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03 de Junio, 2015
Beatificación de monseñor Óscar Romero

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¿Una hecho intrascendente en el pontificado de Francisco?

En sus Reflexiones de Frontera, el padre Guillermo Ortiz SJ se pregunta ─y lo comparte con los oyentes de Radio Vaticana en lengua española── si la reciente beatificación de obispo salvadoreño Óscar Romero es un hecho más en el pontificado de Francisco.

Rescatando el estilo sacerdotal y episcopal de Romero, Ortiz subraya el magisterio del Papa Francisco en “palabras y gestos” y el magisterio del beato, obispo y mártir también en “palabras y gestos”. Y pone la lupa sobre la “conversión pastoral” imprescindible que lleva a más y más misericordia en el corazón de los hombres y mujeres de este tiempo.

No es un hecho más. Se trata de hecho más que significativo y con características casi pedagógicas que obligan a mirar a este nuevo beato en su dimensión grande de servidor de su pueblo y trabajador incansable por la paz.

VIRGINIA BONARD
FUENTE: Radio Vaticana Lengua española

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Compartimos el texto completo de esta Reflexión de Frontera que lleva por título: Llamado a la conversión pastoral.

La beatificación de Mons. Romero no es una cosa más del pontificado de Francisco. Entiendo que Mons. Romero encarna lo que el Papa concibe como Pastor y como agente pastoral de una “Iglesia en salida”.

Aunque la beatificación implica el culto de veneración en la diócesis, gracias a la globalización y simultaneidad de la comunicación, este obispo mártir es, desde hace tiempo y ahora mucho más, modelo universal de obispo. Es modelo universal de sacerdote, en el marco de lo que la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano plantea en el concepto de  “conversión pastoral”. Un concepto clave de Aparecida, donde Bergoglio fue protagonista y que como Papa instaló ahora en la Iglesia Universal, expresamente con Evangelli Gaudium. El magisterio de gestos y palabras de Francisco apunta decididamente a la “conversión pastoral” de obispos y discípulos-misioneros, con el testimonio personal radical de Francisco, que en el caso de Romero llega al martirio, al sacrificio cruento, como el mismo Jesús de Nazaret.

Tanto Romero como Francisco nos dicen con gestos y palabras que hay que salir de sí para servir al Pueblo sufriente como el Buen Pastor del Evangelio; que hay que llegarse hasta llagarse en el encuentro con el otro, ofreciendo el cuerpo, el alma, la vida. Solo así se puede vivir la alegría del evangelio.

Pienso que una de las cosas que cuesta entender, es esta radicalidad de la propuesta de Francisco Papa, pero -como el mismo llamado de Jesús a la conversión, a su seguimiento- se trata de una invitación hecha con el ejemplo extremo. Cada uno de nosotros tiene que discernir qué es lo que me pide Jesús hoy a mí frente al sufrimiento de su Pueblo. 

De cualquier modo, el martirio de Romero y el testimonio de Francisco de identidad, pertenencia y compromiso con el Pueblo de Dios, es todo lo contrario al silencio cómplice de aquellos obispos y sacerdotes que por comodidad, por mundanidad o miedo, no vivimos plenamente la vocación. No quiere decir que Romero no tuvo miedo, pero venció el miedo con la fe, con la confianza en Dios, con la obediencia amorosa a la misión recibida. Francisco en el mensaje por la beatificación de Romero dice: “damos gracias a Dios porque Dios le concedió al Obispo mártir la gracia de ver y oír el sufrimiento de su Pueblo…”.

Por aquí pasa este misterio tremendo y fascinante de lo que llaman “la pasión de Dios por el hombre”; por aquí pasa “la conversión pastoral” por la que Francisco reza y trabaja. Y que resulta para todos una invitación porque Dios es misericordioso y no se cansa de perdonar. 




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