Video: LATIDOAMÉRICA
Conferencias Episcopales
   
Medios Asociados
   
 
Noticias
15 de Julio, 2015
#FranciscoEnParaguay

Imprimir
Imprimir

Hogar San Rafael, con la sociedad civil y rezo de Vísperas

Visita de Francisco al Hogar San Rafael

El sábado 11 de julio no estaba prevista en la agenda oficial del Papa la visita al Hogar San Rafael. O sí en su agenda íntima y particular. No lo sabemos. Pero lo que sí sabemos es a qué se dedica este Hogar que fundó el padre Aldo Trento. Así se definen su página web:

“La Fundación San Rafael nace de la pasión por Cristo, presente y vivo en la Eucaristía y en los más pobres, de Padre Aldo Trento, Sacerdote de la Fraternidad San Carlos Borromeo perteneciente al Movimiento Comunión y Liberación.

”En Asunción, Paraguay, se constituye como Fundación el 19 de abril de 1999 para atender las exigencias elementales de las personas, en el área de salud, educación, alimentación, y formación humana y espiritual.

”Esta realidad articulada y dinámica acoge gratuitamente a enfermos terminales de cáncer y sida, también ancianos, que recogemos de las calles, o que son rechazados por sus familiares o por las instituciones públicas, a fin de acompañarlos a morir dignamente, con todos los Sacramentos.

”Alberga además a niños enfermos y abandonados, huérfanos y en situación de riesgo. Brinda educación escolar básica y talleres profesionales a niños y jóvenes de muy escasos recursos.

”La Fundación San Rafael es sostenida por la Divina Providencia, que se vale de la caridad de los amigos”.

 

 

Según indican las crónicas, el Papa permaneció unos cuántos minutos en el hogar que se vio revolucionado y alegrado en múltiples sentidos.  Luego de la visita, el padre Trento dijo a la prensa: "Estoy muy feliz por mis hijos enfermos de sida y de cáncer (...) Cada semana mueren dos o tres personas, son diez años que pasa eso, por eso para mí la visita del Papa ha sido como una confirmación de lo que quiere Dios, no el padre Aldo" (…)"El papa me dijo ‘gracias, padre, sigue adelante".

Nos pareció bueno compartir con nuestros lectores un reportaje en primera persona ──que tomamos de Aleteia──  en la que el mismo padre Aldo cuenta quién es. Estas lecturas nos completan para comprender el tamaño de las obras y conocer un poco más a las personas que se dejan elegir por Dios para llevarlas a cabo.

¿Quién es don Aldo Trento, fundador del Hogar san Rafael?

El 28 de julio de 1958 dejé a mis padres para ir al seminario de la congregación religiosa de los padres Canosianos. Tenía 11 años. Ya a los 7, después de ver el film Molokai sobre la vida del padre Damián, hoy santo, sentí en mi corazón un gran deseo de entregarme completamente a Jesús. Imitando al apóstol de los leprosos, quería entrar en el seminario, pero no me aceptaron por mi edad.

Durante los 4 años siguientes olvidé este poderoso deseo que el Señor había encendido en mi corazón. Pero Dios es fiel y cuando elige a una persona, aun la más pequeña, la elige para siempre.
 
Mi madre se sorprendía cada día viendo con cuánta pasión vivía la realidad. Me preguntaba por qué este cambio después de 4 años de silencio. Un día le respondí: “Mamá, en la vigilia de san José fui a confesarme y el sacerdote me preguntó si quería ser un sacerdote misionero. Le dije que sí”. Salí de aquella confesión con un enorme deseo de que se realizara lo que había pedido a los 7 años.
 
Mi madre estaba muy asombrada pero en silencio aceptó mi respuesta. Mi padre trabajaba en Suiza y, para compartir con él lo que me estaba pasando, le escribí una carta.
 
Su respuesta fue para mí una grandísima sorpresa: “Hijo mío, me habría gustado que fueras un poco más mayor, también porque tu madre tiene tres niños muy pequeños y te necesitan. Pero si has decidido, haz lo que tu corazón desea”.
 
En seguida lo dije a mi madre: “Me voy”. Tomé una mochila con lo estrictamente necesario, bajé por la calle y cuando pasó un tractor le pedí que parara y que me llevara a la montaña donde estaban de vacaciones los seminaristas de los padres Canosianos.
 
Miré a mi madre que me observaba desde la ventana de la cocina llorando y le pregunté: “Mamá, ¿vendrás a verme?”. Y desde esa tarde del 28 de julio de 1958, no volví más a casa, salvo una vez al año, por un breve descanso de verano.
 
Una obra grande y bella
 
Ciertamente en ese momento no podía imaginar el bien y el mal que habría vivido en los muchos años que siguieron. Eran los Setenta y la borrachera de ideología había arruinado muchos cerebros, incluyendo el mío. Hasta que encontré a don Giussani.
 
Lo que me asombra pensando en esos años es la manera en que Dios, tomando mi mano, me mostró su preferencia. Muchas veces se me reveló esta preferencia inexorable, también cuando, como cualquier hombre, pecaba. Cada vez que intentaba huir de Su presencia me volvía a chocar contra Él.
 
Fuera donde fuera, el misterio se manifestaba, también a través del sufrimiento físico, mental y moral. Nunca me detuve en este camino, incluso cuando la rebelión era fuerte y no soportaba hacer sido elegido por Él. Después de muchos años me rendí, reconociendo plenamente su infinita misericordia.
 
Una figura bíblica que aprendí que aprendí a amar en esos años es la de Job. Mi vida se parece a la suya. Es verdad que, cuando Dios elige tu libertad la educa de mil maneras. Hoy está claro que la preferencia que Dios tenía por mi era una gran tarea: ser signo concreto en el mundo de su misericordia.
 
Viendo las obras buenas que Jesús, a través del abrazo de don Giussani, ha hecho en este lugar del fin del mundo, no puedo no conmoverme. Dios elige de verdad a los más ignorantes para realizar sus proyectos.
 
Si esto no fuera verdad, ¿cómo sería posible que un pobrecillo pudiera hacer una obra tan grande y bella? Todos los días al visitarla  percibo mi pequeñez y la grandeza de la misericordia divina, y estoy convencido de que sin todo lo que he sufrido, estas obras podrían no existir.
 
He querido retomar este dialogo con vosotros sobre todo para dar a los deprimidos y a los que sufren como Jesús en la cruz una ayuda para mirar continuamente su rostro tierno y sufriente.
 
Ayudémonos a no olvidar nunca que Dios nos ha elegido para la eternidad. Sin esta postura todo es un infierno y la vida es desesperación. Qué bonito recordar cada día lo que dice la Escritura: “Todo lo puedo en aquel que me da fuerzas” y que me ha elegido para la eternidad.

 

///////////////////////

 

FRANCISCO CON LA SOCIEDAD CIVIL

 

Luego de la fugaz visita al Hogar San Rafael, se cumplió la agenda anunciada y el Papa Francisco participó del encuentro con representantes de la sociedad civil en el estadio León Condou del colegio San José.

Fue recibido al grito de “Francisco, querido, el pueblo está contigo”. Monseñor Adalberto Martínez Flores lo definió así: “Gracias, Papa Francisco, por este tsunami de alegría”. También el obispo le contó al Papa quiénes estaban presentes allí: “1.600 instituciones, gremios, sindicatos, trabajadores de la cultura, académicos, ONG’s, campesinos, intelectuales… provenientes del todo el Paraguay”. Martínez Flores hizo un repaso por el estado actual de la sociedad paraguaya indicando que las prioridades de la Iglesia como miembro de esa sociedad son: “los pobres, los campesinos, los indígenas, los ancianos y los jóvenes ni-ni”.

 

Luego hubo música coral y un espectáculo de danza en el que la naturaleza fue el tema-eje, y san Francisco de Asís, el protagonista junto a un ballet de más de 20 jóvenes.

Seis miembros de la sociedad civil fueron los portavoces de las preguntas que recibió el Papa Francisco y que respondió (con algunas intervenciones espontáneas) desde el texto que tenía preparado para esta ocasión.

Algunas de las expresiones con las que sorprendió el Papa, y arrancaron aplausos en quienes escuchaban con absoluta atención, fueron las siguientes:

“Me da tristeza ver un joven jubilado.”

“A jugársela por algo, por alguien: esa es la vocación del joven. Pero no busquen el arreglo previo para evitar la lucha. No coimeen al réferi.”

“Un peligro: el nominalismo. Decir ‘quiero justicia… fraternidad…’ Hay que ir a los concreto y hacerlo todos los días. ¿Cómo amasás estos ideales todos los días en lo concreto?”

“A mí me dan un poquito de moquillo esos discursos grandilocuentes, con todas esas palabras [justicia, fraternidad…] y cuando se conoce a la persona que habla y uno dice ‘¡qué mentiroso que sos!’”

“Está el diálogo-teatro: juguemos al diálogo. El diálogo es sobre la mesa, sino es una pinturita.”

“Pienso en el diálogo interrreligioso: cada uno habla desde su identidad, no la negocia.”

“En el diálogo social primero está la patria y después mi negocio. Esa es mi identidad social.”

“Cuando hay verdadero diálogo se desemboca en un acuerdo nuevo. Esa es la cultura del encuentro.”

“Las ideologías terminan mal. Tienen una relación incompleta o enferma con el pueblo porque no lo asumen, no lo dejan pensar. Miren el siglo pasado: las ideologías terminaron en dictaduras. [En las ideologías se corrobora]: ‘Todo por el pueblo pero nada con el pueblo’ .”

“No a la economía sin rostro.”

“Hay una cultura ilustrada que es buena. Hay otras culturas que tienen el mismo valor: de las etnias, de los pueblos aborígenes. Ñandutí* es cultura nacida del pueblo.”

“Como hay políticos presentes, lo digo fraternalmente. Alguien me dijo ‘fulano de tal está secuestrado por el ejército, haga algo’. Yo no digo si es verdad o es justo. Pero uno de los métodos que tenían las ideologías dictatoriales del siglo pasado era apartar a la gente (exilio o prisión), los nazis o stalinistas.”

“Para que haya una cultura política: rápido juicios claros y nítidos. No sirve otro tipo de estratagema.”

“Otro tema es la honestidad. Un método que no da libertad a las personas para construir la sociedad es el chantaje que siempre es corrupción. La corrupción es la gangrena de un pueblo. Esto se da en todos los pueblos del mundo, Estoy hablando de algo universal.”

Al finalizar la lectura de su texto y ya saliendo de estadio, dijo Francisco: "Lo peor que les puede pasar al salir de acá es pensar 'qué bien lo que le dijo el Papa a aquel otro'. ¿A quién le dijo el Papa esto? '¡A mí!' ”.

*Ñandutí: del guaraní, tela de araña. Es un encaje muy fino que se teje en el Paraguay y que forma parte de su patrimonio cultural.

 

/////////////////

 

Compartimos el texto original del mensaje del Papa Francisco a la sociedad civil del Paraguay

Queridos amigos:

Me alegra poder estar con ustedes, representantes de la sociedad civil, para compartir sueños e ilusiones en un futuro mejor. Agradezco a Mons. Adalberto Martínez Flores, Secretario de la Conferencia Episcopal del Paraguay, las palabras de bienvenida que me ha dirigido en nombre de todos.

Verlos a todos, cada uno proveniente de un sector, de una organización de esta querida sociedad paraguaya, con sus alegrías, preocupaciones, luchas y búsquedas, me lleva a hacer una acción de gracias a Dios. Un pueblo que no mantiene viva sus preocupaciones, un pueblo que vive en la inercia de la aceptación pasiva, es un pueblo muerto. Por el contrario, veo en ustedes la savia de una vida que corre y que quiere germinar. Eso siempre Dios lo bendice. Dios siempre esta a favor de todo lo que ayude a levantar, mejorar, la vida de sus hijos. Hay cosas que están mal, sí. Hay situaciones injustas, sí. Pero verlos y sentirlos, me ayuda a renovar la esperanza en el Señor que sigue actuando en medio de su gente. Vienen desde distintas miradas, situaciones y búsquedas, todos juntos forman la cultura paraguaya. Todos son necesarios en la búsqueda del bien común. «En las condiciones actuales de la sociedad mundial, donde hay tantas iniquidades y cada vez más las personas son descartables» (Laudato si’ 158) verlos a ustedes acá es un regalo.

Quiero dar las gracias también a las personas que han formulado las preguntas, ya que en ellas he podido ver, ante todo su compromiso por trabajar unidos y sin descanso por el bien de la Patria.

1.Con relación a la primera pregunta, me ha gustado escuchar en boca de un joven la preocupación por hacer que la sociedad sea un ámbito de fraternidad, de justicia, de paz y dignidad para todos. La juventud es tiempo de grandes ideales. Qué importante es que ustedes jóvenes vayan intuyendo que la verdadera felicidad pasa por la lucha de un mundo más fraterno. Qué bueno que ustedes jóvenes, vean que felicidad y placer no son sinónimos. Sino que la felicidad exige, el compromiso y la entrega. Son muy valiosos para andar por la vida como anestesiados. Paraguay tiene abundante población joven y es una gran riqueza. Por eso, pienso que lo primero que se ha de hacer es evitar que esa fuerza se apague esa luz en sus corazones y contrarrestar la creciente mentalidad que considera inútil y absurdo aspirar a cosas que valgan la pena. A jugársela por algo, a jugársela por alguien. No tengan miedo de dejar todo en la cancha. No tengan miedo de entregar lo mejor de sí.

Eso sí, no lo hagan solos. Busquen charlar, aprovechen a escuchar la vida, las historias, los cuentos de sus mayores, de sus abuelos. Pierdan mucho tiempo en escuchar todo lo bueno que tienen para enseñarles. Ellos son los custodios de ese patrimonio espiritual de fe y valores que definen a un pueblo y alumbran su camino. Encuentren también consuelo en la fuerza de la oración, en Jesús. En su presencia cotidiana y constante. Él no defrauda. Jesús a través de la memoria de su pueblo, es el secreto para que su corazón siempre se mantenga alegre en la búsqueda de fraternidad, de justicia, de paz y dignidad para todos.

Me ha gustado la poesía de Carlos Miguel Giménez, que Mons. Adalberto Martínez ha citado. Creo que resume muy bien lo que he querido decirles: «[Sueño] un paraíso sin guerra entre hermanos, rico en hombres sanos de alma y corazón… y un Dios que bendice su nueva ascensión». Sí, Dios es la garantía de nuestra dignidad de hombres.

 

2. La segunda pregunta se ha referido al diálogo como medio para forjar un proyecto de nación que incluya a todos. Efectivamente el diálogo no es fácil. Son muchas las dificultades que hay que superar y, a veces, parece que nosotros nos empeñamos en hacer las cosas más difíciles todavía. Para que haya diálogo es necesaria una base fundamental. El diálogo presupone, nos exige la cultura del encuentro. Un encuentro que sabe reconocer que la diversidad no solo es buena: es necesaria. Por lo que el punto de partida no puede ser que el otro está equivocado. El bien común se busca, desde nuestras diferencias dándole posibilidad siempre a nuevas alternativas. Es decir, busca algo nuevo. No sacar “su propia tajada”, sino discutir juntos, pensar una mejor solución para todos. Muchas veces esta cultura del encuentro se ve envuelta en el conflicto. Es lógico y esperable. No le tenemos que temer, o ignorarlo, por el contrario, somos invitados a asumirlo. Esto significa: «Aceptar sufrir el conflicto, resolverlo y transformarlo en un eslabón de un nuevo proceso» (Evangelii gaudium 227). Porque «la unidad es superior al conflicto» (ibíd. 228) Una unidad que no rompe las diferencias, sino que las vive en comunión por medio de la solidaridad y la comprensión. Al tratar de entender las razones del otro, su experiencia, sus anhelos, podremos ver que en gran parte son aspiraciones comunes. Esta es la base del encuentro: todos somos hermanos, hijos de un mismo Padre celestial, y cada uno con su cultura, su lengua, sus tradiciones, tiene mucho que aportar a la comunidad. Las verdaderas culturas no están cerradas en sí mismas, sino que están llamadas a encontrarse con otras culturas y crear nuevas realidades. Sin este presupuesto esencial, sin esta base de hermandad será muy difícil arribar al diálogo. Si alguien considera que hay personas, culturas, situaciones de segunda, de tercera o de cuarta... algo seguro saldrá mal porque simplemente carece de lo mínimo, del reconocimiento de la dignidad del otro.

3. Y esto me da pie para responder a la inquietud manifestada en la tercera pregunta: acoger el clamor de los pobres para construir una sociedad más inclusiva. Un aspecto fundamental para promover a los pobres está en el modo en que los vemos. No sirve una mirada ideológica, que los termina utilizándolos al servicio de otros intereses políticos o personales (cf. Evangelii gaudium 199). Para buscar efectivamente su bien, lo primero es tener una verdadera preocupación por su persona, valorarlos en su bondad propia. Pero, una valoración real exige estar dispuestos a aprender de ellos. Los pobres tienen mucho que enseñarnos en humanidad, en bondad, en sacrificio. Los cristianos tenemos además un motivo mayor para amar y servir a los pobres: en ellos vemos el rostro y la carne de Cristo, que se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza (cf. 2 Co 8,9).

Ciertamente, es muy necesario para un país el crecimiento económico y la creación de riqueza, y que esta llegue a todos los ciudadanos sin que nadie quede excluido. La creación de esta riqueza debe estar siempre en función del bien común, y no de unos pocos. Y en esto hay que ser bien claros. «La adoración del antiguo becerro de oro (cf. Ex 32,1-35) ha encontrado una versión nueva y despiadada en el fetichismo del dinero y en la dictadura de la economía sin rostro» (Evangelii gaudium 55). Las personas cuya vocación es ayudar al desarrollo económico tienen la tarea de velar para que éste siempre tenga rostro humano. En sus manos está la posibilidad de ofrecer un trabajo a muchas personas y dar así una esperanza a tantas familias. El trabajo es un derecho y dignifica a las personas. Traer el pan a casa, ofrecer a los hijos un techo, salud y educación, son aspectos esenciales de la dignidad humana, y los empresarios, los políticos, los economistas, deben dejarse interpelar por ellos. Les pido que no cedan a un modelo económico idolátrico que necesita sacrificar vidas humanas en el altar del dinero y de la rentabilidad. En la economía, en la empresa, en la política lo primero es la persona y el habitat en donde vive.

 Con justa razón, Paraguay es conocido en el mundo por haber sido la tierra donde comenzaron las Reducciones, una de las experiencias de evangelización y organización social más interesantes de la historia. En ellas, el Evangelio fue alma y vida de comunidades donde no había hambre, ni desocupación, ni analfabetismo, ni opresión. Esta experiencia histórica nos enseña que una sociedad más humana también hoy es posible. Cuando hay amor al hombre, y voluntad de servirlo, es posible crear las condiciones para que todos tengan acceso a los bienes necesarios, sin que nadie sea descartado.

Queridos amigos, es una gran alegría ver la cantidad y variedad de asociaciones que están comprometidas en la construcción de un Paraguay cada vez mejor y más próspero. Los veo como una gran sinfonía, cada uno con su peculiaridad y su riqueza propia, pero buscando la armonía final. Esto es lo que cuenta.

Amen a su Patria, a sus conciudadanos y, sobre todo, amen a los más pobres. Así serán ante el mundo un testimonio de que otro modelo de desarrollo es posible. Estoy convencido de que tienen la fuerza más grande que existe: su humanidad, su fe, su amor.

Pido a la Virgen de Caacupé, nuestra Madre, que los cuide, los proteja, y les aliente en sus esfuerzos. Que Dios los bendiga.

//////////

 

REZO DE LAS VÍSPERAS EN LA CATEDRAL

 

Más tarde y en la Catedral Metropolitana, el Papa Francisco participó en las Vísperas con los sacerdotes, religiosos y religiosas, seminaristas y movimientos católicos.

 

Lo que sigue es el texto original de esa oración pronunciada por el Santo Padre.

 

Qué lindo es rezar todos juntos las vísperas. ¿Cómo no soñar con una iglesia que refleje y repita la armonía de las voces y del canto en la vida cotidiana? Y lo hacemos en esta Catedral, que tantas veces ha tenido que comenzar de nuevo; esta catedral es signo de la Iglesia y de cada uno de nosotros: a veces las tempestades de afuera y de adentro nos obligan a tirar lo construido y empezar de nuevo, pero siempre con la esperanza puesta en Dios; y si miramos este edificio, sin duda no los ha defraudado a los paraguayos. Porque Dios nunca defrauda Y por eso le alabamos agradecidos.

La oración litúrgica, su estructura y modo pausado, quiere expresar a la Iglesia toda, esposa de Cristo, que intenta configurarse con su Señor. Cada uno de nosotros en nuestra oración queremos ir pareciéndonos más a Jesús.

La oración hace emerger aquello que vamos viviendo o deberíamos vivir en la vida cotidiana, al menos la oración que no quiere ser alienante o solo preciosista. La oración nos da impulso para poner en acción o revisarnos en aquello que rezábamos en los salmos: somos nosotros las manos del Dios «que alza de la basura al pobre» (Sal 112,7) y somos nosotros los que trabajamos para que la tristeza de la esterilidad se convierta en campo fértil. Nosotros que cantamos que «vale mucho a los ojos del señor la vida de los fieles», somos los que luchamos, peleamos, defendemos la valía de toda vida humana, desde el nacimiento hasta que los años son muchos y las fuerzas pocas. La oración es reflejo del amor que sentimos por Dios, por los otros, por el mundo creado; el mandamiento del amor es la mejor configuración con Jesús del discípulo misionero. Estar apegados a Jesús da profundidad a la vocación cristiana, que interesada en el «hacer» de Jesús –que es mucho más que actividades– busca asemejarse a Él en todo lo realizado. La belleza de la comunidad eclesial nace de la adhesión de cada uno de sus miembros a la persona de Jesús, formando un «conjunto vocacional» en la riqueza de la diversidad armónica.

 Las antífonas de los cánticos evangélicos de este fin de semana nos recuerdan el envío de Jesús a los doce. Siempre es bueno crecer en esa conciencia de trabajo apostólico en comunión. Es hermoso verlos colaborando pastoralmente, siempre desde la naturaleza y función eclesial de cada una de las vocaciones y carismas. Quiero exhortarlos a todos ustedes, sacerdotes, religiosos y religiosas, laicos y seminaristas a comprometerse en esta colaboración eclesial, especialmente en torno a los planes de pastoral de las diócesis y la misión continental, cooperando con toda su disponibilidad al bien común. Si la división entre nosotros provoca la esterilidad (cf. Evangelii gaudium 98-101), no cabe duda de que de la comunión y la armonía nacen la fecundidad, porque son profundamente consonantes con el Espíritu Santo.

Todos tenemos limitaciones, y ninguno puede reproducir en su totalidad a Jesucristo, y si bien cada vocación se configura principalmente con algunos rasgos de la vida y la obra de Jesús, hay algunos comunes e irrenunciables. Recién hemos alabado al Señor porque «no hizo alarde de su categoría de Dios» (Flp 2,6) y esa es una característica de toda vocación cristiana: el llamado por Dios no se pavonea, no anda tras reconocimientos ni aplausos pasatistas, no siente que subió de categoría ni trata a los demás como si estuviera en un peldaño más alto.

La supremacía de Cristo es claramente descrita en la liturgia de la Carta a los Hebreos; nosotros acabamos de leer casi el final de esa carta: «Hacernos perfectos como el gran pastor de las ovejas» (Hb 13,20), y esto supone asumir que todo consagrado se configura con Aquel que en su vida terrena, «entre ruegos y súplicas, con poderoso clamor y lágrimas» alcanzó la perfección cuando aprendió, sufriendo, qué significaba obedecer; y eso también es parte de nuestro llamado.

Terminemos de rezar nuestras vísperas; el campanario de esta Catedral fue rehecho varias veces; el sonido de las campanas antecede y acompaña en muchas oportunidades nuestra oración litúrgica: hechos de nuevo por Dios cada vez que rezamos, firmes como un campanario, gozosos de repicar las maravillas de Dios, compartamos el Magnificat y lo dejemos al Señor hacer, a través de nuestra vida consagrada, grandes cosas en el Paraguay.

////////////

VIRGINIA BONARD
FUENTES: Aleteia, Televisa, Última Hora, Oficina de Prensa de la CEP

       




Galerías de Fotos:
· #FranciscoEnParaguay VIII

· #FranciscoEnParaguay IX

· #FranciscoEnParaguay X

· #FranciscoEnParaguay XI



Documento sin título