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23 de Junio, 2015
La Vida Religiosa de América Latina: a favor del proceso de paz en Colombia

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La declaración tuvo lugar en el Congreso de VC.

El domingo 21 de junio, durante la sesión de clausura del Congreso de Vida Consagrada, la Conferencia de Religiosas/os de Colombia, representada por su Presidente, el Hno. Leonardo Enrique Tejeiro Duque, FSC, postuló ante los participantes (más de 1.200), un pronunciamiento “en solidaridad con el proceso de paz en Colombia”.

La declaración, apoyada por la totalidad de los congresistas, fue propuesta por el grupo de religiosas/os que participaron en el taller “Compromiso de la Vida Religiosas con la justicia y la paz en Colombia”, orientado por el padre Francisco de Roux, SJ.

Se reproduce, a continuación el pronunciamiento.

PRONUNCIAMIENTO DEL CONGRESO DE LA CLAR EN SOLIDARIDAD CON EL PROCESO DE PAZ EN COLOMBIA

Nosotros, religiosas y religiosos de América Latina y el Caribe, reunidos en Congreso, expresamos nuestro dolor y solidaridad con los seis millones de víctimas de esta Colombia que nos ha recibido  generosamente con los brazos abiertos de la cruz  en medio de  la violencia y de la guerra y nos ha hecho sentir la vida que clama por la paz.

Ante este drama colombiano en el que resuena el sufrimiento de los  pobres y excluidos del Continente, reconocemos que si bien hemos puesto nuestras personas y nuestras obras al servicio del pueblo, hemos tenido fallas particularmente por no haber entregado en el amor y en el servicio todo lo que se esperaba de nuestras vidas consagradas.

Queremos dirigirnos a todas las colombianas y colombianos para ofrecerles nuestra solidaridad en la búsqueda de la reconciliación basada en la verdad, la reparación, la garantía de no repetición, la grandeza del perdón y la recuperación de la confianza colectiva en el camino hacia la paz, fruto de la justicia.

Nuestra palabra quiere llegar de manera especial a los negociadores del gobierno y de las FARC en La Habana. Creemos que los mueve una intensión sincera de paz. Valoramos las miles de horas dedicadas a esta búsqueda. Desde lo más hondo del pueblo colombiano y latinoamericano les pedimos e imprecamos, en nombre del Dios de nuestro Señor Jesucristo, que no se paren de la mesa hasta que no haya concluido la guerra en Colombia. Los instamos por la dignidad de este pueblo, al que han entregado su tranquilidad y sus vidas, a que detengan la confrontación armada y suspendan toda operación que cause muertes, que destruya ríos y fuentes de energía y que con bombas reviente los campos. Después de tanta tragedia acumulada no aceptamos ni justificamos ninguna muerte ni victimización más. 

Los invitamos a trabajar asiduamente para que se llegue pronto a los acuerdos. No pretendan que ustedes pueden arreglar a Colombia en La Habana. Baste que establezcan las líneas básicas que permitan, con seguridad humana y jurídica, parar la guerra guardando la grandeza humana, y dejando bases para la  reconstrucción de país, y confíen en el pueblo colombiano que quiere emprender los cambios profundos que lleven a la superación de la injusticia y la exclusión. 

Sabemos que el conflicto colombiano es uno solo y que el proceso de La Habana requiere que se llegue a acuerdos entre el gobierno y las FARC. Además pedimos pedimos que se inicien negociaciones en mesa pública propia lo antes posible con el ELN, el cual ha dicho que su agenda de paz es lo que la sociedad quiera, y ha manifestado que acompañará con las armas este querer. Seguros de que expresamos el sentimiento de millones de hombres y  mujeres del continente y de Colombia, le decimos al ELN que la sociedad no quiere que nos acompañen con armas, y que el deseo inmenso del pueblo es que vengan a la vida política y democrática, para construir juntos los cambios estructurales que la paz exige.

De nuestra parte, nos comprometemos a orar por estos diálogos y a asumir la causa de la paz y de la reconciliación como el deber moral más grande que tiene hoy nuestra misión, trabajaremos más y más al lado de las víctimas, reforzaremos nuestra entrega en la educación para multiplicar los hábitos de respeto a la dignidad humana y a la solidaridad, buscaremos en la oración la ayuda y la sabiduría del Espíritu para entregarnos sin reserva en esta causa, y trabajaremos unidos para responder a este clamor por la vida del pueblo.

Bogotá 21 de junio de 2015

ÓSCAR ELIZALDE PRADA
FUENTE: CLAR




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