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22 de Enero, 2016
“Los pobres nos enseñan”

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Testimonio de monseñor Pablo Galimberti, obispo de Salta (Uruguay)

El obispo de Salta (Uruguay), monseñor Pablo Galimberti, comparte su testimonio frente a la situación de pobreza que padecen las familias de la zona del cerro, en Salta, tras las recientes inundaciones, con una particular perspectiva en la que afirma que “desde su precariedad los pobres nos enseñan”.

Se reproduce, a continuación, el texto de monseñor Galimberti, publicado en el Diario “Cambio” el pasado viernes 8 de enero de 2016:

*     *     *

Con el apoyo de vecinos, familiares, intendencia, bomberos,  policía, ejército, en espacios ofrecidos por instituciones deportivas e iglesias, muchos salteños, corridos por la crecida, estrenaron el nuevo año.

El miércoles por la tarde nos distribuimos para visitar familias en la zona del cerro. Acompañé a dos señoras y un joven. En la valija del auto llevábamos bolsas con ropa clasificada, además de varios litros de cocoa y galletas de campaña.

Preguntábamos si habían podido salvar del agua lo más importante. ¿Acaso no veían subir el agua? Claro que sí. Pero en la vida todo tiene un límite, un hasta aquí, que sólo Dios sabe. Y cuando lo que se tiene es poco, se lo cuida más. Una señora nos decía que la crecida llegó tan fuerte que le volteó las paredes del ranchito. ¡Que no eran de ladrillo!

Los memoriosos conservan algún registro en su cabeza, en alguna pared o árbol que sirven de mojón para registrar crecidas grandes.

La conversación sigue mientras los gurises juegan y los adolescentes juntan tablas para improvisar una chalana.

En una parada la charla improvisada transcurrió junto al cordón, donde la mujer mayor, madre y abuela, nos iba señalando a sus hijos y nietos. La conversación se orientó a conectar a esta gente con organismos del Estado de manera de poder darle continuidad a las ayudas puntuales.

La abuela nos aseguró que tenían documento de identidad y que con calma intentaría revolver y buscar esos “papeles”.

Las dos mujeres de mi grupo me sorprendieron porque conjugaban cariño, memoria y practicidad. Con experiencia de varios hijos las dos hablaban con Daniela, chica de 14 años, embarazada de 6 meses, a medida que le entregaban un “apronte” para salir hacia el hospital apenas sienta los primeros síntomas. Cada prenda con un consejo y una mirada de calor y aliento.

En varias paradas una de las mujeres, odontóloga, mientras regalaba un cepillo de dientes y pasta dental, les hacía abrir la boca a los niños dándoles instrucciones prácticas sobre un buen cepillado desde las encías. Cuando nos alejábamos vi a una niña que se disponía a poner en práctica los buenos consejos.

En determinado momento se sumó a nuestro grupo un médico de la comunidad a quien el Padre José había consultado por una familia con hijos con particulares dificultades para hablar. Nos ayudó preguntando si tenían alguna documentación para consultar en el hospital y nos comentaba que podría haber una problemática de sordera que origina como consecuencia dificultades al hablar.

La valija del auto se iba vaciando a medida que terminaba nuestro recorrido, pero aún quedaban algunos abrigos, medias o calzado. Las mujeres cruzaban informaciones de días anteriores, registraban nuevas necesidades mientras Valentín y yo vaciábamos botellas de leche chocolatada en lo recipientes que traían.

A uno le dijimos que la olla tenía un poco de aceite. Es que estaba cocinando un huevo frito. Optamos por dejarle la botella.

Es admirable cómo los pobres se las ingenian. Pero a la vez cuánto se puede ayudar, porque están ávidos de un consejo oportuno. En la esquina hay un año químico y Ose les ha colocado agua.

Al llegar a la intersección de dos calles donde había una carpa, hicimos un alto. El diálogo fue con el fondo del río a unos 50 metros. Con una mirada en el agua que los empujó y el lamento por las cosas que perdieron.

Sentada en el cordón una madre nos contaba las vueltas que habían dado hasta instalarse en esos metros de vereda con un nylon negro que protegía de la intemperie. Difícil imaginar cómo podían entrar tantos gurises, hijos y nietos. Le preguntamos a la abuela si estaban registrados para poder recibir un kit de limpieza (básicamente hipoclorito y algún instrumento para manipularlo) y nos respondió que no. Nos dijo que tenía cédula y algún otro papel o registro pero que los iba a buscar porque en el montón de cosas que había bajo la carpa ni idea tenía dónde podían estar.

Me sumé para ayudarlos. Pero desde su precariedad los pobres también enseñan.

 

Autor: Noticelam
Fuente: NOTICEU




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