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12 de Marzo, 2015
Evangelii Gaudium elenca las tentaciones de los agentes pastorales

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Homilía del nuncio apostólico en Colombia.

El jueves 12 de marzo, la homilía de la misa celebrada por la mañana estuvo presidida por monseñor Ettore Balestrero, Nuncio Apostólico en Colombia.

Con el gran marco de la Evangelii Gaudium, Balestrero se expresó en torno a algunas ideas básicas:

-- Este Congreso como “motivador y sanador para agentes pastorales”

-- Jesús “en salida”, subrayando la “espiritualidad misionera”

-- Unión entre los pastores, “comunión fraterna”

-- No caer en la “mundanidad espiritual”

-- Pretender realizar proyectos irrealizables: una tentación pastoral

-- El reino de Dios en el mundo: “revolución en los vínculos humanos”

-- “El Papa nos invita a dar el ‘sí’  a las relaciones nuevas que genera Jesucristo”

 

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Compartimos el texto completo de la homilía.

Queridos hermanos y hermanas.

Quisiera empezar con una anotación personal. Me parece que este encuentro promovido por el Celam es una respuesta concreta a la solicitud del Santo Padre, expresada en la misma Evangelii Gaudium, de crear espacios motivadores y sanadores para los agentes pastorales, “lugares donde regenerar la propia fe en Jesús crucificado y resucitado, donde compartir las propias preguntas más profundas y las preocupaciones cotidianas, donde discernir en profundidad con criterios evangélicos sobre la propia existencia y experiencia, con la finalidad de orientar al bien y a la belleza las propias elecciones individuales y sociales” (EG 77).

Pasando al evangelio de hoy, la curación del endemoniado que acabamos de escuchar, puede ser leída teniendo como telón de fondo la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium del Papa Francisco. En efecto, la acusación malintencionada de los fariseos fue la ocasión para que Jesús afirmara: “el que no está conmigo está contra mí” (v.23). Con ello Jesús muestra, por una parte, la radicalidad de su exigencia y, por otra, la seriedad que supone la acción del Demonio, que tienta, aísla e impide a la persona relacionarse con los demás.

En concreto, la Evangelii Gaudium elenca ciertas tentaciones que sufren los denominados“agentes pastorales”.

Comienza el relato de Lucas diciendo que el Señor “estaba expulsando un demonio”. Podemos figurarnos a Jesús, por decirlo así, en plena acción, no encerrado en sí mismo, sino “en salida”, desplegando todas sus energías humanas y divinas en favor de este hombre sufriente. No vemos a Jesucristo distraído o al margen de su propia tarea, sino, por el contrario, asumiendo de modo perfecto la misión para la cual fue enviado. Para decirlo en palabras de la Exhortación Apostólica, el Señor se presenta como un modelo del “‘sí’ al desafío de una espiritualidad misionera”(EG 78).

Tras el milagro obrado por Cristo, las reacciones son variadas. La mayoría de la multitud se admira; pero unos cuantos afirman que lo hace por arte de Belzebú y, otros, para ponerlo a prueba, le piden un signo del cielo.

Consideremos las dos últimas resistencias. En primer lugar, la atribución al demonio de las obras realizadas por el Hijo de Dios. Según el pasaje paralelo de Mateo, Jesús afirma que este proceder constituye el pecado contra el Espíritu Santo: se trata de una verdadera oposición contra el Señor, porque se niega la evidencia por orgullo o por intereses.

Pidamos que nosotros los Pastores esto nunca pase y que haya siempre unidad entre nosotros.

A ese respecto, advierte el Papa Francisco sobre la importancia de la comunión fraterna. Dice el Romano Pontífice: “a los cristianos de todas las comunidades del mundo, quiero pediros especialmente un testimonio de comunión fraterna que se vuelva atractivo y resplandeciente. Que todos puedan admirar cómo os cuidáis unos a otros, cómo os dais aliento mutuamente y cómo os acompañáis: ‘En esto reconocerán que sois mis discípulos, en el amor que os tengáis unos a otros’(Jn 13,35). Es lo que con tantos deseos pedía Jesús al Padre: ‘Que sean uno en nosotros […] para que el mundo crea’(Jn 17,21) (…) Pidamos la gracia de alegrarnos con los frutos ajenos, que son de todos” (EG99). Jesús mismo, en el pasaje que hemos leído, sentencia: “todo reino dividido contra sí mismo va a la ruina y cae casa sobre casa” (v.17).

Según la versión de Mateo, quienes acusan a Jesús son fariseos. Sabemos que, a veces, actuaban por apariencias. En ese sentido, el perfil del fariseo resulta concorde con una tentación pastoral, que el Santo Padre denomina mundanidad espiritual. El Papa explica que, si se cae en esa tentación, “en lugar de evangelizar lo que se hace es analizar y clasificar a los demás, y en lugar de facilitar el acceso a la gracia se gastan las energías en controlar” (EG 94).

Contemplemos, en segundo lugar, la reacción que consiste en pedir de modo desafiante un signo del cielo. Comenta San Cirilo de Jerusalén que este modo de proceder es como si dijeran: “aun cuando arrojas los demonios del cuerpo de un hombre, no es prueba suficiente de la obra divina; todavía no hemos visto algo que pueda compararse con los primitivos milagros: Moisés pasó al pueblo de Israel por medio del mar (Ex 12); Josué, que le sucedió, detuvo al sol en Gabaón (Jos 10). Pero tú no nos has hecho ver nada de esto” (en Catena Aurea).

Esta actitud rechaza la realidad misma tal como se presenta, y exige portentos que sólo proceden de la imaginación y del orgullo. Francisco explica que se puede caer en esta tentación pastoral “por sostener proyectos irrealizables y no vivir con ganas lo que buenamente podría hacerse (…); por perder el contacto real con el pueblo (…); por no saber esperar y querer dominar el ritmo de la vida” (EG 82). El antídoto contra esta tentación, es aceptar la manifestación de Dios en la realidad concreta del trabajo pastoral cotidiano, sin imponerle las propias expectativas, y entregarse con todo el corazón a esa realidad, así como Dios la ha dispuesto para nosotros.

Finalmente, hay una expresión de Jesús que manifiesta la novedad de su actuación: “si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a nosotros” (v.20). En concreto, el vocablo “dedo de Dios” evoca las acciones realizadas directamente por Dios en el Antiguo Testamento. Según el Salmo 8, los cielos son obra de los dedos de Dios; relata el libro del Éxodo que las tablas de la ley fueron escritas por el dedo de Dios y que con su mismo dedo obró milagros (cf. Ex 31,18; 8,19). Con Jesús, la acción del dedo de Dios manifiesta la irrupción del Reino de Dios en el mundo: la nueva creación.

Justamente esa novedad, según el Santo Padre, revoluciona los vínculos humanos y, en consecuencia, ha de regir las mutuas relaciones entre los agentes pastorales en el seno de la Iglesia. El Papa nos invita a dar el “sí”  a las relaciones nuevas que genera Jesucristo, explicando que “allí está la verdadera sanación, ya que el modo de relacionarnos con los demás que realmente nos sana en lugar de enfermarnos es una fraternidad mística, contemplativa, que sabe mirar la grandeza sagrada del prójimo, que sabe descubrir a Dios en cada ser humano, que sabe tolerar las molestias de la convivencia aferrándose al amor de Dios, que sabe abrir el corazón al amor divino para buscar la felicidad de los demás como la busca su Padre bueno” (EG 92).

Recogiendo estas consideraciones, pidamos al Señor, que, fortalecidos por su evangelio, nos conceda dar el “sí” al desafío de una espiritualidad misionera, rechazar la mundanidad espiritual y abrirnos a las relaciones nuevas que genera su llegada.

Pidamos a la Virgen, Estrella de la Nueva Evangelización y Reina de los Apóstoles, quesiga acompañando este encuentro y el trabajo pastoral que Ustedes adelantan en cada una de sus Diócesis. Así sea.

 

VIRGINIA BONARD

   




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