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30 de Octubre, 2015
Laicos y laicas, protagonistas del quehacer teológico latinoamericano

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Análisis de Luis Miguel Modino

Luis Miguel Modino, sacerdote diocesano de Madrid y misionero en la diócesis de Ruy Barbosa, en Bahía, Brasil, desde 2006, comparte su análisis frente al protagonismo de los laicos y las laicas en el quehacer teológico latinoamericano, a partir de su experiencia en el II Congreso Continental de Teología que se lleva a cabo en Belo Horizonte, del 26 al 30 de octubre de 2015. Modino también es colaborador permanente del portal español Religión Digital.

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El proceso de cambio no es un fenómeno que se lleve a cabo en poco tiempo, todavía menos en los ámbitos eclesiales, pero poco a poco vamos viendo señales que nos llevan a mirar hacia el futuro con cierta esperanza. Los laicos, todavía más sin son mujeres, muchas veces han sido vistos con desprecio en ciertos ambientes eclesiales, sobre todo por parte de aquellos que tienen una mente sin la suficiente capacidad para superar los prejuicios alimentados por una historia secular y clerical. Por eso, que los laicos se conviertan en protagonistas, nos lleva a alimentar la esperanza. El propio Papa Francisco ha señalado repetidamente que el futuro de la Iglesia está en sus manos.

Han sido dos laicos quienes han presentado la realidad socio-eclesial latinoamericana en el II Congreso Continental de Teología, que organizado por Amerindia y con la presencia de más de 300 representantes de todos los países latinoamericanos, salvo Cuba, y de algunos europeos y norteamericanos, se está llevando a cabo desde este lunes [26 de octubre] en la ciudad brasileña de Belo Horizonte, teniendo como tema “Iglesia que camina con espíritu y desde los pobres”.

Juan Luis Hernández, politólogo mexicano y hombre de una profunda experiencia de fe, profesor de la Universidad de Puebla, abordaba el análisis de la realidad social desde la perspectiva de los procesos culturales, políticos, económicos y ecológicos continentales en el contexto de un modelo civilizatorio mundial. Ha constatado que los grandes, o los mayores problemas latinoamericanos hoy son el crimen organizado y el narcotráfico, proponiendo la necesidad de ser abordados desde el análisis teológico. Estos elementos condicionan al estado y a las instituciones, ocupando su lugar con el apoyo de políticos que son elegidos con su dinero. Esto ha hecho entrar a la sociedad latinoamericana en lo que él llama “kakistocracia”, que sería el gobierno de los peores, de políticos ignorantes, que aman la riqueza a cualquier precio y abusan de su poder.

La consecuencia es que en este tipo de sociedad las personas se convierten en mercancía valiosa. Por eso, advierte que cuando la sociedad civil es fuerte, puede hacer milagros y señala la importancia de las redes sociales, que han hecho que los jóvenes latinoamericanos se conviertan en actores sociales.

Otra laica, la teóloga peruana Cecilia Tovar, ha sido la encargada de llevar a cabo el análisis eclesial desde una perspectiva latinoamericana, buscando reconocer los desafíos y oportunidades a los que la propia Iglesia se enfrenta.

Consciente de que está hablando de una institución muy compleja y que tarda tiempo para asumir los cambios que en ella acontecen, parte del Vaticano II como un momento que marca la vida de la Iglesia actual, señalando que en el momento presente, a partir de la elección del Papa Francisco, se está llevando a cabo el comienzo de una Iglesia realmente universal, idea defendida por Ranher en un reciente artículo publicado en Religión Digital.

Con Francisco se ha recuperado lo que las corrientes mayoritarias defendieron en el Vaticano II, traduciéndolo en sus gestos, palabras que nos llevan a lo esencial, defensa de una Iglesia pobre y para los pobres que vive desde la misericordia y el deseo de hacerse presente en la vida del pueblo, en las periferias. Un Papa que promueve la colegialidad y reconoce las señales de los tiempos, denunciando una economía que mata y estimulando el papel de los laicos a partir del sensus fidei.

Es un Papa que cuestiona y que por eso encuentra opositores, pese a lo cual se mantiene en sus posiciones. La teóloga peruana se pregunta ¿cuál es nuestro papel ante esta oportunidad histórica? Al fin y al cabo, el cambio eclesial no puede depender sólo de una persona.

Nuevamente dos laicas han ayudado a los participantes del congreso a reflexionar sobre las experiencias del Espíritu en América Latina, especialmente en las culturas indígenas.

Etel Nina Cáceres, educadora peruana, desde la experiencia eclesial en el Sur Andino y su participación en el Instituto Sur Andino de Investigación y Acción Solidaria (ISAIAS), llama a asumir el desafío de la inculturación como Iglesia en la cultura andina, a caminar con el pueblo y asumir la suerte de los excluidos, de los ignorados, anunciando un Dios que camina en la historia y no un Dios castigador y distante. Esta experiencia eclesial, desde la presencia en el mundo, quiere discernir los signos de los tiempos para amar su tierra e intentar transformarla.

Junto con ella, Vicenta Mamani, teóloga metodista aimara, ha mostrado la realidad de las comunidades indígenas bolivianas, destacando la importancia de la teología andina, que desde una dimensión ecuménica reflexiona desde las cosmovisiones de los pueblos tradicionales, intentando mostrar los valores de esta cultura y cómo en ellos se puede descubrir las semillas del Evangelio.

Finalmente, en una conferencia abierta al público en general, el jesuita de origen español Juan Hernández Pico, nacionalizado guatemalteco, y que actualmente forma parte del Consejo Rector de la UCA de El Salvador reflexionaba sobre “El Espíritu y la autoridad de los mártires”, a partir de la experiencia martirial de la Iglesia salvadoreña y sobre todo de las figuras de Rutilio Grande, Oscar Romero y los mártires de la UCA, encabezados por Ignacio Ellacuría.

El jesuita martirizado en la UCA muestra su disponibilidad para asumir la posibilidad del martirio en uno de sus últimos artículos, en el que dice: “de ahí que este hombre nuevo se defina en parte por la protesta activa y la lucha permanente, las cuales buscan superar la injusticia estructural dominante, considerada como un mal y como un pecado, pues mantiene a la mayor parte de la población en condiciones de vida inhumanas. Lo negativo es esta situación, que en su negatividad lanza como un resorte a salir de ella, pero lo positivo es la dinámica de superación, en la cual alienta el espíritu de múltiples formas, siendo la suprema de todas la disponibilidad de dar la vida por los demás, sea en la entrega cotidiana incansable o en el sacrificio hasta la muerte padecida violentamente”.

Los políticos corruptos de El Salvador querían acabar con los jesuitas pues, en palabras del entonces vicepresidente Merino, “habían envenenado las mentes de la juventud salvadoreña”, pero el martirio que padecieron, en consecuencia de su denuncia profética contra la injusticia, provocó el efecto contrario al esperado por sus asesinos, pues las tumbas de los mártires salvadoreños se han convertido en santuario para el pueblo.

Lo que ocurrió en El Salvador en la década de 70 y 80 fue un misterio de iniquidad, fruto de la lucha entre dos maneras de ver la vida. Aunque haya tenido que pasar más tiempo del necesario, el reconocimiento eclesial, que corrobora el sentimiento popular, ha llegado, al menos con Romero, a quien Francisco no ha dudado en llamar “padre de los pobres” y llevado al honor de los altares a quien ya es santo del pueblo salvadoreño y latinoamericano desde hace mucho tiempo. 

LUIS MIGUEL MODINO

Publicado en: http://blogs.periodistadigital.com/luis-miguel-modino.php/2015/10/28/laicos-y-laicas-protagonistas-del-quehac

FOTO: AMERINDIA




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