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04 de Septiembre, 2015
Resonancias de la visita del papa Francisco a Ecuador

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Análisis de Mons. Walter Heras Segarra, OFM, vicario apostólico de Zamora

El obispo del vicariato apostólico de Zamora, el franciscano Water Heras Segarra, comparte con Noticelam algunas perspectivas desafiantes para la Iglesia de su país, a la luz de la visita del papa Francisco al Ecuador, entre el 5 y el 8 de julio de este año.

A nivel de la Conferencia Episcopal el papa Francisco nos deja grandes compromisos, retos para continuar la misión evangelizadora, y también la tarea de construir una sociedad mejor a la luz del Evangelio. Y en el pueblo ha dejado una gran motivación, ha suscitado una “efervescencia” de la fe, una búsqueda de algo más, de la verdad y un mayor compromiso con las causas del Reino. Creo que esto es lo más positivo que podemos resaltar de la visita del Papa. 

Por otra parte, ante la polarización que se ha venido viviendo, debemos mantener la cercanía y los diálogos de mediación. Justamente, el Papa nos encargó a los obispos ser un puente entre el gobierno y el pueblo ecuatoriano. En ambos sectores la Iglesia tiene cabida como institución de fe, nos corresponde animar la unidad y el diálogo con todos, evitando la parcialización. Hay que propiciar un diálogo con todos los sectores y con todas las ideologías y pensamientos, para llegar a una comunión de paz y de vida en el Ecuador.

De igual forma, a quienes hemos consagrado nuestra vida al servicio de la Iglesia, el Papa nos enseñó que no debemos sentirnos lejanos del pueblo al que servimos. Así lo expresó claramente en su encuentro con los sacerdotes, las religiosas, los religiosos, los seminaristas y los obispos, antes de partir hacia Bolivia. Nos pidió no perder la memoria de donde venimos, porque cuando la perdemos nos alejamos de la realidad. Este mensaje también el Papa lo expresó con sus gestos de cercanía, igualdad y comunión. Por ejemplo, en el encuentro que tuvo con el episcopado ecuatoriano, pudimos palpar la comunión vital en sus actitudes de sencillez y fraternidad. Él no hizo uso de un lugar especial que se le había preparado, sino que quiso sentarse en medio de nosotros, insistiendo en que es un obispo entre los obispos, como también es un fiel entre los fieles. Con estos signos de igualdad, de comunión de vida, de sencillez, y de humildad, nos recuerda el misterio de la Encarnación: Jesucristo se rebajó y la Iglesia está llamada a ser pobre con los pobres.


ÓSCAR ELIZALDE PRADA
FOTO: CELAM




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