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15 de Julio, 2015
#FranciscoEnParaguay

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Con los jóvenes y despedida

“Te queremos, Francisco, te queremos” y “Esta es / la juventud del Papa” fueron dos cantos que sonaron sin parar. También se vio esa cruz de los jóvenes que viaja por el Paraguay. Y los testimonios de los jóvenes fueron instantes de mucha comunión. Plena alegría.

Monseñor Ricardo Valenzuela hizo uso de la palabra rescatando el sentir de los jóvenes paraguayos ante la presencia del Santo Padre: “Te recibimos con el espíritu dispuesto a aprender y seguir tus orientaciones. Te agradecemos tu sencillez, humildad y gestos de misericordia”. “Necesitamos una Iglesia sin aduanas.” “Les dijiste ‘hagan lío’ y aquí están.” “70.000 fueron los servidores que llegaron de todo el Paraguay para servir al Papa.” “Esta juventud paraguaya y latinoamericana te ama con todo el corazón.”

Luego se proyectó un video, y hubo música y danza en vivo. Llegaron también los testimonios de vida de Liz (dedica su vida a cuidar a su mamá con Alzheimer) y Manuel (fue un niño explotado, maltratado y víctima de adicciones). Y el pedido especial de Orlando, quien leyó el Evangelio, al Papa: pidió libertad para los jóvenes. Y un nuevo rumbo surgió en la predicación de Francisco:

 “Orlando me dijo ‘te pido que reces por la libertad de cada uno de nosotros’. Es la bendición que pido para cada uno y que pedimos todos juntos.

”La libertad es un regalo que nos da Dios. En el mundo hay tantos lazos que atan el corazón y nos quitan la libertad: la explotación, la falta de medios para sobrevivir, la drogadicción, la tristeza…

”Esto es lo que hoy vamos a pedir: Un corazón que pueda decir lo que siente y lo que piensa.

”[Rezan juntos guiados por Francisco:] ‘Señor Jesús, dame un corazón libre…’.

”Gracias, Orlando, por hacernos caer en la cuenta de que tenemos que pedir un corazón libre.

”Hemos escuchado los testimonios de Liz y Manuel. Liz nos enseña una cosa: que no hay que ser como Poncio Pilato, lavarse las manos. Liz podía haber puesto a su mamá en un asilo. Pero no. Se convirtió en su servidora, en una sirvienta, y lo hizo con cariño. Ella decía que hasta cambian roles. Liz es mamá de su mamá.

”Liz dijo dos cosas: que tiene un ángel (una tía) y del encuentro con los amigos del grupo juvenil (ángeles) que le daban fuerzas. Eso se llama solidaridad: cuando nos hacemos cargo del problema del otro. Y también estudió enfermería.

”Liz cumple con el cuarto mandamiento. Muestra su vida, la quema en el servicio a su madre. Es un grado altísimo de amor.

”Recordemos:

  1. Corazón libre (Orlando)
  2. Servicio-solidaridad para acompañar (Liz)
  3. Esperanza-trabajo-luchar por la vida (Manuel)

”A Manuel no le regalaron nada. No es un ‘nene bien’. Dijo: ‘fui explotado, maltratado, estuve solo’.

”En vez de salir a hacer maldades, se fue a trabajar. En vez de salir a vengarse, miró para adelante.

”La vida no es fácil para muchos jóvenes. A algunos los empieza a ganar la corrupción. A ellos les tenemos que decir que queremos ayudarles con solidaridad, con amor, con esperanza.

”Liz y Manuel dijeron dos frases: ‘Empecé a conocer a Jesús’ y ‘Conocí a Dios, mi fortaleza’. Eso necesitamos hoy. No queremos jóvenes debiluchos, que se cansen rápido, con cara de aburridos. Queremos jóvenes con esperanza y fortaleza porque conocen a Dios porque tienen un corazón libre.

”Para esto hace falta ir contracorriente. Las bienaventuranzas son el plan de Jesús para nosotros y ese es un plan contracorriente. Lean las Bienaventuranzas, capítulo V, San Mateo.

”Hagan lío pero también ayuden a organizar el lío que hagan; organícenlo bien.

“Y me tengo que ir. Les pido:

  1. Sigan rezando por mí.
  2. Sigan haciendo lío.
  3. Ayuden a organizar el lío que hacen”.

 

Los jóvenes lo despidieron con los celulares encendidos mientras caía la tarde sobre la ciudad que mira el litoral del río Paraguay.

Luego, se esperaba una brevísima parada en las inmediaciones de Ycuá Bolaños, supermercado donde se registró un trágico incendio el 1 de agosto de 2004 que se llevó 400 vidas. Por motivos que aún no quedan de todo claros, el Papa no pudo bajar y saludar a los familiares de las víctimas pero sí rezó desde el papamóvil (unos instantes) que lo conducía al aeropuerto Silvio Petirossi desde donde partió con destino a Roma, Italia, cerrando así su gira por Latinoamérica.

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Texto original (sin las improvisaciones) del Papa Francisco a los jóvenes del Paraguay

Queridos jóvenes:

Me da una gran alegría poder encontrarme con ustedes, en este clima de fiesta. Poder escuchar sus testimonios y compartir su entusiasmo y amor a Jesús.

Gracias a Mons. Ricardo Valenzuela, responsable de la pastoral juvenil, por sus palabras. Gracias Manuel y Liz por la valentía en compartir sus vidas, sus testimonios en este encuentro. No es fácil hablar de las cosas personales y menos delante de tanta gente. Ustedes han compartido el tesoro más grande que tienen, sus historias, sus vidas y cómo Jesús se fue metiendo en ellas.

Para responder a sus preguntas me gustaría destacar algunas de las cosas que ustedes compartían. Manuel, vos nos decías algo así: «Hoy me sobran ganas de servir a otros, tengo ganas de superarme». Pasaste momentos muy difíciles, situaciones muy dolorosas, pero hoy tenés muchas ganas de servir, de salir, de compartir tu vida con los demás.

Liz no es nada fácil ser madre de los propios padres y más cuando uno es joven, pero qué sabiduría y maduración guardan tus palabras cuando nos decías: «Hoy juego con ella, cambio los pañales, son todas las cosas que hoy les entrego a Dios y estoy apenas compensando todo lo que mi madre hizo por mí».

Ustedes jóvenes paraguayos, sí que son valientes.

También compartieron cómo hicieron para salir adelante. Dónde encontraron fuerzas. Los dos dijeron: «En la parroquia». En los amigos de la parroquia y en los retiros espirituales que ahí se organizaban. Dos claves muy importantes: los amigos y los retiros espirituales.

Los amigos. La amistad es de los regalos más grande que una persona, que un joven puede tener y puede ofrecer. Es verdad. Qué difícil es vivir sin amigos. Fíjense si será de las cosas más hermosas que Jesús dice: «yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre» (Jn 15,5). Uno de los secretos más grande del cristiano radica en ser amigos, amigos de Jesús. Cuando uno quiere a alguien, le está al lado, lo cuida, ayuda, le dice lo que piensa, sí, pero no lo deja tirado. Así es Jesús con nosotros, nunca nos deja tirados. Los amigos se hacen el aguante, se acompañan, se protegen. Así es el Señor con nosotros. Nos hace el aguante.

Los retiros espirituales. San Ignacio hace una meditación famosa llamada de las dos banderas. Describe por un lado, la bandera del demonio y por otro, la bandera de Cristo. Sería como las camisetas de dos equipos y nos pregunta, en cuál nos gustaría jugar.

Con esta meditación, nos hace imaginar, como sería pertenecer a uno u a otro equipo. Sería como preguntarnos, ¿con quién querés jugar en la vida?

Y dice San Ignacio que el demonio para reclutar jugadores, les promete a aquellos que jueguen con él riqueza, honores, gloria, poder. Serán famosos. Todos los endiosarán.

Por otro lado, nos presenta la jugada de Jesús. No como algo fantástico. Jesús no nos presenta una vida de estrellas, de famosos, por el contrario, nos dice que jugar con él es una invitación, a la humildad, al amor, al servicio a los demás. Jesús no nos miente. Nos toma en serio.

En la Biblia, al demonio se lo llama el padre de la mentira. Aquel que prometía, o mejor dicho, te hacía creer que haciendo determinadas cosas serías feliz. Y después te dabas cuenta que no eras para nada feliz. Que estuviste atrás de algo que lejos de darte la felicidad, te hizo sentir más vacío, más triste. Amigos: el diablo, es un «vende humo». Te promete, te promete, pero no te da nada, nunca va a cumplir nada de lo que dice. Es un mal pagador. Te hace desear cosas que no dependen de él, que las consigas o no. Te hace depositar la esperanza en algo que nunca te hará feliz. Esa es su jugada, esa es su estrategia. Hablar mucho, ofrecer mucho y no hacer nada. Es un gran «vende humo» porque todo lo que nos propone es fruto de la división, del compararnos con los demás, de pisarle la cabeza a los otros para conseguir nuestras cosas. Es un «vende humo» porque, para alcanzar todo esto, el único camino es dejar de lado a tus amigos, no hacerle el aguante a nadie. Porque todo se basa en la apariencia. Te hace creer que tu valor depende de cuánto tenés.

Por el contrario, tenemos a Jesús, que nos ofrece su jugada. No nos vende humo, no nos promete aparentemente grandes cosas. No nos dice que la felicidad estará en la riqueza, el poder, orgullo. Por el contrario. Nos muestra que el camino es otro. Este Director Técnico les dice a sus jugadores: Bienaventurados, felices los pobres de espíritu, los que lloran, los mansos, los que tienen hambre y sed de justicia, los misericordiosos, los limpios de corazón, los que trabajan por la paz, los perseguidos por la justicia. Y termina diciéndoles, alégrense por todo esto (cf. Mt 5,1-12).

¿Por qué? Porque Jesús no nos miente. Nos muestra un camino que es vida, que es verdad. Él es la gran prueba de esto. Es su estilo, su manera de vivir la vida, la amistad, la relación con su Padre. Y es a lo que nos invita. A sentirnos hijos. Hijos amados.

Él no te vende humo. Porque sabe que la felicidad, la verdadera, la que deja lleno el corazón, no está en las «pilchas» que llevamos, en los zapatos que nos ponemos, en la etiqueta de determinada marca. Él sabe que la felicidad verdadera, está en ser sensibles, en aprender a llorar con los que lloran, en estar cerca de los que están tristes, en poner el hombro, dar un abrazo. Quien no sabe llorar, no sabe reír y por lo tanto, no sabe vivir. Jesús sabe que en este mundo de tanta competencia, envidia y tanta agresividad, la verdadera felicidad pasa por aprender a ser pacientes, a respetar a los demás, a no condenar ni juzgar a nadie. El que se enoja, pierde, dice el refrán. No le des el corazón a la rabia, al rencor. Felices los que tienen misericordia. Felices los que saben ponerse en el lugar del otro, en los que tienen la capacidad de abrazar, de perdonar. Todos hemos alguna vez experimentado esto. Todos en algún momento nos hemos sentido perdonados, ¡qué lindo que es! Es como recobrar la vida, es tener una nueva oportunidad. No hay nada más lindo que tener nuevas oportunidades. Es como que la vida vuelve a empezar. Por eso, felices aquellos que son portadores de nueva vida, de nuevas oportunidades. Felices los que trabajan para ello, los que luchan para ello. Errores tenemos todos, equivocaciones, miles. Por eso, felices aquellos que son capaces de ayudar a otros en su error, en sus equivocaciones. Que son verdaderos amigos y no dejan tirado a nadie. Esos son los limpios de corazón, los que logran ver más allá de la simple macana y superan las dificultades. Felices los que ven especialmente lo bueno de los demás.

Liz, vos nombraste a Chikitunga, esta Sierva de Dios paraguaya. Dijiste que era como tu hermana, tu amiga, tu modelo. Ella, al igual que tantos, nos muestra que el camino de las bienaventuranzas es un camino de plenitud, un camino posible, real. Que llena el corazón. Ellos son nuestros amigos y modelos que ya dejaron de jugar en esta «cancha», pero se vuelven esos jugadores indispensables que uno siempre mira para dar lo mejor de sí. Ellos son el ejemplo de que Jesús no es un «vende humo», su propuesta es de plenitud. Pero por sobre todas las cosas, es una propuesta de amistad, de amistad verdadera, de esa amistad que todos necesitamos. Amigos al estilo de Jesús. Pero no para quedarnos entre nosotros, sino para salir a la «cancha», a ir a hacer más amigos. Para contagiar la amistad de Jesús por el mundo, donde estén, en el trabajo, en el estudio, en la previa, por whastapp, en facebook o twitter. Cuando salgan a bailar, o tomando un buen tereré. En la plaza o jugando un partidito en la cancha del barrio. Ahí es donde están los amigos de Jesús. No vendiendo humo, sino haciendo el aguante. El aguante de saber que somos felices, porque tenemos un Padre que está en el cielo.

 

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VIRGINIA BONARD

       




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