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23 de Octubre, 2015
“Percibo que la Vida Consagrada está dispuesta y está lista a marchar hacia adelante”

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Entrevista con el padre Gabriel Naranjo Salazar, CM

Durante dos períodos consecutivos, el colombiano Gabriel Naranjo Salazar –sacerdote, biblista y miembro de la Congregación de la Misión (vicentino)– ha sido el secretario general de la CLAR (2009-2012 y 2012-2015). De acuerdo con los Estatutos de esta Institución que agrupa a las 22 Conferencias Nacionales de religiosas y religiosos de América Latina y el Caribe, “el Secretariado General es el organismo ejecutivo inmediato y permanente que anima y coordina todas las actividades de la CLAR” (art. 35), como en este Año de la Vida Consagrada (VC), la preparación y realización del Congreso, que tuvo lugar en Bogotá (Colombia), en junio de 2015. A partir de su experiencia y a modo de evaluación, el padre Gabriel comparte su balance del momento actual de las religiosas y los religiosos, del Año de la VC y las prospectivas del Congreso en el “continente del amor y de la esperanza”.

¿Qué balance hace del momento actual de la Vida Consagrada en América Latina y el Caribe, especialmente a partir de la experiencia del Congreso que organizó la CLAR en el mes de junio?

La VC del Continente ha vivido intensamente dos acontecimientos recientes, el Congreso y la Asamblea General de la CLAR, como una luz y como un nuevo Pentecostés. ¿En qué sentido? Porque ha sido un golpe de Dios que la ha despertado y que le ha iluminado su camino, abriéndola al futuro. Las inquietudes de muchas y muchos han obtenido una respuesta con los horizontes de novedad que se han vislumbrado. Pero se ha tratado de una experiencia de gracia, que la misma VC ha atraído con sus esfuerzos, sus búsquedas, su compromiso y su respuesta. Percibo que la VC está dispuesta y está lista para marchar hacia adelante. 

¿Cuál ha sido el principal aporte del Congreso al Año de la Vida Consagrada?

El Congreso asumió el Año de la VC en la dinámica de los objetivos que propuso el Papa: recordar con gratitud el pasado, abrazar con pasión el presente y mirar con esperanza hacia el futuro. En realidad estos tres elementos podríamos decir que han sido los hilos conductores del Congreso, pero asumidos a la manera latinoamericana: desde la realidad, en diálogo, bajo la perspectiva de la opción preferencial y evangélico por los pobres. Así, para la CLAR ha sido la celebración bandera del Año de la VC, y un avivamiento de su sentido profético, que la despertó para despertar al mundo.  

¿Qué horizontes se vislumbran para la Vida Consagrada de América Latina y el Caribe a partir del Congreso?

El Congreso ha confirmado una novedad que la CLAR ha venido vislumbrando: es necesaria una VC pobre y para los pobres, lo cual implica una apuesta antropológica y teológica, como lo han afirmado Aparecida y los dos últimos Papas, con nuevos matices intercongregacionales e intergeneracionales, que enriquezcan los carismas. En este mismo sentido, podríamos hablar de procesos de animación y de formación más humanizantes y humanizadores, o de la insistencia en la consolidación de nuevas experiencias, con la participación activa de los laicos. Sobre este aspecto, es interesante constatar que el futuro de la VC también tiene que ver con una apertura para favorecer la presencia de los carismas en los laicos. Los carismas ya no estarán ligados al hábito, sino al seguimiento de Jesús, del cual los laicos pueden ser ejemplos realmente paradigmáticos. Cuando la VC se abre a ellos, gana el carisma, ganan los espacios de realización vocacional y ganan las vocaciones específicas.

¿Cómo percibe el momento actual de la CLAR y sus posibilidades de cara al futuro? 

Hay que reconocer que se trata de un momento que tiene su gracia y su impronta, con lo cual no desconocemos los tiempos de gracia que se vivieron antes. Dicho de otro modo, no habríamos podido llegar a este punto si no hubiéramos realizado el camino que hemos vivido en otras épocas. Yo creo que este es un momento de importante posicionamiento para la CLAR, porque ha vuelto a penetrar sobre todo en el corazón de las Nuevas Generaciones. Estoy convencido de que “el virus de la CLAR” se siembra en la edad hermosa de la juventud, y el Congreso ha tenido una presencia muy significativa de las Nuevas Generaciones, incluso antes, con una jornada exclusivamente dedicada a ellas, pero también desde su protagonismo en el determinante ejército de los voluntarios. Si le apostamos a las Nuevas Generaciones, me parece que será posible asegurar el futuro de la CLAR y de la VC.

De acuerdo con el alcance que tuvo el Congreso, ¿se lograron las expectativas previstas por la CLAR?

Cuando los cupos del Congreso se nos agotaron, pensamos que sería posible que se aprovechara aún más al selecto grupo de conferencistas y sus valiosas reflexiones,  la dinámica y el alcance del mismo Congreso. Entonces abrimos las Jornadas Alternas y conseguimos integrar a aproximadamente 300 personas más. Se trata de un número muy significativo, pero que hubiera podido ser todavía más amplio si el dinamismo de la preparación nos lo hubiera permitido, porque fueron jornadas que se programaron a causa del agotamiento de los cupos del Congreso que como tal convocó a más de 1.400 personas; todavía más, 1.500 si contamos el grupo de voluntarias y voluntarios que, prestando este servicio, también fueron miembros del Congreso.

Otro aspecto relevante fue la realización de una Jornada Alterna para la Vida Religiosa Contemplativa. Logramos reunir aproximadamente a 150 monjas de clausura que salieron de sus conventos, emprendiendo viajes en la madrugada para vivir el día juntas y regresando en la noche a sus monasterios. Es todo un signo de trascender la clausura, de meterse en los vaivenes del mundo de hoy, y hacer presente a Cristo en una sociedad que necesita de este testimonio. También para la CLAR fue una experiencia muy interesante y pionera lograr que el Congreso llegara también a la Vida Religiosa Contemplativa.

Pero las expectativas y el alcance no han tenido que ver sólo con el número, sino también, y todavía más, con el ambiente, fraternal, la reflexión, profunda, el discernimiento, agudo, los derroteros, precisos, transformadores y futuristas. 

Un Congreso de estas dimensiones implica muchas consideraciones logísticas. ¿Qué aprendizajes ha dejado este evento?

El gran aprendizaje es la importancia del trabajo en equipo y de los equipos de trabajo. Hemos tenido un proceso de preparación que involucró a mucha gente, y esto se ha convertido en una valiosa escuela de lecciones, que también implicó asuntos metodológicos, de alimentación, de transporte, de hospedajes, etc. Lo que el equipo ha vivido, sin embargo, va más allá de todo esto, de alguna forma hemos experimentado la teología misma del Congreso.

Por último, ¿qué se ha previsto para el Pos-Congreso?

El Congreso se diseñó como un proceso, evitando que se convirtiera en un evento puntual, por eso se han previsto diversas formas de resonancias de lo vivido. Se están realizando pos-congresos en las Conferencias Nacionales de Religiosas y Religiosos, en las regiones, en las diócesis, en las congregaciones. También hay una propuesta germinal para que se realicen pos-congresos inter-congregacionalmente. En definitiva, hay que tocar el corazón para que después la vida se convierta en una resonancia en ese corazón que cambia y que se deja tocar por Dios. Por eso confirmamos que los pos-congresos son muy importantes, porque la gente ha quedado muy motivada; ellos ayudarán a que el Congreso “acontezca”.

Por otra parte, la CLAR ya ha publicado un libro con las Memorias que recoge las ponencias y los aportes de los talleres que se realizaron. Se están preparando nuevas publicaciones que también recogen lo que se produjo en cada uno de los talleres, con el aporte de los participantes. De igual forma, la Revista CLAR del primer semestre ha girado en torno al Congreso y al año de la Vida Consagrada. Las del segundo semestre prolongarán el Congreso y, en ese sentido, también son parte del pos-congreso.

ÓSCAR ELIZALDE PRADA
FOTO: CLAR 




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