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12 de Diciembre, 2015
EDITORIAL Edición No. 106

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La alegría del perdón

Prácticamente desde el primer momento que el papa Francisco anunció el Jubileo Extraordinario de la Misericordia –que acaba de iniciar con la apertura de la Puerta Santa el pasado 8 de diciembre–, planteó que era preciso «sentir intensamente dentro de nosotros la alegría de haber sido encontrados por Jesús, que, como Buen Pastor, ha venido a buscarnos porque estábamos perdidos» (Homilía en las Primeras Vísperas del Domingo de la Divina Misericordia, 11 de abril de 2015).

Así lo confirmó también en la audiencia del pasado 9 de diciembre, cuando explicó el sentido del Año de la Misericordia, refiriéndose también a “la alegría de Dios es perdonar”, y afirmando, una vez más que “la esencia de Dios es misericordia. Por ello en este año debemos abrir el corazón, para que este amor, esta alegría de Dios nos colme a todos con esta misericordia”.

En un tiempo donde el perdón es escaso e incluso, para muchos, el acto de perdonar carece de lógica, comprender y vivir el Año de la Misericordia, en clave de reconciliación, es una tarea inaplazable para la comunidad eclesial, particularmente para una “Iglesia en salida” que peregrina y busca contribuir a la edificación de un mundo cada vez más humano y fraterno. Lo sabe Francisco cuando se pregunta si “es cuestión de ingenuos creer que esto pueda cambiar el mundo”. El mismo Bergoglio acepta que “sí, humanamente hablando es de locos, pero –añade citando a san Pablo– «lo necio de Dios es más sabio que los hombres; y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres» (1 Cor 1, 25)”. 

La intención de dedicar esta edición de Noticelam No. 106 al Año de la Misericordia, se sitúa en comunión y plena identificación con “la alegría del perdón” que estamos invitados a saborear durante este Año Santo. Vivir el perdón con alegría es también una tarea inaplazable, en los actuales contextos de polarización política, social, religiosa y ecológica, entre otros, que exigen agudizar el oído para escuchar y una disposición del corazón para dialogar. 

De ahí que esta edición haga eco de las palabras de Papa en la misa de inicio del Jubileo, lo mismo que en el Angelus y en la catequesis del día siguiente a la apertura de la Puerta Santa. Nos ubicamos en consonancia con el programa del Año de la Misericordia, en los términos referidos en la Bula Misericordiae Vultus. De igual forma, son muchas y muy diversas las repercusiones y los alcances del Jubileo en tierras latinoamericanas y caribeñas, como se constata en varias de las notas que se comparten, algunas incluso con sentido pedagógico y como propuestas orantes.

Finalmente, rendimos un sentido homenaje al cardenal boliviano Julio Terrazas, fallecido el pasado 9 de diciembre. Con su testimonio profético y comprometido, como pastor de la reconciliación y del diálogo, nos confirma que la misericordia y el perdón son posibles.




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