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17 de Octubre, 2015
Mensaje del papa Francisco a los misioneros de Santiago del Estero (Argentina)

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La entrega misionera reaviva la esperanza

Todos somos conscientes que dentro de la Iglesia y dentro de la sociedad hay serias dificultades, desafíos y retos por lo complejo que somos los seres humanos de la modernidad. Pero también hay desborde de entrega y generosidad. No dejan de hacerse realidad y de asumirse las palabras del Señor: “vayan”.

Conocemos de esa acción misionera de tantos hombres y mujeres de Iglesia sin fronteras, sensibles a la necesidad de Dios que hay en distintos lugares de la tierra. En la reunión de Aparecida, Brasil, como se dice en muchas regiones, la Iglesia “dio en el clavo”, es decir acertó al ir a las fuentes, a su raíz: Cristo mismo; y declararse “discípula y misionera”. Es coherente con el Evangelio, ese es el mayor deseo, anhelo y aspiración de la Iglesia. Mientras la Iglesia se mantenga con esa perspectiva y la vuelva cotidiana, vivirá y perpetuará el misterio del amor del Señor para con toda la humanidad.

Hace muchos años, al recibir la solicitud de apertura de proceso de canonización de algunos misioneros mártires por esa causa, la causa de Jesús, el papa san Juan Pablo II dijo: “los catequistas, los misioneros, son la columna vertebral de la Iglesia”.

Recientemente en la conocida diócesis de Argentina, Santiago del Estero, se realizó el IV encuentro Nacional de Grupos Misioneros. A ellos se dirigió el Pontífice, el papa Francisco, con un mensaje cuyo contenido, como siempre, con la sencillez y profundidad con la que suele llegar muy dentro del alma del oyente, nos sigue impactando. Si bien este mensaje fue dirigido a esta diócesis de Argentina, también vale para todo misionero y para toda misión en cualquier parte de la tierra y de nuestra querida América Latina. He aquí el mensaje del Papa. 

Mensaje del Santo Padre a los participantes en el IV Encuentro Nacional de Grupos Misioneros

Santiago del Estero, Argentina, 10-12 de octubre de 2015 

Queridos hermanos: 

Los saludo con afecto y me uno espiritualmente a la celebración de ese IV Encuentro Nacional de Grupos Misioneros. Ojalá recordemos siempre que no podemos mostrar a los demás lo que nosotros mismos no hemos visto ni oído. Por eso, para ser misionero, antes de anunciar, de comunicar, es necesario ver. Ver a ese Jesús que se ha hecho pequeño para alcanzar nuestra debilidad, que ha asumido nuestra carne mortal, para revestirla de su inmortalidad y que viene cotidianamente a nuestro encuentro, para caminar con nosotros y tendernos su mano amiga en la dificultad.

Queridos hermanos, no olviden nunca el llamado, el primer encuentro con Jesús, el gozo con el que recibieron ustedes el primer anuncio, tal vez de sus padres, de sus abuelos, de sus catequistas o maestros. Y no dejen de rezar, de rezar los unos por los otros, de sostenerse mutuamente con la oración, y verán como Jesús, por medio de ustedes, y a pesar de su debilidad, obrará maravillas ante todos los pueblos.

No olviden tampoco que la misión, además de ser una pasión por Jesús, es una pasión por su pueblo: Dejémonos mirar por Jesús, pero aprendamos también a mirar como Jesús. Una mirada de ternura, de comprensión y de misericordia que nos lleve a tocar las llagas del Señor en la carne de nuestros hermanos necesitados. Ver a Jesús en el otro purifica el corazón, liberándolo del egoísmo, de toda segunda intención, de todo deseo mundano.

Espero que estas breves reflexiones los animen a seguir construyendo una Iglesia en salida, unos grupos solidarios que trabajan para comunicar esta alegría que el Señor ha puesto en nuestros corazones. 

Que Jesús los bendiga y la Virgen Santa los cuide. Y, por favor, les pido que recen por mí.

Afectuosamente,

Vaticano, 10 de octubre de 2015

FRANCISCO

AUTOR: NOTICELAM
FUENTE: VATICAN.VA




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