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23 de Junio, 2015
“Donde hay consagrados hay alegría”

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Palabras de apertura de la Presidenta de la CLAR en el Congreso de VC.

El jueves 18 de junio de 2015, en la apertura del Congreso de Vida Consagrada de la CLAR que se desarrolló en Bogotá, la Hna. Mercedes Casas Sánchez, presidenta la institución eclesial que congrega a las/os religiosas/os de América Latina y el Caribe, pronunció las siguientes palabras de “Apertura”, que reflejan los caminos de búsquedas de la CLAR, al compás de “clamores”, “convicciones” y “compromisos”.

APERTURA

Hna. Mercedes Leticia Casas Sánchez, FSpS
Presidenta de la CLAR

Muy queridas hermanas y muy queridos hermanos:

‘Donde hay consagradas/os hay alegría’[1]. Por eso estamos alegres este día en el que nos reconocemos convocadas y convocados para celebrar este Congreso de Vida Consagrada, que tiene por tema: Horizontes de novedad en la vivencia de nuestros carismas hoy; escuchemos a Dios donde la Vida Consagrada clama.

Estamos viviendo un momento de gracia, un kairós, impulsado de manera especial por la iniciativa que tuvo nuestro querido papa Francisco de celebrar este Año de la Vida Consagrada. El contexto lo marca también la conmemoración de los 50 años del Concilio Vaticano II y, concretamente, de la Lumen Gentium y de la Perfectae Caritatis, que han impulsado con fuerza la renovación de la Vida Consagrada. Así también, la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium nos ensancha el corazón y nos dispone a involucrarnos de lleno en la Nueva Evangelización y a ser parte de “una Iglesia en salida” misionera. El papa Francisco ha dirigido a la Vida Consagrada varias expresiones de esas que se graban a fuego en el corazón: “¡Abran puertas!”; “¡Despierten al mundo!”; “¡No renuncien a su identidad profética!”; “¡Sean testimonio de un mundo distinto!”; “llegar a las periferias”, … Por otra parte, la Congregación de Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica, con sus cartas “Alégrense” y “Escruten”, ha motivado muchas de las reflexiones que actualmente hacemos en nuestras Conferencias y Comunidades.

Este Congreso, que poco a poco se ha ido abriendo a perspectivas que desbordan la geografía latinoamericana y caribeña, se desenvuelve de todas maneras en medio del contexto de este Continente, lleno de luces y de sombras, de riqueza y de complejidades; de rostros de dolor y de esperanza. Somos muchas y muchos los que estamos aquí, con la riqueza de la diversidad de nuestros contextos y con las experiencias que atraviesan diariamente nuestra vida, nuestra oración, nuestra pasión por Cristo y por la Humanidad.  La tierra en que nos encontramos, porque somos de aquí o porque acogemos a hermanas y hermanos de otras partes, con su inconmensurable riqueza étnica y cultural, con su religiosidad popular y con su sensibilidad comunitaria, está pasando por situaciones socio-económicas, políticas y culturales diversas, que golpean profundamente su identidad, su conciencia y su libertad. No queremos dejar que nada nos robe la esperanza y la alegría, pero no podemos ignorar realidades que como Vida Consagrada nos confrontan y nos comprometen a repensar nuestras presencias, nuestra manera de ser y de estar; que nos exigen más mística y más profecía para despertar al mundo: “Espero que despierten al mundo porque la nota de la Vida Consagrada es la profecía”[2].

Teniendo en cuenta este contexto, es bueno disponernos a vivir estos días de Congreso como un cuerpo que  escucha los Clamores de la Vida Consagrada, que forja sus Convicciones y que busca horizontes de novedad con sus Compromisos. Los ponentes y los talleristas, los foristas y los panelistas, las animadoras y los presidentes de las celebraciones, que nos acompañarán, serán sin duda una gran mediación del Espíritu. Sin embargo, el fruto que esperamos y pedimos de este Congreso depende, en gran parte, de todas y todos nosotros, Vida Consagrada de América Latina y el Caribe, y del mundo, protagonistas de esta búsqueda, a la escucha del Espíritu. Todas y todos somos responsables del Congreso y de su gracia, todas y todos debemos lograr lo que esperamos de él, con nuestra participación personal y comunitaria, responsable y entusiasta.

Anhelamos un modo nuevo de vivir la Vida Consagrada hoy. Este anhelo ya es un don que nos quiere llevar a más. Seamos cómplices del Espíritu[3], busquemos este don decididamente en lo que escuchemos y compartamos, en el aula y en los pasillos, en las ponencias y en los talleres, en los momentos de descanso y esparcimiento y en los de oración bíblica y eucarística, en los espacios de encuentro con la Vida Consagrada y la Iglesia locales, en todo momento. Aún más, tengamos muy en cuenta e integremos al respiro de estos cuatro días, la jornada que tuvieron ayer las Nuevas Generaciones, por una parte, y la Vida Religiosa Contemplativa, por otra, y las Jornadas Alternas de estas tardes. Estemos atentas y atentos todos a percibir, lo que el Espíritu, la Ruáh Divina, nos quiere comunicar y regalar en este Congreso.

Es urgente que reconozcamos lo que está pasando en la Vida Consagrada, “desde donde estamos y como estamos”[4] que acojamos el momento que nos toca vivir y donde nos toca estar, con una actitud teologal, es decir, con un corazón creyente, esperanzado y enamorado. La Vida Consagrada, a lo largo de los tiempos y lugares, ha sido continuamente dinamizada por el Espíritu; Él la impulsa a dar respuestas nuevas y actuales. Gracias a esta vitalidad interior, sigue presente en la historia, por más que algunos profetas de malos augurios nos digan que nuestros días están contados. Pero esto no significa que hoy no deba renovarse, refundarse, dejarse resucitar “para que tenga futuro y darle futuro al presente”[5]. Las cosas dentro de la Vida Consagrada han evolucionado, el contexto también, por eso nos urge el cambio desde una docilidad[6] corresponsable y cómplice[7] al Espíritu Santo.

Más que nunca necesitamos de un sano realismo sin dejar de acompañarlo de nuestros sueños y utopías, así como de los anhelos sinceros de responder más evangélicamente a las llamadas de Dios y a los clamores de la humanidad. Si tenemos esto en cuenta, “el Espíritu Santo y nosotros” (Hch 15,28) estaremos en capacidad de tomar decisiones importantes y acertadas en el momento oportuno[8].

Sabemos que los procesos existen, que la vida tiene etapas. La naturaleza tiene estaciones, la Vida Consagrada también. Jesús nos habla de ‘morir para dar fruto’ (Cf. Jn 10,11.ss), y Él mismo se convierte en el grano de trigo que muere y resucita a la Vida Nueva. El Misterio Pascual llena de sentido nuestro presente. No tenemos miedo a morir, sino a no aprender a vivir la Pascua, a no dar el Paso que en este momento de la historia nos toca. Estamos hechas y hechos para hacer pascuas, para la vida, para la luz:

Todas las criaturas terrenales tenemos sed de auroras. También los hombres germinamos. En nuestro pecho late una semilla y lucha por pasar de las tinieblas a la claridad. Nuestro destino no es la noche, sino el día. Como el árbol busca el sol y tiende a él sus ramas, así nosotros buscamos a tientas nuestro camino hacia la luz[9].

Tenemos la seguridad de que este Congreso es ya un nuevo Pentecostés, que nos resucitará, y que prenderá fuego en el corazón de la Vida Consagrada del Continente y del mundo entero.

Dejémonos “despertar” por el Espíritu a una Vida Consagrada que experimente y demuestre “que Dios es capaz de colmar nuestros corazones y hacernos felices…, que la auténtica fraternidad vivida en nuestras comunidades alimenta nuestra alegría; que nuestra entrega total al servicio de la Iglesia, las familias, los jóvenes, los ancianos, los pobres, nos realiza como personas y da plenitud a nuestra vida”[10].

Esto es lo que sin duda esperan, de quienes estamos aquí,  nuestras Hermanas y nuestros Hermanos, en todas las Conferencias Nacionales aquí representadas y que con tanto entusiasmo han celebrado los Pre-congresos, en la medida de sus posibilidades; las comunidades religiosas de donde provenimos; las familias carismáticas que aquí están presentes con los laicos que comparten nuestra vida y misión; las Iglesias particulares que los pastores y los presbíteros que nos acompañan, animan; y, en todos los casos, los pobres a los que intentamos ayudarles a vivir su ciudadanía teológica en el Reino. Es lo que la Iglesia y concretamente el papa Francisco, esperan también de nosotras y nosotros, particularmente en este Año de la Vida Consagrada. Y, sobre todo, es la invitación que hemos recibido del Señor y es Su promesa.

Hay que darle la razón al Espíritu Santo que nos impulsa a dejarnos revitalizar, a  resucitar a una Vida Consagrada más evangélica, más transparente de la alegría del seguimiento de Jesús. Que Él nos re-encante la fe y la vocación, el compromiso con la Nueva Evangelización, la realización de una Iglesia en salida y de los pobres, y la llegada del Reino.

Betania sin duda nos lleva a Pentecostés. Pero antes, hay que “retirar la piedra… salir fuera… quitar las vendas”, para que la Vida Consagrada pueda andar… con la libertad del Espíritu, sin ponerle resistencias (Cf. Jn 11,39.43.44). 

¡Pongámonos, pues, en camino, con confianza y alegría!

ÓSCAR ELIZALDE PRADA
FUENTE: CLAR


[1] Cf. Papa Francisco. Carta Apostólica a todos los Consagrados con ocasión del Año de la Vida Consagrada, 21 noviembre 2014, 1, p 15.

[2]  Cf. Papa Francisco. Carta Apostólica a todos los Consagrados con ocasión del Año de la Vida Consagrada, 21 noviembre 2014, 2, p 17.

[3] Cf.: GARCÍA PAREDES, José Cristo Rey, Cómplices del Espíritu. El nuevo paradigma de la Misión, Ediciones claretianas, Madrid 2014.

[4] Horizonte Inspirador de la CLAR 2012 - 2015, p 14.

[5] ARNAIZ, José María, Radiografía y propuesta de la Vida Consagrada, Conferencia a los Obispos de Chile sobre la VC, 2015.

[6] Cf. Escruten, II Carta a los Consagrados y Consagradas en camino por los signos de Dios, p 6.

[7] Cf.: GARCÍA PAREDES, José Cristo Rey, Cómplices del Espíritu. El nuevo paradigma de la Misión, Ediciones claretianas, Madrid 2014.

[8] ARNAIZ, José María, Radiografía y propuesta de la Vida Consagrada, Conferencia a los Obispos de Chile sobre la VC, 2015.

[9] FUENTES AGUIRRE, Armando, periodista y poeta mexicano

[10]  Papa Francisco. Carta Apostólica a todos los Consagrados con ocasión del Año de la Vida Consagrada, 21 noviembre 2014, 1, p 15.




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