Video: LATIDOAMÉRICA
Conferencias Episcopales
   
Medios Asociados
   
 
Noticias
12 de Diciembre, 2015
Misericordia, la palabra-síntesis del Evangelio

Imprimir
Imprimir

Palabras del papa Francisco durante el Angelus del 8 de diciembre

Media hora después de finalizada la Misa y el rito de apertura de la Puerta Santa, que tuvo lugar durante el inicio del Jubileo Extraordinario de la Misericordia, el pasado 8 de diciembre, el papa Francisco rezó el Angelus desde la ventana del Palacio Apostólico que da hacia la Plaza de San Pedro, en Roma.

Su meditación en esta oportunidad versó sobre el “icono sublime de la misericordia divina” que representa la Inmaculada Concepción de la Virgen María: “queremos mirar a ese icono con amor confiado y contemplarla en todo su esplendor, imitándola en la fe”, dijo el Papa.

Al referirse a la Virgen María, “nunca contagiada por el pecado está siempre llena de Dios”, como “madre de una humanidad nueva”, Francisco afirmó que “la aurora de la nueva creación realizada por la divina misericordia” pasa por María. Por eso, la celebración de la fiesta de la Inmaculada representa, simultáneamente, “acoger plenamente a Dios y su gracia misericordiosa en nuestra vida” y “convertirse a su vez en artífices de misericordia a través de un camino evangélico”.

Con el recuerdo del testimonio de María y a la luz de esta “primicia” de la misericordia de Dios, el Papa señaló que misericordia “es la palabra-síntesis del Evangelio” y que “a imitación de María, estamos llamados a convertirnos en portadores de Cristo y testigos de su amor”, ante los privilegiados de la misericordia: los que tienen hambre, los sedientos, los forasteros, los desnudos, los enfermos, los encarcelados… (cf. Mt 25, 35-36). “Que la Virgen Santa, primicia de los salvados, modelo de la Iglesia, esposa santa e inmaculada, amada por el Señor, nos ayude a redescubrir cada vez más la misericordia divina como distintivo del cristiano”, rogó Francisco.

Al finalizar el Angelus, Bergoglio no desaprovechó la oportunidad para expresar su fraterna cercanía con Benedicto XVI, a quien saludó momentos antes de abrir y cruzar la Puerta Santa: “Hoy ha cruzado la Puerta de la Misericordia también el papa Benedicto. ¡Enviamos desde aquí un saludo, todos, al papa Benedicto!”.

Lea, a continuación, las palabras pronunciadas por el papa Francisco en el rezo del Angelus.

 

SOLEMNIDAD DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN 
DE LA VIRGEN MARÍA

PAPA FRANCISCO

ÁNGELUS

Plaza de San Pedro

Martes 8 de diciembre de 2015

 

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y feliz fiesta!

Hoy, la fiesta de la Inmaculada nos hace contemplar a la Virgen que, por singular privilegio, ha sido preservada del pecado original desde su concepción. Aunque vivía en el mundo marcado por el pecado, no fue tocada por él: María es nuestra hermana en el sufrimiento, pero no en el mal ni en el pecado. Es más, el mal en ella fue derrotado antes aún de rozarla, porque Dios la ha llenado de gracia (cf. Lc 1, 28). La Inmaculada Concepción significa que María es la primera salvada por la infinita misericordia del Padre, como primicia de la salvación que Dios quiere donar a cada hombre y mujer, en Cristo. Por esto la Inmaculada se ha convertido en icono sublime de la misericordia divina que ha vencido el pecado. Y nosotros, hoy, al inicio del Jubileo de la Misericordia, queremos mirar a este icono con amor confiado y contemplarla en todo su esplendor, imitándola en la fe.

En la concepción inmaculada de María estamos invitados a reconocer la aurora del mundo nuevo, transformado por la obra salvadora del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. La aurora de la nueva creación realizada por la divina misericordia. Por esto la Virgen María, nunca contagiada por el pecado está siempre llena de Dios, es madre de una humanidad nueva. Es madre del mundo recreado. 

Celebrar esta fiesta comporta dos cosas. La primera: acoger plenamente a Dios y su gracia misericordiosa en nuestra vida. La segunda: convertirse a su vez en artífices de misericordia a través de un camino evangélico. La fiesta de la Inmaculada deviene la fiesta de todos nosotros si, con nuestros «síes» cotidianos, somos capaces de vencer nuestro egoísmo y hacer más feliz la vida de nuestros hermanos, de donarles esperanza, secando alguna lágrima y dándoles un poco de alegría. A imitación de María, estamos llamados a convertirnos en portadores de Cristo y testigos de su amor, mirando en primer lugar a los que son privilegiados a los ojos de Jesús. Son quienes Él mismo nos indicó: «Tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme» (Mt 25, 35-36).

La fiesta de hoy de la Inmaculada Concepción tiene un específico mensaje que comunicarnos: nos recuerda que en nuestra vida todo es un don, todo es misericordia. Que la Virgen Santa, primicia de los salvados, modelo de la Iglesia, esposa santa e inmaculada, amada por el Señor, nos ayude a redescubrir cada vez más la misericordia divina como distintivo del cristiano. No se puede entender que un verdadero cristiano no sea misericordioso, como no se puede entender a Dios sin su misericordia. Esa es la palabra-síntesis del Evangelio: misericordia. Es el rasgo fundamental del rostro de Cristo: ese rostro que nosotros reconocemos en los diversos aspectos de su existencia: cuando va al encuentro de todos, cuando sana a los enfermos, cuando se sienta en la mesa con los pecadores, y sobre todo cuando, clavado en la cruz, perdona; allí nosotros vemos el rostro de la misericordia divina. No tengamos miedo: dejémonos abrazar por la misericordia de Dios que nos espera y perdona todo. Nada es más dulce que su misericordia. Dejémonos acariciar por Dios; es tan bueno el Señor, y perdona todo.

Que por intercesión de María Inmaculada, la misericordia tome posesión de nuestros corazones y transforme toda nuestra vida.

Después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas:

Os saludo a todos con afecto, especialmente a las familias, los grupos parroquiales y las asociaciones. Dedico un pensamiento especial a los miembros de la Acción católica italiana que hoy renuevan la adhesión a la asociación: os deseo un buen camino de formación y servicio, siempre animado por la oración.

Esta tarde iré a Plaza de España, para rezar a los pies del monumento a la Inmaculada. Después me dirigiré a Santa María la Mayor. Os pido que os unáis espiritualmente a mí en esta peregrinación, que es un acto de devoción filial a María, Madre de Misericordia. A Ella confiaré la Iglesia y toda la humanidad, y en modo particular la ciudad de Roma.

Hoy ha cruzado la Puerta de la Misericordia también el Papa Benedicto. ¡Enviamos desde aquí un saludo, todos, al Papa Benedicto!

A todos os deseo una buena fiesta y un Año santo fecundo, con la guía y la intercesión de nuestra Madre. Un Año santo lleno de misericordia, para vosotros, y de vosotros hacia los demás. Por favor, pedid esto al Señor también para mí, pues tengo mucha necesidad. ¡Buen almuerzo y hasta la vista!

 

ÓSCAR ELIZALDE PRADA
FUENTE: VATICAN.VA




Documento sin título