Video: LATIDOAMÉRICA
Conferencias Episcopales
   
Medios Asociados
   
 
Noticias
19 de Diciembre, 2015
EDITORIAL Edición No. 107

Imprimir
Imprimir

2016: MISERICORDIA SIN LIMITES PARA ALCANZAR LA PAZ

Los primeros días del año 2016 han estado marcados por la Jornada Mundial de la Paz del 1º de enero, promovida por el Sumo Pontífice, que en esta ocasión ha insistido en la necesidad de “vencer la indiferencia para conquistar la paz”.

Ésta fue también la insistencia del obispo de Roma en su tradicional encuentro de Año Nuevo con el cuerpo diplomático en la Santa Sede. Al tenor del Jubileo de la Misericordia, el papa Francisco recordó que el misterio de la Encarnación “nos muestra el verdadero rostro de Dios, para quien el poder no significa fuerza y destrucción, sino amor; la justicia no significa venganza, sino misericordia”.

El rostro misericordioso de Dios no tiene límites. Particularmente ante la crisis migratoria o de cara al flagelo de la Trata de personas o frente a la urgencia del cuidado de la “casa común” o para afrontar la conflictividad que se vive en diversas latitudes…

El año 2016 despunta con estos y otros desafíos, ante los cuales el Papa latinoamericano seguirá siendo “embajador de la misericordia y de la paz”, seguro de que “Dios no es indiferente, le importa la humanidad, no la abandona”.

Sus palabras con ocasión de la XLIX Jornada Mundial de la Paz –de las cuales se extrae el siguiente fragmento– bien pueden alentar los itinerarios de los discípulos-misioneros, “en clave” de misericordia, para superar la indiferencia y conquistar la paz en este nuevo año:

“… con el Jubileo de la Misericordia, deseo invitar a la Iglesia a rezar y trabajar para que todo cristiano pueda desarrollar un corazón humilde y compasivo, capaz de anunciar y testimoniar la misericordia, de «perdonar y de dar», de abrirse «a cuantos viven en las más contradictorias periferias existenciales, que con frecuencia el mundo moderno dramáticamente crea», sin caer «en la indiferencia que humilla, en la habitualidad que anestesia el ánimo e impide descubrir la novedad, en el cinismo que destruye»

Hay muchas razones para creer en la capacidad de la humanidad que actúa conjuntamente en solidaridad, en el reconocimiento de la propia interconexión e interdependencia, preocupándose por los miembros más frágiles y la protección del bien común. Esta actitud de corresponsabilidad solidaria está en la raíz de la vocación fundamental a la fraternidad y a la vida común. La dignidad y las relaciones interpersonales nos constituyen como seres humanos, queridos por Dios a su imagen y semejanza. Como creaturas dotadas de inalienable dignidad, nosotros existimos en relación con nuestros hermanos y hermanas, ante los que tenemos una responsabilidad y con los cuales actuamos en solidaridad. Fuera de esta relación, seríamos menos humanos. Precisamente por eso, la indiferencia representa una amenaza para la familia humana. Cuando nos encaminamos por un nuevo año, deseo invitar a todos a reconocer este hecho, para vencer la indiferencia y conquistar la paz…

…La misericordia es el corazón de Dios. Por ello debe ser también el corazón de todos los que se reconocen miembros de la única gran familia de sus hijos; un corazón que bate fuerte allí donde la dignidad humana —reflejo del rostro de Dios en sus creaturas— esté en juego. Jesús nos advierte: el amor a los demás —los extranjeros, los enfermos, los encarcelados, los que no tienen hogar, incluso los enemigos— es la medida con la que Dios juzgará nuestras acciones. De esto depende nuestro destino eterno…”.




Documento sin título