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18 de Septiembre, 2015
Francisco el pacificador

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Reflexión de Fray Vanildo Zugno, a propósito de la visita del Papa a Cuba y a los Estados Unidos

La visita del papa Francisco a Cuba y a los Estados Unidos es motivo para evocar la conocida historia de “El lobo de Gubio”, que relata la intervención de Francisco de Asís para pacificar las relaciones entre un lobo y la población de Gubio. Así lo presenta fray Vanildo Luis Zugno, franciscano capuchino del sur de Brasil, en un texto de opinión publicado en la versión on-line de Correio Riograndense.

El lobo de Gubio

Por: Vanildo Luis Zugno, OFMCap
[Publicado en Correio Riograndense | 14/09/2015]

Una de las historias más conocidas de Francisco de Asís es la de la pacificación del lobo de Gubio. En la pequeña ciudad, un lobo aterrorizaba a los habitantes. Además de robar los animales, el lobo amenazaba a las personas. Hasta un niño había muerto por causa del feroz animal. Ninguno de los habitantes volvió a salir solo. Cuando se veían obligados a salir al campo, iban en grupo y armados como para la guerra. La situación era insostenible. Al enterarse de esto, Francisco quiso llevar la paz a aquella ciudad.

Bajo la mirada estupefacta de todos, salió en búsqueda del lobo. La fiera no tardó en aparecer. El hombre de Asís se puso a conversar con el animal: “Hermano lobo, para hacer y conservar esta paz, prometo, junto con los habitantes de esta ciudad, darte continuamente alimento el tiempo que vivas, para que no sufras hambre; porque sé bien que por el hambre es que hiciste tanto mal”.

De hecho, el lobo atacaba porque era privado de su fuente de alimentación. Transformando las selvas en campos, los habitantes de Gubio destruían la cadena alimenticia del lobo y éste, no teniendo alternativa, recurría a la alimentación disponible: los animales domesticados por los habitantes de Gubio y hasta los propios humanos del lugar.

Sabiendo que tendría alimentación garantizada, el lobo levantó la pata y la colocó en la mano de Francisco en señal de asentimiento. La población aceptó los términos del acuerdo y, en los dos años que aún le restaron de vida, el lobo convivió pacíficamente con la ciudad.

La narrativa es elocuente en estos días en que el Papa, coincidencialmente Francisco, viaja a Cuba y a los Estados Unidos. Durante 50 años, los dos países vivieron una relación de lobo y de Gubio. De los dos lados del estrecho de la Florida, se miraban con miedo. Los Estados Unidos miraban hacia Cuba y veían al lobo terrible del comunismo que había desapropiado sus empresas instaladas en la isla y amenazaba con implantar el comunismo en los otros países del continente y con eso robar su quintal. Del otro, Cuba miraba hacia el imperio que, avanzando sobre su territorio, amenazaba sus bienes y le quitaba el espacio vital, dejando al pueblo cubano en la miseria… Directamente o a través de intermediarios, múltiples escaramuzas fueron interpuestas entre ambos y muchos vecinos se involucraron en el conflicto pasando a amar a uno y a satanizar a otro.

Hasta que otro Francisco se aproximó a ambos y les propuso que, en lugar de palabras y gestos de agresión, pasaran a dialogar. ¡Y eso ya comenzó! Después de muchas negociaciones, las relaciones diplomáticas fueron restablecidas. Pero falta lo fundamental para una paz permanente: garantizar a la nación caribeña el espacio vital para que pueda vivir autónomamente ante el gran vecino del norte. Y eso solo acontecerá cuando los Estados Unidos levanten el embargo comercial contra Cuba.

Esa es una de las razones por las cuales el mundo acompañará con atención la visita del Papa a Cuba y a los Estados Unidos. Ella podría representar un paso más en el restablecimiento de la paz entre los dos países. Y ese sería un paso más para que las relaciones justas y pacíficas entre los pueblos sean establecidas.

Traducción: Óscar Elizalde Prada

   




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