y el talante que la caracterizó.  Netamente positivos y proactivos. No nos interpretamos como gente en retirada o en descanso, simples jubilados en el goce de pensiones y anudando memorias.

La realidad que nos sirvió de base y de punto de partida fue nuestra condición de obispos actuales y actuantes: cristianos que por el sacramento del orden recibieron en y para el Pueblo de Dios a) una misión pastoral tridimensional (enseñanza-santificación-conducción) y b) la incorporación  al Colegio Episcopal (Papa y los demás obispos), que se entiende como sucesor del Colegio Apostólico (Pedro y los demás apóstoles).

El emérito es, pues, un obispo en una situación pastoral especial, sobre la cual hay ya una normativa reguladora y orientadora, pero abierta a ulteriores modificaciones y perfeccionamiento, para lo cual serán de gran  utilidad, entre otros, encuentros como el reciente de Bogotá. La aparición del obispo emérito es de reciente data. Punto de partida lo constituyó el Concilio Vaticano con su Decreto Christus Dominus, que fundándose en el carácter servicial del episcopado servicial (ciertamente el ministerio es para la Iglesia y no viceversa), recomendó que, por edad u otra causa grave, los obispos presenten su renuncia al cargo.

Según el Anuario Estadístico de la Iglesia, en 2012 los obispos católicos eran 5.133, de los cuales eméritos 1547. Una cifra significativa. De allí la atención que se presta cada vez más  al tema del emeritazgo episcopal.

La reunión de Bogotá estimula a otros encuentros e iniciativas del género en diversos niveles eclesiales hacia una presencia más animosa, protagónica y fecunda de los obispos eméritos  en nuestra  Iglesia, que se ha declarado en “nueva evangelización” en un mundo en “cambio epocal”.




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