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23 de Marzo, 2016
EDITORIAL Edición No. 116

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Ante el sufrimiento humano, “Dios es misericordia”

Las meditaciones del cardenal Gualtiero Bassetti, arzobispo de Perugia, durante el Vía Crucis presidido por el papa Francisco en Roma, el Viernes Santo, afirman y claman a los cuatro vientos que “Dios es misericordia”. 

“¿Dónde está Dios en los campos de exterminio? ¿Dónde está Dios en las minas y en las fábricas donde trabajan los niños como esclavos? ¿Dónde está Dios en las pateras que se hunden en el Mediterráneo?”, se pregunta el cardenal Bassetti en la tercera estación. Y en seguida afirma que “Cristo está allí, descartado entre los descartados, último entre los últimos. Náufrago entre los náufragos”.

Dios es misericordia, “por amor renuncia a mostrar su omnipotencia”, comparte el destino de los últimos, de los desheredados, de los oprimidos, de los pobres de la Tierra, es un ‘Dios en salida’.

Pero hay más. En la quinta estación el arzobispo de Bassetti continúa su meditación. “Una enfermedad puede acabar con nuestros proyectos de vida. Un niño discapacitado puede perturbar el sueño de una maternidad anhelada. Esa tribulación no buscada llama sin embargo con prepotencia al corazón del hombre”.

Dios se revela en el rostro de los que sufren. “¿Cómo no ver el rostro del Señor en los millones de prófugos, refugiados y desplazados que huyen desesperados del horror de la guerra, de las persecuciones y de las dictaduras?”. Entonces, el Vía Crucis del Señor sale al encuentro del hombre y de la mujer de estos tiempos, desafiados por la misericordia de Dios a superar la tentación de la indiferencia y a tornarse prójimo del que cae, como ‘cirineos’ que asumen la cruz de los demás y como ‘verónicas’ que enjugan el sufrimiento ajeno, hasta las últimas consecuencias.

“¡Cuántas veces los hombres y las mujeres caen por tierra! ¡Cuántas veces los hombres, las mujeres y los niños sufren por la familia dividida! ¡Cuántas veces los hombres y las mujeres piensan que no tienen más dignidad porque no tienen un trabajo! ¡Cuántas veces los jóvenes están obligados a vivir una vida precaria y pierden la esperanza en el futuro!”. Misericordiosa, como el Padre, la Iglesia latinoamericana y caribeña no puede aplazar su vocación a la solidaridad y a la justicia, sensible al sufrimiento humano, dispuesta a evangelizar lo social.

Esta edición No. 116 de Noticelam da cuenta de esta particular vocación del CELAM. Así se vislumbra en la inauguración de la Escuela Social del CEBITEPAL y en las preocupaciones de los pastores de Argentina, Costa Rica, de República Dominicana y de Brasil, frente a la corrupción, la violencia, la transparencia de los procesos políticos y la defensa del agua como derecho humano, respectivamente. También se comparten los testimonios del dominico Jesús Espeja en Guatemala y del obispo misionero Luis Solé en Honduras, y se destacan los ímpetus de renovación eclesial, particularmente durante el pontificado de Francisco. Por otra parte, en Buenos Aires un grupo de teólogas latinoamericanas y alemanas reflexionarán sobre los “espacios de paz”.

Por estos caminos, de luces y sombras, entre la muerte y la vida, con amor y esperanza, seguimos construyendo la Vía de la misericordia.




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