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23 de Octubre, 2015
Pastores con olor a oveja y corazón misericordioso intercediendo por sus hermanos

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Mensaje del Encuentro de Obispos de las Diócesis Fronterizas de Haití y República Dominicana

Los obispos de las diócesis fronterizas de Haití y República Dominicana, atentos y sensibles a la situación de los migrantes y desde la pastoral, migrantes, se han reunido para analizar la situación que quienes han padecido los últimos tiempos por ser migrantes.

“Los emigrantes son nuestros hermanos y hermanas que buscan una vida mejor lejos de la pobreza, del hambre, de la explotación y de la injusta distribución de los recursos del planeta” dijeron los obispos de la región fronteriza, señalando con total acierto las causas que originan las migraciones forzadas: la pobreza, el hambre, la explotación y la injusta distribución de los recursos de la tierra.  Aquí podríamos adjuntar el contenido de la última encíclica Laudato Si’, con la que este mensaje sintoniza perfectamente.

La Laudato Si’, ha impactado en el mundo, y ha puesto al descubierto esos gemidos, o mas bien, gritos silenciosos de seres humanos, de la creación y de la tierra misma. Es la encíclica que ha destapado esas situaciones que nos despojan, que como llagas dolorosas, tantos llevamos, y tantas hermanas y hermanos nuestros llevan. 

Por ello les presentamos el texto de este importante mensaje de los obispos de las diócesis fronterizas de estos dos queridos países.

Mensaje del Encuentro de Obispos de las Diócesis Fronterizas de Haití y República Dominicana “Signo de Misericordia con la Pastoral Migrante”, celebrado los días 13 y 14 de octubre de 2015, en Mao, República Dominicana 

En un clima de amistad y fraternidad, con el esmerado testimonio de la acogida solidaria-servicial de Mons. Diómedes Espinal, en la Resi­dencia Episcopal de la ciudad de Mao, Noroeste de República Dominicana, hemos celebrado nuestro Encuentro, promovido y convocado por iniciativa de las respectivas comisiones de Pastoral Migrante de ambas Conferencias Episcopales de los dos Países (Haití y República Dominicana).  

Precedido por la oración que dirigió Mons. Launay Saturne (Obispo de Jacmel), y la bienvenida fraterna del Obispo anfitrión, iniciamos nuestras reflexiones enmarcadas y contextualizadas desde las realidades que viven nuestros migrantes, y los desafíos pastorales de una sola Iglesia en dos países, a la luz del Evangelio y la Doctrina del Magisterio Eclesial, especialmente el Mensaje del Papa para la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado (2016, en lo adelante JMMR).

Queremos compartirles a nuestras Diócesis Fronterizas, a nuestros dos pueblos, nuestros dos Países, un Mensaje con el Corazón Pastoral, confortados y alimentados por la Misericordia Divina, de manera que el Dios-Padre Misericordioso siga derramando su Misericordia, y ésta fortalezca la dignidad de todos y todas, con particular atención, la de nuestros empobrecidos migrantes.

Y bendiga la reunión de los dos presidentes Joseph M. Martelly, de Haití, y Danilo Medina, de R.D., aguardando extenderles el saludo a medida que fructifiquen los dos países en el justo diálogo bilateral con respeto mutuo y sin injerencia foránea. 

1- Desde nuestra responsabilidad profética, sintonizados al bien y hermoso decir de Mons. Kennel Alphonse (Obispo de Forte Liberté): "yon menm misyon-yon menm Legliz= una misma misión- una misma Iglesia", nos exigimos y exigimos a los cristianos traducir la Misericordia en generosidad solidaria ante el dolor de nuestra gente, pues: "... hoy el Evangelio de la misericordia interpela las conciencias, impide que se habitúen al sufrimiento del otro e indica caminos de respuesta que se fundan en las virtudes teologales de la fe, de la esperanza y de la caridad, desplegándose en las obras de misericordia espirituales y corporales" (ver JMMR, 2016, párrafo 2).

2- Con el Evangelio de la justicia, es imposible obviar la fraternidad misericordiosa, marginando, discriminando y excluyendo, ya que: "Los emigrantes son nuestros hermanos y hermanas que buscan una vida mejor lejos de la pobreza, del hambre, de la explotación y de la injusta distribución de los recursos del planeta..." (ver JMMR, 2016, párrafo 3).

3- Estamos llamados a ser testigos de la Misericordia, de manera que el amor de Dios sea revelado acogiendo al migrante: "La revelación bíblica anima a la acogida del extranjero, motivándola con la certeza de que haciendo eso se abren las puertas a Dios, y en el rostro del otro se manifiestan los rasgos de Jesucristo" (ver JMMR, 2016, párrafo 7).

4- Ante la incertidumbre, las tragedias y todo género de vicisitudes que sufren los migrantes, reasumimos este planteamiento del Papa Francisco: "¿Cómo puede actuar la Iglesia si no inspirándose en el ejemplo y en las palabras de Jesucristo? La respuesta del Evangelio es la misericordia... la misericordia recibida de Dios... Alimenta y robustece... la solidaridad hacia al prójimo como exigencia de respuesta al amor gratuito de Dios. Así mismo, cada uno de nosotros es responsable de su prójimo: somos custodio de nuestros hermanos y hermanas, donde quiera que vivan" (ver JMMR, 2016, párrafos 8-9).

5- El derecho a no tener que emigrar. Sin pretender obstruir la movilidad humana y habiéndolo reflexionado en otros encuentros (Jimaní, marzo 2015, y Puerto Prín­cipe, agosto 2015), nos sentimos reconfirmados con las palabras del Papa Francisco: " La Iglesia apoya a todos los que se esfuerzan por defender los derechos de todos a vivir con dignidad, sobre todo ejerciendo el derecho a no tener que emigrar para contribuir al desarrollo del país de origen" (ver JMMR, 2016, párrafo 11).

6- Reconfortados en la fe Eclesial, como Signo de Misericordia, con la Pastoral Migrante, nos reafirmamos y nos solidarizamos con el saludo que el Papa Francisco suscribe en el último párrafo del Mensaje JMMR: "Queridos hermanos y hermanas emigrantes y refugiados. En la raíz del Evangelio de la misericordia del encuentro y la acogida del otro se entrecruzan con el encuentro y la acogida de Dios: Acoger al otro es acoger a Dios en persona. No se dejen robar la esperanza y la alegría de vivir que brotan de la experiencia de la Mise­ricordia de Dios, que se manifiesta en las personas que encuentran a lo largo de su camino".

7- Que el Dios Padre Miseri­cordioso derrame bendiciones a todos y a todas. Y que les ampare, con su ternura misericordiosa, María, Jesús y José (Familia que pasó por la dolo­rosa experiencia de ser migrantes en tierra extranjera, en Egipto).

Mons. Diómedes Espinal,
Obispo de Mao-Montecristi, R.D.

 Mons. Launay Saturne,
Obispo de Jacmel, Haití

Mons. José Grullón,
Obispo deSan Juan de la Maguana, R. D.

Mons. Kennel Alphonse,
Obispo de Forte Liberte, Haití

Mons. Andrés N. Romero Cárdenas,
Obispo de Barahona, R.D.

Mons. Faublas Louis,
Administrador Diocesano de Hincha, Haití

 P. Lucien Gustot,
Secretario ejecutivo -CEMI-CEH, Haití

 P. Julio Acosta - Julín, Secretario Ejecutivo-CNPM- CED,
República Dominicana

 

Fuente: Conferencia Episcopal de República Dominicana




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