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15 de Mayo, 2015
Mons. Santiago Silva Retamales: “El Verbo hecho hombre es la fuente de la comunión”

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Meditación sobre el texto joánico que inspiró el cuatrienio del CELAM que termina

Al comenzar las sesiones de la XXXV Asamblea General Ordinaria del CELAM, que se desarrollaron en la ciudad de Santo Domingo (República Dominicana), del 12 al 15 de mayo, el obispo auxiliar de Valparaíso (Chile) y Secretario General del CELAM del cuatrienio 2011 – 2015, monseñor Santiago Silva Retamales, animó uno de los espacios previstos para “orar y compartir la vida”, a la luz del texto joánico que inspiró el cuatrienio 2011-2015 del CELAM: “La Vida se manifestó, nosotros la hemos visto, y eso les anunciamos” (1 Jn, 1,1-4).

En un primer momento, durante la proclamación y la meditación de la Palabra, monseñor Silva Retamales expresó que “(…) la acepción del Verbo hecho hombre, hecho uno de nosotros, es la fuente de la comunión. La Palabra recibida nos pone en comunión, nos pone más allá de nuestros límites, es la fuente que permite romper individualismos, y salir al encuentro del otro como don de Dios. La Palabra aceptada rompe con aquello que nos hace extranjeros. Nos permite tocar la puerta de la vida del otro simplemente para contemplar el misterio de la vida del otro. La comunión parte por ahí”.

De este modo, a propósito de la comunión, en la meditación del texto bíblico, el obispo chileno también destacó que “la contemplación del misterio del Verbo nos abre a la contemplación del misterio del otro. Nuestra primera relación con el otro no tiene que ser la reacción, tiene que ser la contemplación y desde el misterio del verbo entonces es posible aceptar al otro como Dios a él lo creó. Es posible mirar en el otro lo que Dios en él viene construyendo. Y si Dios lo viene haciendo, ¿quién soy yo para entorpecer la obra de Dios? La comunión exige hombre desprendidos, descentrados porque están centrados en Jesucristo y en su don. (…)”

A continuación, monseñor Silva Retamales invitó a los participantes de la XXXV Asamblea General Ordinaria a dedicar un tiempo para la oración personal, para lo cual se ofreció una guía con algunas pautas de meditación y tres preguntas para guiar la oración.

Al finalizar, se compartió en ambiente de fraternidad las mociones que el Espíritu inspiró a cada uno en su oración personal.

Se comparte la guía para “orar y compartir la vida”, así como el audio de la meditación propuesta por monseñor Santiago Silva Retamales.

ÓSCAR ELIZALDE PRADA

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Orar y compartir la vida

I- Proclamación y meditación de la Palabra

- Entronización de la Palabra. Entrega del NT del CELAM

­- Proclamación de la Palabra. Buscamos el texto: 1 Juan 1,1-4

Puntos de meditación:

a- Este texto acompañó e inspiró nuestro cuatrienio que termina. Varias dimensiones, teniendo por trasfondo la teología joánica, se destacan y nos desafían.

La revelación de Dios en la historia se realiza por la manifestación de la Palabra de Vida que procede de Dios. Revelación del todo peculiar, pues para manifestarla, Dios puso en el seno de la historia a su mismo Hijo: «Al principio existía la Palabra… Y la Palabra se hizo carne y puso su Morada entre nosotros» (Jn 1,1.14). La intimidad de Dios se desvela y abaja, se abrevia (expresión de los padres de la Iglesia) y se ofrece. La dimensión personal e histórica son inherentes a la revelación divina desde el momento que, por la encarnación del Verbo, la historia se hizo salvífica. ¿Habrá una auténtica vida discipular sin entrelazar en una única realidad estas dos dimensiones? Las esquizofrenias discipulares (espiritualidades e historia salvífica que no coinciden) se explican por el divorcio de ambas.

b- El misterio divino para alcanzar al ser humano emplea mediaciones humanas: si se puede oír, palpar y ver es porque se ha hecho uno de nosotros. Él nos alcanza para que podamos nosotros alcanzarlo. La iniciativa es suya y es la única condición de posibilidad para acceder a Dios. Los incipientes gnosticismos de la época en que concluía el Evangelio de Juan como los gnosticismos modernos quedan desbancados.

La revelación y la mediación humana que emplea es substancialmente misionera, pues quien ve y oye el Misterio es constituido testigo. Para anunciar hay que ser testigo, es decir, haber visto y oído. 

¿Anunciar qué? Lo que la Palabra ha llegado a ser entre nosotros por su presencia: fuente de humanización y paz; creadora de procesos de comunión y participación que hacen posible la vida comunitaria; atención preferencial a pobres y excluidos, rescatando su dignidad de personas.

Si el Papa Francisco nos pide una «Iglesia en salida» y una «salida misionera como paradigma de toda obra de la Iglesia» (EG, nsº 15; 20-24) es porque Dios es un “Dios en salida”. Él produce éxodos que sacan, desacomodan, dan miedo, invitan a sembrar de nuevo, a sembrar más allá… Él así salió a nuestro encuentro por su Hijo, quien se desacomodó (Flp 2,5-8), tuvo miedo, traspasó muchas fronteras al punto de ser catalogado como “un marginal”… Para ofrecerse en encuentro personal, Dios se puso a la intemperie. Pero nunca hay que olvidar que el éxodo siempre está acompañado del don divino.

c- La aceptación por la fe de la experiencia del Verbo transmitida unos a otros es la fuente de la comunión. Si se anuncia a Cristo es para la comunión, es decir, «para que vivan en comunión con nosotros» (1 Jn 1,3). La comunión en Juan se describe también con el verbo “permanecer”. Permanecer en el otro es compartir vida y motivaciones; es imbricarse de tal modo que uno se hace capaz de representarlo porque se lo conoce; es entender que la propia identidad es diádica: como el otro es don para mí, permanecer en él me hace “ser–en–relación”.

Entonces se completa la cadena que une el cielo con la tierra (según la dinámica de la encarnación del Verbo), pues la comunidad vive en comunión con el Hijo y, por lo mismo, con su Padre. 

d- La gran novedad de Juan es que lo que existía desde el principio, puede existir hoy y aquí («Lo que existía desde el principio… se lo anunciamos a ustedes»). De este modo expresa en breves 4 versículos una hermosa síntesis del discipulado misionero en categorías de: - encuentro con la Palabra; - interrelación personal y permanente, - que hace realidad la vida en comunión y la alegría de donde, en definitiva, - brotará el testimonio.

II- Oración personal

a- ¿Puedo decir que “he oído, visto y palpado” al Verbo de Vida? ¿En qué circunstancias? ¿Mediante quiénes?

b- ¿Cómo defino mi actual permanencia en Cristo? ¿Alegre y entregada? ¿Con dificultades y cansancios?

c- ¿Tiene mi testimonio de Cristo un fundamento experiencial, de encuentro con él? ¿En qué lo noto? ¿Qué me faltaría para tenerlo más?

III-      Para compartir la vida

Nos juntamos en salón. Se indicará cómo proceder.

Oración y canto final.

Acceda al AUDIO ***de gran parte de la predicación de monseñor Silva Retamales*** desde aquí.




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